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Las preguntas de los fariseos y de los herodianos

Fariseos y herodianos intentan tender una trampa a Jesús preguntándole si hay que pagar el impuesto al César. Su respuesta —«Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios»— frustra la trampa y establece la distinción fundamental entre la autoridad civil y la soberanía divina, recordando que el hombre, que lleva la imagen de Dios, le pertenece por entero.

7 min impuesto al César fariseos herodianos denario Templo de Jerusalén 7 versículos 4 libros

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 22.15-22 (Reina-Valera 1909)

Entonces, idos los Fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra.

Y envían á él los discípulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.

Dinos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?

Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?

Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito?

Dícenle: De César. Y díceles: Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios.

Y oyendo esto, se maravillaron; y dejándole se fueron.

Marcos
Marcos 12.13-17 (Reina-Valera 1909)

Y envían á él algunos de los Fariseos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.

Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras á la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? ¿Daremos, ó no daremos?

Entonces él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.

Y ellos se la trajeron y les dice: ¿Cúya es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César.

Y respondiendo Jesús, les dijo: Dad lo que es de César á César; y lo que es de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello.

Lucas
San Lucas 20.20-26 (Reina-Valera 1909)

Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.

Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.

¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?

Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?

Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.

Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.

Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.

Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El atrio del Templo de Jerusalén

Fecha: el martes 29 de marzo del año 33

Procedimiento: Seguimos a Marcos

Nota sobre el procedimiento: Mateo y Lucas también relatan este discurso

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras martes 29 de marzo

El Mesías Jesús conversa con y herodianos.

Comentarios

Los y los herodianos no tienen nada en común. Los primeros son religiosos conservadores y los segundos mundanos y materialistas. Sin embargo, se entienden, unidos en un odio común, para enfrentarse al Maestro.

Por regla general, los religiosos judíos no conservaban monedas con representaciones del emperador, sobre todo dentro del recinto del Templo. De ahí la necesidad de los cambistas.

Todos los judíos conocían la famosa moneda romana de plata con la que cada uno debía pagar el impuesto. Pero el Mesías Jesús les pide, para su gran asombro, una moneda, y es precisamente esa, prohibida en el Templo, la que le presentan.

Qué ironía en esta situación: estos religiosos ortodoxos se muestran más apegados al dinero que a sus principios religiosos.

Los pasajes de San Mateo 22.15-22, Marcos 12.13-17 y San Lucas 20.20-26 relatan el mismo episodio, en el que los y los herodianos buscan tender una trampa al Mesías Jesús preguntándole si es lícito pagar el impuesto al César. Su intención es comprometerlo: si responde que sí, se pone en oposición al pueblo judío, hostil a la dominación romana; si responde que no, se hace culpable ante la autoridad imperial. El Mesías Jesús, consciente de su hipocresía, pide que le muestren un denario y les hace notar la efigie y la inscripción del César que figuran en él. Concluye con esta palabra que se ha hecho célebre: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.»

Esta respuesta, de una sabiduría notable, frustra su trampa y revela una doble verdad: el hombre tiene deberes legítimos para con la autoridad civil, pero ante todo debe gratitud y obediencia a Dios.

Lo que el Mesías Jesús enseña aquí es la justa distinción entre los ámbitos temporal y espiritual sin oponerlos: las realidades humanas tienen su lugar, pero no deben suplantar la soberanía divina. Lo que lleva la imagen del César corresponde al César; lo que lleva la imagen de Dios, el hombre mismo (Génesis 1.26-27), pertenece por entero a Dios.

Así, el Mesías Jesús traslada el debate no al terreno político, sino al de la fidelidad del corazón, recordando que toda autoridad terrenal está subordinada a la voluntad de Dios y que el creyente debe vivir en el mundo sin dejar de pertenecer solo a Dios.