El sorteo mencionado en (Hechos 1.26) puede sorprender al lector moderno, pero corresponde a una práctica antigua bien conocida en el judaísmo. Para los discípulos, no se trataba de un juego de azar, sino de una manera de buscar la voluntad de Dios después de haber orado.
1- Una antigua práctica bíblica
En el Antiguo Testamento, la suerte se usaba con frecuencia para tomar ciertas decisiones:
- el reparto de la entre las tribus (Josué 18.6-10);
- la designación de las funciones sacerdotales (1 Crónicas 24.5);
- la distribución de los servicios en el Templo (San Lucas 1.8-9);
- el descubrimiento de Jonatán tras su imprudencia (1 Samuel 14.41-42);
- la designación del macho cabrío expiatorio en el día de la expiación (Levítico 16.8-10).
El libro de Proverbios afirma incluso:
«La suerte se echa en el regazo, pero toda decisión viene del » (Proverbios 16.33).
Así, para los judíos del siglo primero, el sorteo era un medio legítimo de dejar que Dios manifestara su elección.
2- ¿Por qué recurrir a la suerte?
Los discípulos ya habían establecido los criterios necesarios:
- el candidato debía haber acompañado a Jesús desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión (Hechos 1.21-22);
- dos hombres cumplían estas condiciones: José Barsabás y Matías (Hechos 1.23).
Al no poder decidir entre estos dos testigos, oran:
«Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has elegido» (Hechos 1.24).
Solo después de esta oración proceden al sorteo (Hechos 1.26). La suerte no sustituye, pues, a la reflexión; interviene después de la selección y de la oración.
3- ¿Cómo se hacía este sorteo?
Lucas no da ningún detalle. En el judaísmo existían varios métodos:
- piedras o guijarros con los nombres de los candidatos;
- trozos de madera o tablillas;
- fichas colocadas en un recipiente.
El método exacto sigue siendo desconocido.
4- ¿Por qué desaparece después esta práctica?
La elección de Matías es el último uso de la suerte en todo el Nuevo Testamento. Después de Pentecostés y de la venida del Espíritu Santo (Hechos 2.1-4), las decisiones importantes se toman de otra manera:
- bajo la dirección del Espíritu Santo (Hechos 13.2-3);
- mediante la oración y la deliberación (Hechos 15.28);
- mediante el reconocimiento de los dones y de los llamamientos de Dios (1 Timoteo 4.14).
Esto explica por qué algunos autores cristianos han visto en la elección de Matías un período de transición entre el antiguo pacto y la vida de la Iglesia guiada por el Espíritu.
5- ¿Debía Pablo reemplazar a Judas?
Algunos han pensado que los discípulos actuaron demasiado deprisa y que Dios destinaba más bien a Pablo a esa función. Sin embargo, nada en el texto sugiere un error de su parte. Lucas relata el acontecimiento sin crítica y concluye simplemente:
«Matías fue contado con los once apóstoles» (Hechos 1.26).
Además, Pablo se considera a sí mismo un apóstol «nacido fuera de tiempo» (1 Corintios 15.8) y reconoce que su llamamiento fue excepcional. Nunca afirma haber reemplazado a Judas.
Conclusión
El sorteo de Matías no era, pues, una práctica supersticiosa, sino un método tradicional que permitía poner la decisión final en manos de Dios. Esta elección aparece como un acontecimiento de transición, situado entre la Ascensión y Pentecostés, antes de que la Iglesia fuera plenamente guiada por el Espíritu Santo.