Juan relata la crucifixión del Mesías Jesús un viernes de Pascua, sin precisar el año, pero según los cálculos astronómicos y las referencias históricas, se perfilan dos fechas posibles en el período en cuestión: el 7 de abril del año 30 y el 1 de abril del año 33. El estudio de la profecía de las setenta semanas presentada en Daniel 9.24-27, que anuncia con notable precisión el tiempo de la venida y de la muerte del Mesías, nos lleva a descartar la primera fecha. Todo indica, en efecto, que Jesús murió en la cruz un viernes de Pascua, el 1 de abril del año 33, cumpliendo así la profecía y coincidiendo con la fiesta en la que debía sacrificarse el cordero pascual.
Nuestro objetivo es comprender de qué manera se desarrolló la fiesta de la Pascua aquel año y explicar las diferencias aparentes entre el relato del apóstol Juan y los de los Evangelios sinópticos. Juan precisa que la crucifixión se produjo el día de la preparación de la Pascua, es decir, la víspera del , mientras que Mateo, Marcos y Lucas parecen situar la última cena del Señor durante la fiesta misma (San Mateo 26.17; Marcos 14.12; San Lucas 22.7; Juan 19.14). Esta divergencia, a menudo señalada, no constituye una contradicción, sino que refleja puntos de vista complementarios según el calendario judío y el contexto religioso de la época. Los judíos de Judea seguían a veces un cómputo distinto del de los galileos, y es perfectamente posible que Jesús y sus discípulos celebraran la cena pascual una tarde antes, conforme al calendario galileo, mientras que las autoridades religiosas de Jerusalén observaban la fiesta al día siguiente. Así, Jesús habría celebrado la Pascua el jueves por la noche y habría muerto a la hora en que los sacerdotes inmolaban los corderos en el recinto del Templo el viernes por la tarde, cumpliendo perfectamente el símbolo del Cordero de Dios ofrecido para la salvación del mundo (Juan 1.29; 1 Corintios 5.7).
Para aclarar la situación, conviene volver a la ley de Moisés, que fijaba las prescripciones precisas relativas a la celebración de la Pascua (Exodo 12.1-14; Levítico 23.5-8; Números 9.1-14). El cordero debía escogerse el décimo día del mes de nisán y sacrificarse el decimocuarto, entre las dos tardes, es decir, al final de la tarde. La cena pascual comenzaba al ponerse el sol, marcando el decimoquinto de nisán, primer día de los Panes sin levadura. Es este desfase entre el momento en que se degollaba el cordero y el de la cena lo que pudo provocar interpretaciones diferentes. Al insistir en que Jesús murió el mismo día de la preparación de la Pascua, Juan subraya el paralelismo entre la muerte de Cristo y el sacrificio ritual ordenado por la ley. La expresión «antes de la fiesta de la Pascua» (Juan 13.1) designa, pues, el jueves dedicado a los preparativos, mientras que la crucifixión tiene lugar al día siguiente, en el verdadero día de Pascua según el calendario sacerdotal.
Esta perspectiva pone de relieve una notable coherencia entre los relatos evangélicos. Mateo y Juan fueron testigos directos de los acontecimientos: Mateo vio con sus propios ojos el desarrollo de la Pasión, y Juan estaba al pie de la cruz junto a María, la madre de Jesús (Juan 19.25-27). Marcos se apoya en el testimonio preciso de Pedro, que también estaba presente en el lugar (Marcos 14.54; Marcos 15.39-41), y Lucas, aunque no fue testigo directo, se esmeró en recoger con cuidado el testimonio de quienes habían visto y oído (San Lucas 1.1-4). Estos cuatro evangelistas coinciden en lo esencial: la crucifixión tuvo lugar un viernes, día de preparación que precede al , durante la fiesta de la Pascua (Marcos 15.42).
El sentido espiritual de esta coincidencia es profundo. Al morir el mismo día en que se inmolaban los corderos pascuales, Jesús cumplía perfectamente la figura anunciada desde hacía siglos. Se convertía en el verdadero Cordero, aquel cuya sangre protege y rescata, ya no a un pueblo, sino a toda la humanidad (Isaías 53.5-7; Juan 3.16-17). El calendario, los ritos y las profecías convergen en este instante único en que se encuentran la historia y la revelación divina. El viernes 1 de abril del año 33 no es, pues, solo una fecha histórica, sino el punto culminante del plan de salvación establecido por Dios desde toda la eternidad.

