Études 1 à 2
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PER213
Enseñanza del Mesías Jesús en el templo
Durante la fiesta de los Tabernáculos, en octubre del año 32, el Mesías Jesús enseña en el templo de Jerusalén con una autoridad que asombra a la multitud e indigna a los fariseos. Juan 7.14-24 relata este episodio único en el que Jesús afirma que su enseñanza viene de Dios y defiende una sanación en sábado con una rigurosa argumentación bíblica. La hostilidad de las autoridades religiosas se intensifica.
San Lucas 14.1-6 (Reina-Valera 1909) :Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de él.Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley y á los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y despidióle.Y respondiendo á ellos dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en algún pozo, y no lo sacará luego en día de sábado?Y no le podían replicar á estas cosas.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org -
PER231
Curación de una mujer en sábado
La percopa 231 relata la curación, por parte de Jesús, de una mujer enferma desde hacía dieciocho años, un sábado en una sinagoga de Jerusalén (Lucas 13.10-17). Este acto provoca la indignación de las autoridades religiosas, a las que Jesús confunde señalando sus contradicciones. La multitud, por su parte, admira y glorifica a Dios. El episodio ilustra la tensión entre la tradición farisaica y la aplicación auténtica de la ley divina, a la vez que pone de relieve la fe perseverante de esta mujer.
Juan 5.1-18 (Reina-Valera 1909) :DESPUÉS de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos, y subió Jesús á Jerusalem.Y hay en Jerusalem á la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua.Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba enfermo.Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase. Y era sábado aquel día.Entonces los Judíos decían á aquel que había sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado.Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org