_3 La casa es, según nosotros, la de María, la madre de Juan, apodado Marcos. Hechos 12.12.
_4 La cena de Pascua comienza el jueves por la noche, después de las 18 h. Para los judíos ya es viernes (Marcos 14.17, San Mateo 26.20, San Lucas 22.14-18). Por tanto, no es el Séder oficial, que se celebrará el viernes por la noche Juan 18.28.
_5 La cena termina el viernes por la mañana antes del amanecer, entre la medianoche y las 2 h 30.
_6 Judas Iscariote se fue antes del final de esta cena. Juan 13.30.
Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.
Comentario:
Esta cuarta enseñanza es una advertencia solemne que el Maestro dirige a sus discípulos antes de su partida. Les anuncia que el mundo los odiará, no a causa de sus faltas, sino porque ahora le pertenecen y llevan su nombre, pues:
La persecución se va a abatir sobre ellos y ya no podrán, como ocurrió durante estos últimos años, esconderse detrás de la presencia visible del Mesías Jesús. En adelante tendrán que afrontar la hostilidad del mundo con la fuerza interior que les dará el Espíritu.
Pero viene otro Consolador, el Espíritu de verdad, y en él encontrarán el descanso, la fuerza y la perseverancia necesarios para atravesar estas pruebas (Juan 14.16-17). Indudablemente, estas palabras fueron pronunciadas al final del ministerio terrenal de su Maestro, en el momento en que la sombra de la cruz ya se extiende sobre ellos. Jesús les revela que el odio del mundo no es un accidente, sino la consecuencia directa del rechazo del Padre mismo, pues «el que me aborrece, también aborrece a mi Padre» (Juan 15.23).
Si la enseñanza terminara aquí, las perspectivas serían demasiado sombrías y demasiado pesadas de llevar para unos discípulos todavía frágiles e incapaces de comprender plenamente el plan divino. Jesús les recuerda que este odio es también el cumplimiento de las Escrituras, pues «sin causa me aborrecieron» (Salmos 69.4).
Estas pruebas deben, pues, ser contrarrestadas con ánimos concretos, y ese es precisamente el objeto del pasaje siguiente: el anuncio de la obra del Espíritu Santo, testigo fiel que convencerá al mundo y sostendrá a los discípulos en su misión. Jesús quiere que sepan estas cosas de antemano para que no se escandalicen cuando estalle la persecución, pues algunos llegarán a pensar que rinden culto a Dios dándoles muerte (Juan 16.2).
El Maestro no minimiza el sufrimiento, pero lo inscribe en una perspectiva más amplia: la de la redención cumplida por su muerte y su resurrección, pues es por su sacrificio que el mundo puede ser salvado y no condenado (Juan 3.16-17). Así, el Mesías Jesús prepara a sus discípulos para una realidad dolorosa, pero los ancla en una esperanza indestructible: la de la presencia activa del Consolador y la de la victoria final del Hijo de Dios.