Examinamos el sermón del monte, dividido en 23 secciones.
Mateo aclara aquí lo que había mencionado antes en San Mateo 5.12. No es nuestro propio perdón lo que nos libera de nuestros pecados, sino únicamente la sangre derramada por Jesús el Mesías (1 Juan 1.7, Hebreos 9.14 ; Efesios 1.7). En este contexto, ¿cómo interpretar las palabras de Jesús el Mesías?
Para abordar este tema, deseamos desarrollar tres puntos principales.
El perdón mutuo: Jesús destaca que nuestra capacidad de perdonar a los demás está intrínsecamente vinculada al perdón que recibimos de Dios. En otras palabras, nuestra disposición a perdonar a los demás refleja nuestra comprensión y aceptación del perdón divino.
El estado del corazón: el perdón es una cuestión espiritual. No perdonar puede revelar un corazón endurecido o una falta de comprensión de la gracia divina. Jesús nos llama a tener un corazón misericordioso y compasivo, como el de Dios.
La relación con Dios: perdonar es esencial para mantener una relación armoniosa con Dios. Al perdonar a los demás, reflejamos el carácter divino y nos abrimos a recibir plenamente su perdón y su gracia. Negarse a perdonar hace imposible nuestra comunión con Dios.
Marcos 11.25, así como San Lucas 6.37 y San Lucas 17.3-4, abordan este mismo tema y destacan la importancia recurrente del perdón en los Evangelios y su papel central en la enseñanza de Jesús el Mesías.