Études 1 à 3
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Parábola de la oveja perdida
La parábola de la oveja perdida (Mt 18.10-14; Lc 15.3-7) la enseña Jesús en Cafarnaún en septiembre del año 32 d. C., poco antes de su partida definitiva de Galilea. Mateo pone el acento en la protección de los «pequeños» y en la voluntad divina de no perder a ninguno de ellos, mientras que Lucas subraya la alegría celestial por el pecador arrepentido. La figura del pastor remite a la misión mesiánica de Jesús, buen pastor que prepara a sus discípulos para su ausencia prometiéndoles un guía espiritual.
San Mateo 18.10-14 (Reina-Valera 1909) :Mirad no tengáis en poco á alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se había descarriado?Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org -
PER243
La parábola de la oveja perdida y hallada
Este artículo trata de la parábola de la oveja perdida en el Evangelio de Lucas, que subraya la alegría divina por la salvación de un pecador. Se integra en tres relatos parabólicos que ilustran diferentes matices de la búsqueda y de la salvación.
San Lucas 15.3-7 (Reina-Valera 1909) :Y él les propuso esta parábola, diciendo:¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org -
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La parábola del hijo pródigo
El artículo explora la parábola del hijo pródigo en el Evangelio de Lucas, subrayando el perdón y el amor divino. El padre acoge al hijo arrepentido, en contraste con el hijo mayor, que critica esta clemencia. Esta parábola, bisagra del capítulo 15, ilustra la búsqueda divina de los extraviados. Lucas reorganiza este relato para respaldar su mensaje teológico sobre el Reino de los Cielos.
San Lucas 15.11-32 (Reina-Valera 1909) :Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.Mas era menester hacer fiesta y holgarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org