Examinamos el sermón del monte, dividido en 23 secciones.
Mateo relata una serie de enseñanzas sobre la ley y los profetas, un asunto crucial para los judíos del siglo I, pues su sociedad se basaba en esta ley divina dada a Moisés y en la enseñanza de los profetas. Lucas, por su parte, evita abordar este tema con gentiles.
La postura del Mesías Jesús sobre esta ley es esencial, pues algunos imaginan que va a derribar todo el sistema. Sus críticas a los podrían respaldar la idea de establecer un nuevo régimen. Sin embargo, Jesús afirma desde el principio que no implantará un nuevo sistema, sino que cumplirá escrupulosamente la ley. Esto parece lógico, pues Dios mismo dio esta ley a Moisés. En este contexto, ¿cómo podría el Hijo de Dios cuestionar su validez?
Por tanto, Jesús propone un verdadero cumplimiento de la ley tal como Dios, el Padre, la había previsto originalmente. También precisa que esta ley permanecerá hasta el fin del mundo y anima a sus oyentes a observarla escrupulosamente. Es importante señalar que Jesús se refiere a la ley original de Moisés y no al conjunto de preceptos añadidos con los años por las distintas autoridades religiosas.
Jesús concluye sin apelación: si vuestra justicia no supera la de los especialistas de la ley y de los , no entraréis en el reino de los cielos. Así propone una revolución, afirmando que el sistema vigente, defendido por los religiosos, ya no es la ley de Dios y conduce a la sociedad judía a su perdición. En resumen, advierte que, si vuestro objetivo es cumplir este sistema basado en la ley y los profetas, iréis directamente al infierno.
Tras esta constatación, Jesús precisa su pensamiento. Lucas, que se dirige a extranjeros que desconocen la ley mosaica, no considera útil repetir este punto. Sin embargo, cita un pasaje en el que Jesús proclama que vino conforme a lo dicho en la ley y los profetas (San Lucas 24.44).