El primer elemento que se destaca en este pasaje es la posición particular que ocupa Pedro en el grupo de los discípulos. Sin pretender imponerse por encima de sus hermanos, aparece de manera natural como su portavoz. Su intervención es aceptada sin discusión y nadie parece poner en duda su autoridad. Su negación pertenece ya al pasado y la restauración llevada a cabo por el Mesías Jesús le ha permitido volver a ocupar su lugar en medio de los apóstoles (Juan 21.15-19).
Durante todo el ministerio terrenal de Jesús, Pedro había desempeñado ya este papel de representante del grupo (San Mateo 16.16 ; Juan 6.68-69). En las cuatro listas apostólicas, su nombre aparece siempre en primer lugar (San Mateo 10.2-4 ; Marcos 3.16-19 ; San Lucas 6.14-16 ; Hechos 1.13), mientras que Juan suele mencionarse inmediatamente después de él. La autoridad particular que Jesús le había confiado parece así reconocida de manera natural en el seno de la asamblea (San Mateo 16.18-19 ; San Lucas 22.31-32).
2- Los ciento veinte discípulos reunidos en Jerusalén
Lucas precisa que unas ciento veinte personas están reunidas en Jerusalén (Hechos 1.15). Esta cifra no significa necesariamente que el número total de discípulos se limitara a este grupo. Otros creyentes podían estar ausentes o dispersos. No se menciona ni a José de Arimatea (San Mateo 27.57) ni a Nicodemo (Juan 19.39).
En el clima de hostilidad que reina tras la crucifixión, es posible que ciertas medidas de prudencia llevaran a los discípulos a mostrar cierta discreción respecto a los lugares de reunión y a la identidad de varios creyentes (Juan 20.19).
3- La necesidad de reemplazar a Judas
La propuesta de Pedro de reemplazar a Judas Iscariote no se basa en una decisión arbitraria ni autoritaria. Se apoya ante todo en las Escrituras. Al poner en relación los acontecimientos con las palabras de los Salmos (Salmos 69.25 ; Salmos 109.8), Pedro considera necesario que otro asuma el cargo que dejó vacante el traidor (Hechos 1.20).
Esta interpretación parece contar con el consenso de los discípulos. Se considera una evidencia que el colegio apostólico debe recobrar su plenitud y contar de nuevo con doce miembros, conforme a la elección inicial del Señor (San Mateo 10.1-4). Este número posee un fuerte alcance simbólico, pues recuerda las doce tribus de Israel y la promesa de Jesús según la cual los Doce se sentarán sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (San Mateo 19.28 ; San Lucas 22.29-30).
4- Los criterios de la elección
Esta exigencia excluye naturalmente a los hermanos de Jesús, cuya conversión parece haberse producido después de la resurrección (Juan 7.5 ; Hechos 1.14). En efecto, Pedro precisa que el futuro apóstol debe haber acompañado a Jesús desde el bautismo de Juan hasta la ascensión y haberse convertido en testigo de su resurrección (Hechos 1.21-22). La antigüedad y la continuidad del testimonio constituyen, pues, criterios esenciales.
Descubrimos también que en torno a los Doce existía un círculo más amplio de discípulos fieles. Los apóstoles no tienen ninguna dificultad en proponer dos candidatos: José, llamado Barsabás, apodado Justo, y Matías (Hechos 1.23). Estos hombres habían seguido a Jesús desde los comienzos de su ministerio y habían sido testigos de los principales acontecimientos de su vida. Su presencia revela que un número importante de discípulos, que habían permanecido en la sombra, habían acompañado al Señor a lo largo de todo su ministerio.
5- La muerte de Judas Iscariote
Pedro recuerda a continuación el trágico fin de Judas Iscariote (Hechos 1.18-19). Los detalles que refiere Lucas pueden parecer entrar en tensión con el relato de Mateo, que afirma que Judas fue y se ahorcó (San Mateo 27.5). Sin embargo, estos dos relatos no son necesariamente contradictorios. Mateo refiere la causa de la muerte, mientras que Lucas parece describir las consecuencias posteriores de ese ahorcamiento. Ambas descripciones aparecen así más bien como complementarias que como opuestas.
6- Una designación colocada bajo la soberanía de Dios
El procedimiento de designación del nuevo apóstol puede sorprender al lector moderno. El recurso al podría parecer poco espiritual. Sin embargo, Lucas subraya que esta decisión se toma después de una oración solemne dirigida al Señor, que conoce los corazones de todos (Hechos 1.24-25). Los discípulos no se confían al azar, sino a la soberanía divina.
Esta práctica se inscribe en una antigua tradición bien atestiguada en las Escrituras (Levítico 16.8 ; Josué 18.10 ; 1 Crónicas 24.5). El libro de Proverbios recuerda, por otra parte, que «toda decisión proviene del » (Proverbios 16.33). Es notable que este método no vuelva a aparecer después de Pentecostés, pues las decisiones importantes se toman en adelante bajo la dirección del Espíritu Santo (Hechos 13.2-3 ; Hechos 15.28).
7- Matías y el restablecimiento de los Doce
La elección recae finalmente en Matías, que es agregado a los once apóstoles (Hechos 1.26). Este nombramiento subraya la importancia que los discípulos conceden al colegio apostólico en el desarrollo futuro de la Iglesia. Los Doce constituyen los testigos oficiales de la vida, de la muerte y sobre todo de la resurrección del Mesías Jesús (Hechos 1.8 ; Hechos 1.22). Representan, en cierto modo, a los garantes de la autenticidad del testimonio cristiano.
Más tarde, Pablo recordará que la Iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo el mismo Jesucristo la (Efesios 2.20).
8- La preservación del testimonio apostólico
También es posible ver en esta elección una primera medida destinada a preservar la integridad del testimonio apostólico. Los discípulos saben que su misión esencial consiste en transmitir fielmente lo que han visto y oído (Hechos 4.20 ; 1 Juan 1.1-3). El reemplazo de Judas manifiesta así su voluntad de mantener intacto el colegio de los testigos incluso antes de la venida del Espíritu Santo.
Sin embargo, las persecuciones que no tardarán en abatirse sobre la Iglesia (Hechos 4.1-3 ; Hechos 5.17-18), la muerte de Esteban (Hechos 7.54-60) y luego la de Santiago, hijo de Zebedeo (Hechos 12.1-2), mostrarán la fragilidad de estos testigos oculares. Esta situación llevará progresivamente a la Iglesia a preservar su testimonio por escrito.
El propio Lucas recuerda que muchos habían intentado ya poner por escrito los acontecimientos transmitidos por quienes habían sido testigos oculares desde el principio (San Lucas 1.1-2). Es, pues, verosímil que una redacción antigua del Evangelio según Mateo contribuyera a esta voluntad de salvaguardar la memoria apostólica ante el riesgo de ver desaparecer prematuramente a quienes habían acompañado al Señor.
Así, los Evangelios de Mateo, de Marcos y, más tarde, de Lucas pueden considerarse la prolongación natural del testimonio apostólico. Los hombres eran mortales y estaban expuestos a las persecuciones, pero su testimonio debía conservarse y transmitirse a las generaciones futuras (Juan 20.30-31 ; 2 Pedro 1.15 ; 2 Timoteo 3.16-17). El restablecimiento de los Doce y la puesta por escrito del testimonio apostólico aparecen entonces como dos aspectos complementarios de una misma preocupación: preservar fielmente la memoria de los acontecimientos fundadores sobre los que descansa la Iglesia.
En cuanto al fondo, este es probablemente uno de los pasajes más cercanos a un comentario bíblico académico entre los que usted ha redactado. La única parte que requeriría mayor prudencia en la formulación es la hipótesis de una redacción muy temprana de Mateo en arameo: es defendible, pero pertenece al ámbito de las hipótesis y ganaría al presentarse con expresiones como «es posible», «algunos autores han propuesto» o «esta hipótesis podría explicar…».
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