Este pasaje de Hechos 2.8-11 es uno de los más notables del relato de Pentecostés. Se han propuesto varias interpretaciones, pero el propio texto ofrece elementos importantes que permiten comprender la naturaleza del fenómeno.
Un auditorio muy diverso
Lucas precisa que Jerusalén estaba entonces llena de judíos y de prosélitos venidos de numerosas regiones del mundo conocido (Hechos 2.5). La lista que presenta abarca prácticamente todo el Oriente y una parte de Occidente :
- los partos, medos y elamitas, al este;
- Mesopotamia;
- Asia Menor (Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia);
- Egipto y Libia;
- Roma, al oeste;
- Creta y Arabia.
Estos peregrinos hablaban probablemente varias lenguas: el arameo, el griego, el latín, así como diversos dialectos locales.
Un verdadero milagro lingüístico
El texto insiste en un hecho esencial:
«Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios» (Hechos 2.11).
El énfasis no se pone en palabras incomprensibles, sino en una comunicación inteligible. Los discípulos anuncian «las maravillas de Dios», y cada uno entiende el mensaje en su propia lengua materna.
La expresión:
«cada uno en nuestra propia lengua» (Hechos 2.8)
se repite varias veces (Hechos 2.6, Hechos 2.8, Hechos 2.11), lo que subraya la importancia de este detalle.
1- ¿Un milagro del habla o de la audición?
Generalmente se proponen dos interpretaciones principales.
- Los discípulos hablan milagrosamente diferentes lenguas
Es la interpretación más extendida. El Espíritu Santo permite a los discípulos expresarse en lenguas que nunca han aprendido (Hechos 2.4). Los peregrinos reconocen entonces su lengua materna.
Esta lectura concuerda de manera natural con la observación:
«¿No son galileos todos estos que hablan?» (Hechos 2.7)
El asombro proviene precisamente de que unos hombres sencillos de Galilea dominan de repente numerosas lenguas extranjeras.
- Un milagro de la audición
Algunos han propuesto que los discípulos hablaban una sola lengua, pero que cada oyente escuchaba milagrosamente el mensaje en su propia lengua.
Esta hipótesis es posible, pero parece menos acorde con Hechos 2.4, que afirma:
«Comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.»
El milagro parece, pues, referirse principalmente a los que hablan más que a los que escuchan.
2- Una respuesta al relato de Babel
Varios exegetas ven además en Pentecostés una especie de inversión de Babel (Génesis 11.1-9).
En Babel:
- las lenguas se multiplicaron;
- los hombres fueron dispersados;
- la incomprensión provocó la división.
En Pentecostés:
- las diversas lenguas permanecen;
- pero se convierten en un instrumento de comunión;
- el mismo mensaje es comprendido por todos.
La unidad no se obtiene, pues, por la uniformidad, sino por la acción del Espíritu Santo.
3- Verdaderas lenguas humanas
La lista detallada de los pueblos que da Lucas sugiere con fuerza que se trata de lenguas humanas reales y no de un lenguaje celestial o extático. Además, algunos testigos comprenden perfectamente el contenido del mensaje, mientras que otros, más alejados o menos atentos, se burlan y acusan a los discípulos de estar ebrios (Hechos 2.13).
4- Significado teológico
Este milagro anuncia ya la misión universal confiada por Jesús:
«Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1.8).
Desde el nacimiento de la Iglesia, Dios muestra así que el Evangelio no está reservado a un solo pueblo ni a una sola lengua. La diversidad de las naciones presentes en Jerusalén prefigura la futura expansión del cristianismo hacia todas las naciones (San Mateo 28.19-20).
Desde una perspectiva histórica, este fenómeno aparece como una señal extraordinaria destinada a autenticar el derramamiento del Espíritu Santo y a manifestar que la salvación anunciada por el Mesías Jesús está desde ahora destinada a toda la humanidad.