Hemos extraído este versículo de su contexto porque nuestras deducciones sugieren que Jesús, el Mesías, no se limitó a un simple viaje de ida y vuelta a Naín, sino que también aprovechó este desplazamiento para anunciar la buena noticia del Reino de los Cielos por toda la región.
Observamos que Jesús, el Mesías, no se limitó a esperar en Cafarnaún a que las multitudes acudieran a él. Fue a las ciudades y aldeas de la región para anunciar allí su mensaje.
Al examinar el ministerio de Jesucristo, se observan varios desplazamientos además de las peregrinaciones de Pascua a Jerusalén. Una vez terminado el invierno y con la llegada del buen tiempo, emprendía viajes con sus discípulos y las mujeres que se ocupaban de la logística, visitando todas las aldeas de la región y, a veces, incluso más allá.
Se observa, por tanto, una clara diferencia con el ministerio de Juan el Bautista, que se había limitado a Betania o a Enón según las aguas del Jordán necesarias para bautizar a la gente.
¿Era realmente necesario que Jesús, el Mesías, se desplazara cuando ya acudían a él grandes multitudes?
Nuestros análisis sugieren que lo guiaba el Espíritu Santo para que incluso los más necesitados, que no podían permitirse interrumpir su trabajo para viajar, pudieran recibir también su mensaje.