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El cumplimiento de la promesa

El artículo detalla el cumplimiento de la promesa del Espíritu Santo en Pentecostés, tal como se relata en los Hechos de los Apóstoles. Ciento veinte discípulos reciben manifestaciones divinas en Jerusalén y hablan en lenguas comprendidas por diversos pueblos. Este acontecimiento marca la universalidad del Evangelio.

20 min Pentecostés Espíritu Santo discípulos 29 versículos 8 libros

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Textos bíblicos

Hechos
Hechos 2.1-13 (Reina-Valera 1909)

Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;

Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;

Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.

Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.

Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan?

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?

Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,

Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?

Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: La ciudad de Jerusalén

Fecha: Domingo 22 de mayo

Modo de proceder: Seguimos a Lucas en su segunda obra

Nota sobre el modo de proceder: Esta información se encuentra únicamente en Lucas

Mapa de Jerusalén y su región

Lucas describe a continuación el bautismo del Espíritu Santo: las ciento veinte personas presentes reciben todas esta bendición prometida por Dios.

1- El día de Pentecostés

Nos encontramos ahora en el día de Pentecostés, llamado Shavuot por los judíos. Esta fiesta, instituida por la Ley de Moisés, se celebraba cincuenta días después de la fiesta de las primicias (Levítico 23.15-16). Si se toma la fecha del domingo 3 de abril del año 33 para la resurrección del Mesías Jesús, el quincuagésimo día lleva al domingo 22 de mayo del año 33. En esta ocasión se cumple la promesa anunciada por Jesús pocos días antes de su ascensión: «vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días» (Hechos 1.5).

2- Los discípulos reunidos en un mismo lugar

Cuando Lucas precisa que los discípulos «estaban todos unánimes juntos» (Hechos 2.1), parece referirse a los ciento veinte creyentes mencionados anteriormente (Hechos 1.15). Esta precisión da a entender que no vivían reunidos de manera continua, sino que habían adquirido la costumbre de encontrarse con regularidad para la oración y la comunión fraterna.

Las indicaciones que Lucas da más adelante muestran, por otra parte, que perseveraban juntos en la comunión y que compartían sus bienes según las necesidades de cada uno (Hechos 2.42-47 ; Hechos 4.32-35). La unidad espiritual de este grupo se manifiesta también en la perseverancia en la oración que había caracterizado los días anteriores a Pentecostés (Hechos 1.14).

3- Las manifestaciones extraordinarias del Espíritu

Lucas relata a continuación el derramamiento del Espíritu Santo, que alcanza al conjunto de los discípulos, hombres y mujeres sin distinción. Esta universalidad constituye ya el cumplimiento de la profecía de Joel, que anunciaba que Dios derramaría su Espíritu «sobre toda carne» (Joel 2.28-29), profecía que Pedro citará unos instantes después (Hechos 2.16-18).

Esta manifestación divina va acompañada de fenómenos extraordinarios: un estruendo comparable al de un viento recio llena toda la casa y luego aparecen lenguas que Lucas compara con lenguas de fuego que se reparten y se posan sobre cada uno de los discípulos (Hechos 2.2-3). El vocabulario empleado subraya el carácter analógico de la descripción. Lucas no habla de un viento real ni de un fuego material, sino de un fenómeno sobrenatural del que intenta dar cuenta con lenguaje humano.

En las Escrituras, el viento y el fuego se asocian con frecuencia a las manifestaciones de la presencia divina (Exodo 19.18 ; 1 Reyes 19.11-12 ; Ezequiel 37.9-10).

4- El don de lenguas

El resultado de este derramamiento se expone con claridad: todos los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en según el Espíritu les daba que hablasen (Hechos 2.4).

Nada en el relato permite pensar que se tratara de un lenguaje incomprensible. Por el contrario, los discípulos proclaman «las maravillas de Dios» y los oyentes comprenden este mensaje en su propia lengua materna (Hechos 2.11). Este fenómeno constituye una señal destinada a autenticar la obra divina y a anunciar la futura universalidad del Evangelio, conforme a la misión que Jesús confió a sus discípulos (Hechos 1.8 ; San Mateo 28.19-20).

5- Una multitud venida de todo el mundo mediterráneo

El ruido provocado por estos acontecimientos atrajo rápidamente a una multitud numerosa. Entre los testigos había judíos piadosos y prosélitos venidos de numerosas regiones del mundo mediterráneo para celebrar la fiesta de Shavuot (Hechos 2.5).

Lucas ofrece una lista impresionante de los pueblos representados: partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Capadocia, del Ponto, de Asia, de Frigia, de Panfilia, de Egipto, de Libia, de , de Creta y de Arabia (Hechos 2.8-11). Esta diversidad geográfica ilustra ya el alcance universal del mensaje cristiano.

El milagro provoca tanto más asombro cuanto que los discípulos son todos galileos (Hechos 2.7), región cuyos habitantes no gozaban de gran reputación cultural ni intelectual (Juan 1.46 ; Juan 7.52).

6- Hacia la explanada del Templo

Ante la afluencia de la multitud, parece verosímil que los discípulos se trasladaran después a los alrededores o a la explanada del Templo, el único lugar capaz de acoger a varios miles de personas. Unas horas más tarde, alrededor de tres mil personas recibirán el bautismo a raíz del discurso de Pedro (Hechos 2.41), lo cual supone, en efecto, un marco mucho más amplio que una simple casa.

Esta reconstrucción sigue siendo, no obstante, hipotética, pues Lucas no precisa explícitamente el lugar donde Pedro pronunció su discurso.

7- El asombro y la burla

Sin embargo, no todos reaccionan de la misma manera. Lucas refiere que una parte de los testigos, lejos de buscar una explicación espiritual, se burla de los discípulos y los acusa de estar bajo la influencia del vino (Hechos 2.13). Esta oposición no parece marginal, pues Pedro juzga necesario comenzar su discurso refutando esta acusación: «Estos no están ebrios, como vosotros suponéis, pues son las nueve de la mañana» (Hechos 2.15).

Desde el nacimiento de la Iglesia, la fe suscita así reacciones contrastadas: unos quedan atónitos y tratan de comprender (Hechos 2.12), mientras que otros optan por la burla. Esta división ante la acción de Dios se repetirá a lo largo de todo el libro de los Hechos (Hechos 17.32 ; Hechos 28.24).

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