El artículo examina el incidente en el que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, relatado de forma diferente en los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Mientras los sinópticos lo sitúan poco antes de la crucifixión, Juan lo coloca al comienzo del ministerio de Jesús y describe una escena marcada por el uso de un látigo. Esta divergencia plantea si ocurrió más de una vez. La acción de Jesús, aunque simbólica, no provocó una intervención romana y subraya su estrategia para afirmar una purificación espiritual.
28 min
JesúsTemplomercaderesEvangeliospurificación
22 versículos
9 libros
Los autores de los Evangelios citan a veces los mismos hechos de forma independiente. Aportan su toque personal, que aumenta la riqueza del relato.
En ocasiones encontramos historias parecidas, pero con diferencias tales que ya no logramos conciliarlas.
Es el caso de este pasaje en el que Jesús, el Mesías, expulsa a los mercaderes del Templo.
¿Se refieren aquí los escritores bíblicos al mismo acontecimiento o a dos hechos claramente distintos?
I. Los relatos de Mateo, Marcos y Lucas
Estos tres textos semejantes de los Evangelios sinópticos narran acontecimientos de la semana de la crucifixión. Marcos destaca especialmente la gran notoriedad de Jesús, el Mesías. Puede permitirse actuar así porque las autoridades del Templo nunca se atreverían a detenerlo delante de sus seguidores.
Mateo, Marcos y Lucas no ofrecen muchos detalles del acontecimiento en sí.
Según Marcos 11.11, Jesús, el Mesías, ya había inspeccionado el lugar el día anterior, antes de volver al pueblo de Betania, donde vivían Marta, María y Lázaro. Por tanto, durante la noche pudo reflexionar sobre cómo proceder y elegir el mejor momento para actuar.
Los vendedores instalados bajo el pórtico de Salomón también invadían el atrio de los gentiles. Además, según Marcos 11.16, atravesaban la explanada para atraer clientes, haciendo imposible el recogimiento y la oración. La intervención de Jesús, el Mesías, parece por tanto legítima.
Observamos que la alusión a la destrucción del Templo en los Evangelios sinópticos forma parte de un discurso pronunciado no el día en que Jesús, el Mesías, expulsa a los vendedores, sino al día siguiente, en el .
Las intervinieron para calmar la situación. Era crucial evitar que degenerara y arrastrara al pueblo a una revuelta, pues el ejército romano habría sofocado la insurrección en un baño de sangre.
Los tres autores citan las palabras del Maestro, que retoman las de Isaías 56.7 y Jeremías 7.11.
Podemos preguntarnos por la utilidad de tal acción, pues observamos que nada parece poder detener ya este fenómeno.
Pese a todo, al actuar así Jesús, el Mesías, afirma su autoridad, muy superior a la de los dirigentes religiosos y del sumo sacerdote Caifás, que permanecen pasivos ante estos abusos.
En definitiva, aunque los relatos de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan, el de Juan se distingue considerablemente.
¿Intentó Jesús, el Mesías, purificar el Templo en dos ocasiones?
II. El relato de Juan
Sabemos que Juan escribió tarde y conocía los escritos de sus amigos. Sin embargo, narra este episodio desarrollando un detalle inédito: Jesús, el Mesías, se fabrica un látigo y lo utiliza para expulsarlos a todos, incluidos comerciantes y animales.
La escena, aparentemente brusca, no provocó la intervención de los soldados , lo que permite suponer que fue más bien discreta. ¡Sus discípulos permanecen como espectadores y no intervienen! Cuando Juan escribe que expulsó a todos los vendedores del Templo, seguramente piensa en quienes estaban cerca.
Una intervención de gran envergadura era imposible, pues los soldados y la guardia judía del Templo habrían intervenido rápidamente para detener al alborotador. Las órdenes del prefecto Poncio Pilato eran muy precisas: no se toleraría ninguna perturbación, bajo pena de represión sangrienta.
La multitud presente seguramente ocultó su intervención. Observamos que nadie lo redujo. Contra todo pronóstico, se entabla un diálogo cortés.
Al parecer, Jesús, el Mesías, no pretendía expulsar a todos los comerciantes del Templo, algo que parece imposible, sino simplemente transmitir un mensaje al pueblo.
Juan describe la historia y después añade primero su comentario en el versículo Juan 2.17. Luego recoge un intercambio con judíos, seguramente mercaderes del Templo.
No observamos ninguna reacción de las autoridades religiosas, lo que parece confirmar que la intervención de Jesús, el Mesías, se mantuvo muy localizada.
Juan sitúa este relato al comienzo del ministerio del Maestro, en abril del año 30 según nuestra cronología.
III. Varios puntos del relato de Juan necesitan una explicación
Las autoridades religiosas o romanas no intervienen, aunque vigilan cualquier intento de sedición. Podemos explicarlo por el alcance relativamente reducido de la intervención, que pasó inadvertida para esos observadores.
La discreción de los discípulos nos lleva a preguntarnos si estaban presentes. El versículo Juan 2.17, que señala que recuerdan palabras del Maestro relacionadas con el acontecimiento, parece certificar su presencia. Sin embargo, desconocemos cuántos eran.
También podría sorprender la reacción tan moderada de mercaderes y cambistas. Los judíos piadosos no aceptaban que Caifás hubiera permitido instalar estos comercios en el recinto del Templo. Se situaban bajo el pórtico de Salomón y ocupaban además parte del atrio de los gentiles. Conscientes de las reticencias de muchos judíos, los mercaderes tenían interés en calmar una situación que podía degenerar rápidamente y provocar intervenciones brutales del ejército romano. Un diálogo cortés parece la mejor solución al problema.
El versículo Juan 2.14 parece indicar una sorpresa genuina al encontrar vendedores en la explanada del Templo. En efecto, después de la renovación, Caifás les había permitido ocupar esos lugares para controlar tanto los animales como las transacciones. Antes se encontraban en el . El gran espacio dedicado a ese comercio sigue siendo una sorpresa para los judíos que acuden a orar.
Juan indica en el versículo Juan 2.15 que los expulsó a todos. Entendemos que se refiere a quienes estaban cerca de Jesús, el Mesías. En el contexto explosivo creado por las decisiones de Caifás, una intervención amplia habría provocado necesariamente una respuesta brutal del ejército romano que vigilaba la explanada del Templo. ¡Pero no ocurrió! Dado el bullicio del mercado de animales y del regateo, la acción de Jesús, el Mesías, no debió de atraer la atención de muchas personas.
Jesús, el Mesías, actúa solo y sus discípulos se limitan a observar, lo que permite suponer que la acción fue rápida. Aunque fabricar el látigo requirió cierto tiempo, varios debieron de preguntarse para qué servía. El Maestro no golpeó a los mercaderes, que seguramente se colocaban como barrera para proteger sus puestos.
El versículo Juan 2.16 indica que Jesús, el Mesías, habla a los vendedores y los acusa de haber transformado con su actividad este lugar de oración en un mercado de ganado. Cita Isaías 56.7 y Jeremías 7.11.
El versículo Juan 2.14 menciona el Templo, pero aquí se trata de la explanada y, en particular, del atrio de los gentiles.
En conclusión, a la vista de los hechos relatados, debemos reconocer que la acción de Jesús, el Mesías, fue discreta. Tiene sobre todo un carácter simbólico: el Maestro afirma así su autoridad sin buscar una revuelta popular. Respecto a la violencia, nadie resultó herido y Jesús solo deseaba recordar que el Templo era, ante todo, la casa de , Yahvé.
¿Es una primera intervención, mientras Mateo, Marcos y Lucas relatan una segunda?
Nuestra respuesta se basa únicamente en las diferencias entre los hechos relatados. La descripción de una intervención violenta del Maestro en Juan, ausente de Mateo, Marcos y Lucas, nos hace pensar en dos intervenciones.
Esta reacción sorprendente y sobre todo inusual difícilmente se olvidaría, por lo que pensamos que los autores de los Evangelios sinópticos no la recogieron de forma intencionada.
Según Juan, Jesús, el Mesías, participó en cuatro fiestas de Pascua en Jerusalén durante su ministerio. Nos parece evidente que cada vez debía indignarse ante el desorden de ese gran mercado.
El ruido, la suciedad de los excrementos de los animales y sobre todo el comercio no encajaban con la solemnidad del lugar, aunque todo ocurriera en el atrio de los gentiles, fuera del lugar santo. ¡Jesús, el Mesías, podría haber intervenido cada vez!
Después, los cuatro autores recogen un discurso relacionado con el Templo.
Pero ahí terminan las semejanzas, y las divergencias son tales que parece difícil pensar en un mismo acontecimiento.
Cinco puntos demuestran esta diferencia:
IV. ¿Cuántas veces expulsó Jesús, el Mesías, a los mercaderes del Templo?
_1 La fecha: el año 30 para Juan y el 33 para Mateo, Marcos y Lucas.
_2 Ninguna intervención de las autoridades en Juan, mientras que en los Evangelios sinópticos deciden claramente asesinar a Jesús, el Mesías. El hecho insignificante señalado por Juan adquiere gran importancia en los sinópticos.
_3 Juan habla de la construcción del Templo y de la propuesta por Jesús, el Mesías, sobre su muerte. Evoca los tres días de Jonás en el vientre del pez. Mateo, Marcos y Lucas no establecen esa relación.
_4 El discurso de Juan se limita a un sencillo diálogo con los judíos, que a nuestro juicio son los mercaderes, después del incidente; todo ocurre en el atrio de los gentiles. En Mateo, Marcos y Lucas, el discurso se sitúa al día siguiente en el .
_5 En Juan se fabrica un látigo, cosa que no sucede en Mateo, Marcos y Lucas.
En conclusión, los dos acontecimientos son demasiado diferentes para pensar que se trate del mismo hecho.
¿Debemos sorprendernos de que Jesús, el Mesías, expulsara a los vendedores o volcara sus mesas en dos ocasiones durante fiestas de Pascua?
Durante las grandes fiestas, los vendedores llegaban hasta la explanada del Templo para atraer a los compradores. Este lugar de recogimiento y oración se transformaba en un mercado ensordecedor. Los olores y los ruidos de los animales, así como sus excrementos, acentuaban esta transformación. Muchos judíos no aceptaban esta decisión del .
Para cualquier judío piadoso, la situación era indignante, pero nadie se atrevía a actuar salvo Jesús, el Mesías.
V. Un poco de historia
Antes de la construcción del Templo de Salomón, los judíos gestionaban personalmente la práctica de este sacrificio pascual. Los levitas se encargaban de inmolar y preparar los animales, pues a menudo había que quemar una parte.
Los peregrinos compraban un cordero o un cabrito; las autoridades religiosas del templo verificaban que el animal cumpliera las normas y realizaban el sacrificio. Parece que el peregrino degollaba personalmente al animal y el sacerdote recogía la sangre, que nunca debía consumirse, pues representa la vida que solo pertenece a Dios Levítico 17.11.
En el año 30 a. C., los dirigentes religiosos, bajo la autoridad del sumo sacerdote Hananel y de su sucesor Jesús ben Fabi, nombrados por Herodes el Grande, comprendieron que el control de la venta de animales se les escapaba. Decidieron trasladar ese gran mercado del directamente al Templo, más precisamente al atrio de los gentiles.
Gracias a Juan 2.20 sabemos que el Templo se reconstruyó en cuarenta y seis años. Las obras, iniciadas en el año -19 o -20 a. C., debían terminar hacia el año 28.
El sumo sacerdote Caifás reorganizó este mercado y aprovechó la ocasión para ampliarlo. Según Juan, Jesús, el Mesías, interviene después de esta reforma, unos dos años más tarde conforme a nuestras deducciones. Parece, pues, que los mercaderes desarrollaron rápidamente su actividad y ganaron terreno en la explanada del Templo.
Los mercaderes, comerciantes y cambistas, y también las autoridades religiosas, conscientes de que una parte del pueblo ve mal esta expansión, procuran más bien restar importancia a las intervenciones de este nuevo Maestro.
Los beneficios económicos de esta operación superan todas las previsiones de los , que dominan el .
En efecto, el resultado es sumamente ventajoso para estos sacerdotes. Imponen una moneda específica, seguramente el siclo de Tiro por su elevado contenido de plata. Jerusalén no tenía derecho a acuñar moneda propia.
¡La razón oficial, que la efigie del César en las monedas era incompatible con la santidad del lugar, parece desvanecerse ante la realidad económica!
La mayoría de las monedas de plata, en particular el denario romano, referencia de la época, solo contenían un 80 % de plata, mientras el siclo de Tiro alcanzaba el 95 %. Este detalle no había escapado a los contables del Templo.
El tipo de cambio favorecía a los religiosos judíos, más aún porque los peregrinos, antes de partir, devolvían los siclos restantes a cambio de sus distintas monedas de origen.
Este monopolio, provechoso para los sumos sacerdotes, perjudicaba a los notables de la ciudad, de modo que Jesús, el Mesías, podía contar con el apoyo de esta oposición.
Podemos imaginar el ruido de este comercio, cerca del lugar santo, que perturbaba las oraciones de los judíos fieles.
El continuo aumento de los precios impuestos por los sacerdotes hizo que los pobres ya no pudieran comprar ni siquiera un par de palomas.
Esta especulación indignante, denunciada por Jesús, el Mesías, podía encontrar así apoyos en distintas clases de la sociedad judía.
VI. La justificación de la violencia
El relato de Juan se distingue de los de Mateo, Marcos y Lucas. La brusquedad ocupa más espacio y la fabricación de un látigo acentúa esta impresión.
¿Puede este comportamiento del Maestro justificar violencias bajo el pretexto de purificaciones religiosas? La historia demuestra, por desgracia, que así ocurrió con demasiada frecuencia. Aquí no pretendemos comentar la historia, sino considerar únicamente el texto de Juan.
En el relato de Juan, aparte de algunas molestias y un poco de trabajo, nadie sufrió daños, ni personas ni animales. Además, el Hijo de Dios poseía una legitimidad y una autoridad que ningún ser humano puede esperar tener.
Interpretar que todos los vendedores fueron expulsados del Templo resulta muy exagerado. La realidad, como hemos visto, es mucho más moderada. Solo se perturbó por un tiempo la actividad de algunos comerciantes. Estamos lejos de una revolución y la acción sigue siendo más bien simbólica. La gran mayoría de los peregrinos y la guardia romana que vigilaba la explanada no advirtieron nada sospechoso.
Si hubieran detectado la menor agitación anormal, habrían sospechado un comienzo de rebelión e intervenido de manera rápida y brutal. Jesús, el Mesías, habría terminado entonces la Pascua en una prisión de la fortaleza Antonia.
No podemos ignorar este acto brusco y sorprendente del Maestro. «El celo de tu casa me consume», dirá Juan 2.17 para justificar, o al menos explicar, esta acción.
También pensamos en los reproches de Jesús, el Mesías, a los , a quienes calificó de hipócritas San Mateo 23.13, o al rey Herodes Antipas, a quien llamó zorro San Lucas 13.32. «Generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo tendré que soportaros?», dirá a sus propios discípulos San Mateo 17.17, Marcos 9.19, San Lucas 9.41.
Todas estas manifestaciones enérgicas muestran la distancia entre el pensamiento del Maestro y el de quienes lo rodeaban. La gravedad de la situación exigía a veces una reacción firme para provocar una respuesta positiva de los interlocutores.
Utilizar estos ejemplos para justificar comportamientos violentos equivaldría, por ejemplo, a justificar el adulterio con el caso del rey David, el hombre conforme al corazón de Dios, en el asunto de Urías el hitita 2 Samuel 11.1.
Además, habría que estudiar bien los hechos antes de emplear la palabra «violencia». Volcar las mesas de los cambistas, expulsar a los animales con un látigo de cuerdas y reprender a los vendedores de palomas son actos enérgicos acordes con la situación, pero hablar aquí de violencia como la conocemos hoy parece exagerado.
El comportamiento de Jesús, el Mesías, no asustó a muchas personas; seguramente reanudaron su actividad lucrativa inmediatamente después.
Jesús, el Mesías, solo quiso proclamar un mensaje importante y, al escribir este pasaje, Juan recordó la sorprendente relación entre estos actos y las palabras de David Salmos 69.10.
Estos religiosos transformaron el último lugar consagrado a Dios en una zona de negocios lucrativos.
VII. Los cuarenta y seis años de construcción
Los judíos afectados por la intervención de Jesús, el Mesías, le recuerdan, al igual que a todos los presentes, que la reconstrucción del Templo duró cuarenta y seis años. Por Flavio Josefo sabemos que las obras comenzaron en el año 20 o 19 a. C. Sumando los cuarenta y seis años mencionados, llegamos aproximadamente al año 27 o 28.
Hemos calculado que este acontecimiento ocurrió durante la Pascua del viernes 7 de abril del año 30. ¿Cómo explicar la diferencia de dos o tres años? Sabemos que las obras continuaron realmente hasta el año 63. Pero estas personas se refieren al final de la obra más importante, la reconstrucción. Después siguieron trabajos menores que no impedían el acceso de los peregrinos al Templo.
Entendemos, pues, que estas palabras se refieren solo a una duración y no a una fecha precisa. Según nuestro análisis, la reconstrucción ya llevaba terminada unos tres años.
Conclusión
Los escritores bíblicos tenían un objetivo: relatar los hechos extraordinarios que habían vivido. No se preocuparon, salvo quizá Lucas, por la cronología. No podían corregir su papiro y, si olvidaban algo, la única solución era desplazar el relato.
Por eso a veces nos cuesta comprender la secuencia de las perícopas. Esto no cuestiona la credibilidad de los autores, sino que destaca la dificultad de resumir una cantidad tan grande de hechos igualmente importantes.
Su número, sus semejanzas y a veces sus repeticiones solo acentuaron la dificultad. ¡Pese a todo, el resultado de su trabajo es magnífico!
Un título, un personaje, un lugar, una referencia («Lucas 15»)…
Referencia bíblica
INF010
Nota informativa
INF010 - Le nom imprononçable de Dieu
YHWH, le nom de Dieu, imprononçable
Le nom de Dieu, retranscrit en français par YHWH est considéré comme imprononçable car il est composé de quatre consonnes hébraïques : Yod (י), Hé (ה), Waw (ו), et Hé (ה).
Les voyelles ne sont pas écrites dans l'hébreu, ce qui rend la prononciation exacte incertaine. Ce nom apparaît environ 6800 fois dans la Bible hébraïque et est considéré comme saint.
Selon le 3ème commandement, qui interdit de prononcer le nom divin en vain (Exode 20.7), les Juifs évitent de le prononcer. À la place, ils utilisent d'autres termes tels que Adonaï (mon Seigneur) ou Ha Élohim (Le Dieu). Dans certaines traductions bibliques, on trouve également les appellations Yahvé, Yahweh ou Jéhovah pour représenter le tétragramme.
Le tétragramme sera finalement traduit par le mot grec Kyrios qui signifie Seigneur, et qui sera changé par : l’Éternel dans nos Bibles protestantes.
Le Dieu Unique des Juifs, qui est aussi celui des chrétiens, possède donc un nom imprononçable.
INF181
Nota informativa
INF181 - Parabole ou métaphore
Parábola o metáfora
Le nombre de parabole dans les Evangiles varie considérablement en fonction des différents chercheurs. Certaines sont définies directement dans le texte où nous trouvons que le Messie Jésus annonce une parabole. Toutefois beaucoup d’autres sont plus difficiles à classer.
Voici donc une synthèse claire des différences entre parabole, métaphore et image, allégorie avec des exemples bibliques pour illustrer :
Parabole : récit symbolique à visée morale ou spirituelle
Définition : Une parabole est une histoire courte et narrative, souvent fictive, qui illustre une vérité morale, spirituelle ou théologique.
Structure : Elle comporte des personnages, une intrigue, parfois une chute ou un retournement.
Fonction : Elle invite à une interprétation, souvent indirecte, et provoque une réflexion ou une conversion.
Exemples : Le semeur (San Mateo 13.1-23), Le bon samaritain (San Lucas 10.25-37), Le fils prodigue (San Lucas 15.11-32)
Une parabole est un dispositif narratif qui cache et révèle à la fois, elle exige une écoute active et une interprétation.
Métaphore : figure de style fondée sur une analogie implicite
Définition : Une métaphore est une transposition d’un terme dans un autre champ sémantique, sans outil de comparaison.
Structure : Elle est brève, souvent contenue dans une phrase ou une expression.
Fonction : Elle éclaire une réalité abstraite par une image concrète, mais sans récit.
Exemples : « Je suis la lumière du monde » (Jean 8.12), « Vous êtes le sel de la terre » (Matthieu 5.13)
La métaphore condense une vérité dans une image frappante, mais ne raconte pas.
Image : terme générique pour toute représentation figurée
Définition : L’image est un terme englobant qui désigne toute représentation figurée, qu’elle soit narrative (parabole), stylistique (métaphore), ou visuelle.
Fonction : Elle sert à rendre visible l’invisible, à incarner l’abstrait.
Exemples : L’agneau (symbole du Christ), Le rocher (symbole de Dieu dans les Psaumes).
L’image est le terrain commun des paraboles et des métaphores, elle est leur matière première.
En resumen:
La parabole est un récit symbolique, généralement long, qui vise à enseigner ou provoquer une réflexion. Elle prend la forme d’une histoire, souvent avec des personnages et une intrigue. Un exemple biblique emblématique est celui du fils prodigue (San Lucas 15.11-32).
La métaphore est une figure de style brève, fondée sur une analogie implicite. Elle sert à éclairer une réalité ou frapper l’esprit par une image forte, sans passer par un récit. Par exemple : « Je suis la vigne » (Juan 15.1 et Juan 15.5).
L’image, quant à elle, est un concept plus général. Sa longueur est variable et sa fonction est de représenter ou incarner une réalité abstraite. Elle peut être visuelle, poétique ou symbolique. On pense ici à des figures comme l’agneau ou le rocher, fréquemment utilisées dans les Écritures.
INF305
Nota informativa
INF305 - El monte de los Olivos
El monte de los Olivos
El monte de los Olivos constituye uno de los lugares más importantes de la geografía bíblica. Situado al este de Jerusalén, está separado de la ciudad por el valle del Cedrón (2 Samuel 15.30 ; Juan 18.1). Su nombre procede de los numerosos olivos que cubrían antaño sus laderas.
Situación geográfica
El monte de los Olivos forma una larga cresta orientada de norte a sur, que culmina a unos 820 metros de altitud, es decir, ligeramente más alto que Jerusalén. Desde su cima se disfruta de una vista notable de la ciudad y del emplazamiento del Templo.
Sa proximité avec Jérusalem explique pourquoi Jésus et ses disciples s'y rendaient fréquemment (San Lucas 21.37). Selon Luc, le lieu de l'ascension se trouvait à une distance d'environ un « chemin de sabbat » de Jérusalem, soit approximativement un kilomètre (Hechos 1.12).
Un lugar asociado a numerosos acontecimientos bíblicos
En el Antiguo Testamento
David cruzó el torrente Cedrón y subió llorando al monte de los Olivos cuando huía de su hijo Absalón (2 Samuel 15.30).
El profeta Ezequiel describe la gloria de Dios abandonando Jerusalén y deteniéndose en el monte situado al este de la ciudad, generalmente identificado con el monte de los Olivos (Ezequiel 11.23).
Le prophète Zacharie annonce qu'au jour du Seigneur, les pieds de l'Éternel se poseront sur le mont des Oliviers (Zacarías 14.4).
En la vida del Mesías Jesús
El monte de los Olivos ocupa un lugar especial en los Evangelios:
Jesús se queda allí con frecuencia (San Lucas 22.39);
contempla Jerusalén y llora por la ciudad (San Lucas 19.41-44);
pronuncia allí el discurso escatológico sobre el fin de los tiempos (San Mateo 24.3 ; Marcos 13.3);
pasa sus noches en este monte durante los últimos días antes de su muerte (San Lucas 21.37);
al pie del monte se encuentra el huerto de Getsemaní, donde ora antes de su arresto (San Mateo 26.36 ; San Lucas 22.39-46);
también es desde los alrededores de Betania, en la ladera oriental del monte, desde donde bendice a sus discípulos y es elevado al cielo (San Lucas 24.50-51 ; Hechos 1.9-12).
El monte de los Olivos y la ascensión
Los Hechos indican que los discípulos regresaron a Jerusalén «del monte llamado de los Olivos» después de la ascensión (Hechos 1.12). Lucas precisa en su Evangelio que Jesús los condujo hasta cerca de Betania antes de dejarlos (San Lucas 24.50).
Estas dos indicaciones son perfectamente compatibles, puesto que Betania se sitúa en la ladera oriental del monte de los Olivos, a unos tres kilómetros de Jerusalén (Juan 11.18).
Una dimensión profética
Pour plusieurs interprètes, le choix du mont des Oliviers comme lieu de l'ascension n'est probablement pas fortuit. Le prophète Zacharie annonçait déjà qu'au jour de l'Éternel, celui-ci se tiendrait sur cette montagne (Zacarías 14.4). Ainsi, le lieu depuis lequel Jésus quitte ses disciples pourrait également être celui associé à son retour glorieux, conformément à la parole des anges :
«Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hechos 1.11).
Así, el monte de los Olivos aparece como un lugar cargado de historia y de simbolismo. Es a la vez el escenario de los sufrimientos del Mesías, de su enseñanza sobre los tiempos futuros, de su ascensión y, según varias interpretaciones proféticas, del lugar asociado a su futuro regreso.
INF380
Nota informativa
INF380 - Las autoridades judías
Las autoridades judías
Les autorités qui ordonnent l'arrestation de Pierre et Jean en Hechos 4.1-3 constituent un ensemble de responsables religieux particulièrement influents. Luc mentionne trois groupes distincts : les sacrificateurs, le commandant du Temple et les sadducéens. Leur intervention permet de mieux comprendre les rapports de force qui existaient à Jérusalem au début de l'Église.
1- Los sacerdotes
Les « sacrificateurs » désignent les prêtres qui assuraient le culte quotidien du Temple. Certains appartenaient aux familles sacerdotales les plus influentes et plusieurs siégeaient au Sanhédrin. Leur fonction leur conférait une autorité considérable sur la vie religieuse du peuple.
El Templo constituía el centro de la vida judía. Ver a dos galileos enseñar públicamente en sus recintos, atraer a las multitudes y realizar milagros podía percibirse como un cuestionamiento de su autoridad. Los jefes sacerdotales habían desempeñado ya un papel determinante en el juicio de Jesús (Juan 11.47-53; Juan 18.13-14) y ahora se encontraban frente a sus discípulos.
2- El comandante del Templo
Luc mentionne également « le commandant du Temple » (Hechos 4.1). Il s'agissait probablement du chef de la garde du Temple, personnage très important dans la hiérarchie juive. Selon les sources juives, notamment la Mishna, ce responsable supervisait les lévites chargés de la sécurité et du maintien de l'ordre dans l'enceinte sacrée.
Il ne s'agissait pas d'un officier romain, mais d'un responsable juif. Sa fonction consistait à prévenir tout désordre susceptible d'attirer l'intervention des autorités romaines. Son rang était particulièrement élevé, immédiatement après celui du souverain sacrificateur.
El arresto de Pedro y de Juan no fue, pues, una iniciativa improvisada, sino una operación oficial llevada a cabo por las autoridades reconocidas del Templo.
3- Los saduceos
Luc souligne surtout la présence des sadducéens (Hechos 4.1-2). Ce groupe était composé en grande partie des familles sacerdotales les plus riches et les plus influentes. Ils entretenaient généralement de bonnes relations avec les autorités romaines afin de préserver leur position privilégiée.
Contrairement aux pharisiens, les sadducéens rejetaient plusieurs doctrines importantes :
la resurrección de los muertos (San Mateo 22.23);
la existencia de los ángeles y de los espíritus (Hechos 23.8);
certaines traditions orales développées par les pharisiens.
La predicación apostólica chocaba directamente con sus convicciones. Anunciar que Jesús había resucitado equivalía a confirmar la doctrina misma que combatían. No es, pues, sorprendente que Lucas insista en su irritación (Hechos 4.2).
4- Una oposición que Jesús ya había encontrado
Es llamativo comprobar que los mismos grupos que habían contribuido a la condena de Jesús se encuentran ahora frente a sus discípulos. En cierto sentido, Pedro y Juan prosiguen el ministerio de su Maestro y se topan con los mismos adversarios.
Esta continuidad aparece claramente en el relato de los Evangelios. Los jefes religiosos habían procurado reducir a Jesús al silencio (Marcos 14.53-65); ahora intentan acallar a sus testigos.
5- El Sanedrín al fondo
Bien que le Sanhédrin ne soit pas encore mentionné explicitement en Hechos 4.1-3, il se profile déjà derrière cette arrestation. Le lendemain, Pierre et Jean seront effectivement conduits devant cette assemblée suprême (Hechos 4.5-6).
Le Sanhédrin était composé d'environ soixante-dix membres, parmi lesquels se trouvaient :
el sumo sacerdote;
los ancianos del pueblo;
los principales sacerdotes;
los escribas y doctores de la Ley;
representantes de los partidos saduceo y fariseo.
Bajo la dominación romana, esta institución conservaba una amplia autoridad religiosa y judicial, aunque el poder de ejecutar una condena capital estaba fuertemente limitado.
6- Una inquietud más que una simple hostilidad doctrinal
La oposición de las autoridades judías no se explica únicamente por divergencias teológicas. Varios elementos debían inquietarlas:
el rápido crecimiento del movimiento cristiano (Hechos 2.41);
la creciente influencia de los apóstoles sobre la población;
los milagros realizados públicamente (Hechos 4.16);
el riesgo de agitación popular capaz de provocar una intervención romana;
el cuestionamiento implícito de su propia autoridad religiosa.
Unas semanas antes, probablemente habían pensado que la crucifixión de Jesús pondría un fin definitivo a su movimiento. Pero descubren con sorpresa que sus discípulos continúan su obra con una seguridad nueva.
7- Una primera confrontación destinada a repetirse
Cette arrestation inaugure une longue série d'affrontements entre les autorités juives et les apôtres. Pierre et Jean comparaîtront plusieurs fois devant le Sanhédrin (Hechos 4.5-22 ; Hechos 5.27-40), Étienne sera condamné à mort (Hechos 7.54-60), et Saul de Tarse deviendra l'un des principaux persécuteurs de l'Église avant sa conversion (Hechos 8.1-3).
Paradójicamente, esta oposición no hará sino contribuir a la difusión del cristianismo, conforme al programa anunciado por el Señor: «Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1.8).
8- Una observación interesante
Luc ne mentionne pas ici les pharisiens. Ce silence est probablement significatif. Les principaux adversaires des apôtres dans les premiers chapitres des Actes semblent être les sadducéens et les familles sacerdotales qui contrôlaient le Temple. Les pharisiens, bien qu'opposés au mouvement chrétien sur plusieurs points, apparaissent parfois plus modérés, comme le montrera plus tard l'intervention de Gamaliel (Hechos 5.34-39). Cette nuance est importante pour comprendre la diversité du judaïsme du premier siècle.
INF001
Nota informativa
INF001 - Sadducéens
Les saducéens
Les Sadducéens étaient un groupe religieux et politique important dans le judaïsme antique. Voici quelques points clés à leur sujet :
Origines et Histoire
Origines : Le nom "Sadducéen" dérive probablement de Sadoq, un grand prêtre de l'époque de David et Salomon. Ils étaient principalement issus de l'aristocratie sacerdotale. Période : Ils étaient actifs entre environ 200 av. J.-C. et 70 ap. J.-C., jusqu'à la destruction du Temple de Jérusalem par les Romains. Influence : Les Sadducéens avaient une grande influence sur le culte et la liturgie au Temple de Jérusalem. Ils contrôlaient le Sanhédrin, le conseil juif suprême.
Croyances et Pratiques
Textes Sacrés : Ils se concentraient uniquement sur la loi écrite, le Pentateuque, et rejetaient les traditions orales adoptées par les Pharisiens. Résurrection : Contrairement aux Pharisiens et aux Esséniens, les Sadducéens niaient la résurrection des morts et l'immortalité de l'âme. Rites du Temple : Ils étaient responsables des rites du Temple, y compris les sacrifices et les fêtes de pèlerinage.
Oppositions
Pharisiens : Les Sadducéens étaient en opposition totale avec les Pharisiens, notamment sur des questions théologiques comme la résurrection. Zélotes : Ils furent également en conflit avec les Zélotes et les Sicaires, qui les considéraient comme des collaborateurs avec les Romains.
Les Sadducéens ont laissé une marque durable sur l'histoire du judaïsme et sont souvent mentionnés dans le Nouveau Testament, notamment dans les Actes des Apôtres et les Évangiles.
Les Sadducéens dans la Bible
Les sadducéens constituent une branche importante du judaïsme. Nous les retrouvons à quinze reprises dans le Nouveau Testament, dix dans les Évangiles et cinq dans les Actes des Apôtres.
Cinq fois, les auteurs des synoptiques les nomment avec les pharisiens. La doctrine du judaïsme revient toujours dans leurs discussions avec le Messie Jésus, qui ne leur adresse jamais de reproches.
Nous ne trouvons pas de tension dans leurs relations avec le Messie Jésus comme c’est le cas, régulièrement avec les pharisiens. Ils contrôlent l’administration et le culte du temple et restent éloignés du peuple. Ils pactisent facilement avec l’occupant Romain qui, en retour, leur confère une influence importante au sein du Sanhédrin.
Ses membres sont essentiellement issus de la classe aristocratique ou sacerdotale. Ils ne reconnaissent que les écrits de la Bible hébraïque.
Ils ne croient pas à la résurrection des morts. Ils n’envisagent aucune forme de vie après leurs décès. Les anges selon eux n’existent pas. L’Apôtre Paul dénoncera toutes ces dérives lors de son procès (Hechos 23.6).
Caïphe et Anne, les Principaux Sacrificateurs qui condamnent Jésus appartiennent à ce mouvement sadducéen.
INF002
Nota informativa
INF002 - Les pharisiens
Los fariseos
Les Pharisiens étaient un groupe religieux et social important dans le judaïsme antique, particulièrement pendant la période du Second Temple. Voici quelques points clés à leur sujet :
Origines et Histoire
Origines : Les Pharisiens ont émergé comme un groupe distinct après la révolte des Maccabées, vers 165-160 av. J.-C. Ils étaient souvent considérés comme les descendants spirituels des Hasidéens.
Période : Ils ont prospéré jusqu'à la destruction du Second Temple en 70 ap. J.-C. Après cette date, leurs enseignements ont formé la base de ce qui est devenu le judaïsme rabbinique.
Croyances et Pratiques
Textes Sacrés : Contrairement aux Sadducéens, qui se concentraient uniquement sur la loi écrite (le Pentateuque), les Pharisiens croyaient en une loi écrite et une loi orale (la Torah orale). Résurrection : Les Pharisiens croyaient en la résurrection des morts et en l'immortalité de l'âme. Rites et Lois : Ils insistaient sur l'importance des traditions orales et des interprétations adaptées aux circonstances contemporaines.
Influence et Héritage Influence : Les Pharisiens ont eu une grande influence sur la liturgie et la pratique religieuse juive. Leurs enseignements ont été incorporés dans la Mishna, une compilation de la tradition orale juive, vers 200 ap. J.-C. Héritage : Après la destruction du Second Temple, les enseignements des Pharisiens ont formé la base du judaïsme rabbinique, qui continue d'influencer le judaïsme moderne.
Les Pharisiens sont souvent mentionnés dans le Nouveau Testament, notamment dans les Évangiles et les Actes des Apôtres, où ils sont souvent en conflit avec Jésus et les autres figures religieuses de l'époque.
Les Pharisiens dans la Bible
Ils constituent le groupe le plus représentatif du judaïsme. Ses membres, originaires du peuple, s’opposent aux compromis, avec l’envahisseur Romain, mais aussi avec l’hellénisme. Nous les voyons plus proches de la population que les sadducéens.
Ils sont cités à cent trois reprises dans le Nouveau Testament, quatre vint treize fois dans les Évangiles, neuf fois dans les Actes des apôtres et une fois dans l’épître aux Philippiens.
Leurs rapports avec le Messie Jésus apparaissent fréquemment tendus, conflictuels. Il les reprendra à certains moments avec des termes violents, comme, « malheur à vous », « hypocrites » ce qui démontre bien cette opposition. Ils n’ont pas accès aux postes de hautes responsabilités, contrôlés par les Romains, et donc réservés aux sadducéens sympathisants, mais forment le groupe le plus important du Sanhédrin.
Ils se considèrent comme les grands défenseurs de la loi de Moïse qu’ils commentent. Leur interprétation devient la règle à suivre pour le peuple. Le Messie Jésus condamnera ces dérives à diverses occasions (San Mateo 23.13-29).
Ils sont souvent en désaccord avec leurs collègues sadducéens sur des points de doctrine tels que la vie éternelle ou les anges. Ils ont ajouté à la Loi écrite de Moïse, des principes oraux, qui leur permettent de contourner ses prescriptions. Jésus ne manquera pas de le signaler (San Mateo 23.23).
Nicodème et Joseph d’Arimathée appartenaient à ce groupe politico-religieux ce qui ne les a pas empêchés de se convertir au christianisme.
INF231
Nota informativa
INF231 - De la part ?
De la part de Jean, de la part de Dieu, de la part des 7 esprits, de la part de Jésus Christ ?
Apocalipsis 1.4-5 : « De la part de Jean aux sept Églises… que la grâce et la paix vous soient données de la part de celui qui est, qui était et qui vient, de la part des sept esprits qui sont devant son trône, et de la part de Jésus-Christ… »
Qui écrit ?
Jean est bien l’auteur humain : il rédige la lettre, il signe son nom, il s’adresse directement aux Églises.
Mais il se présente comme messager : il transmet une révélation qui ne vient pas de lui.
C’est pourquoi il dit : “de la part de…” → il se met en position de relais, pas de source.
Les trois “de la part de”
De la part de Dieu : “celui qui est, qui était et qui vient” → Dieu éternel, présent dans tout le temps.
De la part des sept esprits : image symbolique de la plénitude de l’Esprit de Dieu (le chiffre 7 = totalité). Cela signifie que l’Esprit agit pleinement devant le trône.
De la part de Jésus-Christ : présenté comme témoin fidèle, premier ressuscité, chef des rois.
Ces trois “de la part de” forment une salutation trinitaire : Dieu, l’Esprit, et Jésus-Christ. Jean écrit, mais il situe son message dans cette source divine.
En resumen
Oui, c’est Jean qui écrit.
Mais il insiste : le contenu vient de Dieu, par l’Esprit, et par Jésus-Christ.
Sa formule “de la part de…” est une manière de dire : je vous écris, mais ce n’est pas mon message, c’est celui que j’ai reçu et que je transmets.
Cela donne à l’Apocalypse son autorité : ce n’est pas une opinion personnelle de Jean, mais une révélation qu’il relaie fidèlement.
INF003
Nota informativa
INF003 - Le Sanhédrin
El Sanedrín
Le Sanhédrin était une institution clé dans le judaïsme antique, ayant des fonctions législatives, judiciaires et religieuses. Voici quelques points clés à son sujet :
Le Sanhédrin (ou Sanhédrin juif) désigne, à l’époque du Second Temple (env. IIe s. av. J.C. – 70 ap J.C.), l’instance suprême d’autorité religieuse, juridique et parfois politique du judaïsme en Judée.
Points essentiels
Composition et siège : traditionnellement 71 membres (le Nassi/président, l’Av Beit Din/vice‑président, et des juges/sages). Il siégeait à Jérusalem, près du Temple, probablement dans une salle appelée la « Salle des Pierres taillées ».
Compétences : interprétation de la Loi (Torah), fixation de normes religieuses, arbitrage de litiges importants, supervision du calendrier (sanctification des mois et intercalations), validation d’ordonnances communautaires, et, en théorie, jugement des affaires les plus graves. Sous domination romaine, ses pouvoirs pénaux étaient limités.
Sources historiques : on en trouve des échos dans les Évangiles (procès de Jésus mentionnant un conseil juif) et surtout dans la littérature rabbinique (Mishnah, Talmud), qui décrit son fonctionnement idéal et ses règles de procédure.
Fonctionnement procédural : témoignages examinés par un collège, forte exigence de crédibilité des témoins, quorum nécessaire, votes commençant par les plus jeunes juges pour éviter l’influence des plus anciens, préférence pour l’acquittement en cas de doute ; pour les affaires capitales, des règles plus strictes encore.
Après 70: la destruction du Temple par les Romains met fin au Sanhédrin tel qu’il existait à Jérusalem. Une autorité rabbinique se reconstitue en Galilée (Yavné, puis Ousha, Sepphoris, Tibériade), parfois appelée « Sanhédrin » par analogie, centrée sur l’étude, la halakha et l’organisation communautaire ; elle décline vers le IVe–Ve siècle.
Héritage : le Sanhédrin symbolise l’idéal d’une autorité collégiale savante dans le judaïsme. Des traités talmudiques (notamment Sanhédrin, Makkot) conservent ses règles théoriques, qui ont influencé la pensée juridique juive. À l’époque moderne, le terme a été repris par analogie (par ex. le « Grand Sanhédrin » convoqué par Napoléon en 1807), sans continuité institutionnelle antique.
Repères terminologiques
Nassi : président du Sanhédrin ; des traditions attribuent ce rôle à Hillel l’Ancien et à ses descendants pendant la période tardive.
Av Beit Din : « père du tribunal », second du Nassi.
Beit Din : tribunal rabbinique ; au pluriel, désigne aussi des cours locales de 23 juges (pour affaires graves) ou de 3 (pour affaires civiles).
Limites et débats
Histoire vs. idéal normatif : les descriptions talmudiques mélangent souvenirs historiques et modèles juridiques ; les historiens discutent l’ampleur réelle de ses pouvoirs à chaque période.
Compétence pénale sous Rome : la capacité d’appliquer la peine capitale est particulièrement débattue ; elle fut probablement très restreinte à la fin de la période.
En bref : le Sanhédrin fut la plus haute instance savante et judiciaire du judaïsme du Second Temple, avec un rôle central dans l’interprétation de la loi et la cohésion communautaire ; sa forme antique disparaît après 70, mais son modèle continue d’inspirer l’organisation rabbinique et la pensée juridique juive.
INF004
Nota informativa
INF004 - Les romains
Los romanos
En l’an -63 av. J.-C. le général romain Pompée, envahi le territoire d’Israël et prend Jérusalem. Le judaïsme grâce à Jule César devient en l’an -45 av. J.-C. une religion légale.
Cinq ans plus tard, en -40 av. J.-C. L’empereur Auguste met un terme à la dynastie hasmonéenne et nomme Hérode le Grand, un Iduméen, donc, pas de lignée royale, roi des Juifs.
Quelques années, après la mort d’Hérode le Grand, en l’an 6, Rome change le statut de la Judée ainsi que de la Samarie et de l’Idumée (l’Edom biblique) pour le transformer en provinces romaines placées sous la responsabilité de procurateurs romains.
Les fils du monarque Hérode seront promus par l’autorité romaine, tétrarques, et gouverneront ces différentes provinces sous l’égide de ces procurateurs.
Nous sommes par conséquent, pendant le ministère du Messie Jésus avec un préfet, Ponce Pilate et un tétrarque, Hérode Antipas qui se partagent le pouvoir. Les deux hommes se haïssent jusqu’au jour de la condamnation du Messie Jésus (San Lucas 23.12).
Quarante ans après la crucifixion du Messie Jésus, l’insurrection des Juifs, commencée en 66, est jugulée, Titus détruit le temple de Jérusalem en l’an 70 et tout se termine avec la chute de Massada le 2 mai 73.
D’autres révoltes suivront jusqu’en 135.
En 130, l’empereur Hadrien change de nouveau le statut du pays d’Israël, en créant une nouvelle colonie romaine, le nom de Jérusalem est remplacé par Aelia Capitolina.
Le Messie Jésus exercera son ministère dans un territoire occupé par les Romains, avec un gouverneur désigné par Rome.
Trois hommes se partagent donc à ce moment de l’histoire, la direction du pays d’Israël :
Ponce Pilate, le préfet romain, il détient tous les pouvoirs en particulier sur la Judée.
Hérode Antipas, règne sur la Galilée et la Pérée.
Le Souverain Sacrificateur, Caïphe, responsable des problèmes religieux.