PER356

La noche a mediodía

La perícopa 356 analiza la aparición de tinieblas durante la crucifixión de Jesús, desde el mediodía hasta las 15 h, relatada por los tres evangelios sinópticos. Este acontecimiento cósmico se estudia en sus dimensiones cronológicas y teológicas: señal de juicio divino, cumplimiento profético (Amós 8.9, Isaías 53) y velo pudoroso sobre la ignominia de la cruz. Precede a las últimas palabras de Jesús y a su muerte.

23 min tinieblas crucifixión Gólgota sinopsis Pasión 35 versículos 10 libros

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 27.45 (Reina-Valera 1909)

Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

Marcos
Marcos 15.33 (Reina-Valera 1909)

Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

Lucas
San Lucas 23.44-45 (Reina-Valera 1909)

Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio.

Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El monte Gólgota

Fecha: el viernes 1 de abril, del mediodía a las 15:00 h

Procedimiento: Volvemos ahora con Lucas

Nota sobre el procedimiento: Mateo y Marcos confirman esta información

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del viernes

El cielo se oscurece progresivamente y una oscuridad excepcional se extiende sobre toda la región.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_23 La colocación en la cruz tiene lugar, pues, hacia las 9 h según el texto de Marcos. La imprecisión de la medida permite intercalar el tiempo de desplazamiento hasta el monte Gólgota. Marcos 15.20-41 ; San Mateo 27.31-56 ; San Lucas 23.26-49 ; Juan 18.17-30.

_24 Todos estos miembros del pueden ahora participar en la fiesta familiar de la Pascua, con el ánimo reposado después de lo que consideran una magnífica victoria. ¡Pero los acontecimientos no se desarrollarán como ellos se lo imaginaban!

_25 Desde aproximadamente el mediodía hasta las 15 h, hay tinieblas sobre la región de Jerusalén. San Mateo 27.45 ; Marcos 15.33 ; San Lucas 23.44.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

Entre los acontecimientos que acompañan la crucifixión del Mesías Jesús, la aparición de tinieblas en pleno día constituye una de las señales más notables que relatan los Evangelios. Los tres autores sinópticos mencionan este fenómeno de manera concordante: «Desde la hora sexta hasta la hora novena hubo tinieblas sobre toda la tierra» (San Mateo 27.45 ; Marcos 15.33 ; San Lucas 23.44-45).

En el modo judío de contar las horas, la hora sexta corresponde aproximadamente al mediodía y la hora novena a las quince horas. Así, cuando el sol debería hallarse en su punto más alto, una oscuridad inusual cubre el país durante unas tres horas. Este contraste sorprendente entre el momento más luminoso del día y la aparición de las tinieblas no podía sino impresionar profundamente a los testigos del acontecimiento.

Desde un punto de vista teológico, estas tinieblas parecen revestir un alcance simbólico mayor. En las Escrituras, la oscuridad se asocia con frecuencia al juicio divino, a la angustia o a una intervención excepcional de Dios en la historia de los hombres (Exodo 10.21-23 ; Joel 2.10 ; Amós 8.9). El profeta Amós había anunciado: «Sucederá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré que el sol se ponga al mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro» (Amós 8.9). Sin afirmar con certeza que esta profecía apuntara directamente a la crucifixión, la similitud sigue siendo sorprendente.

Estas tinieblas pueden entenderse también como una manifestación de la excepcional gravedad del momento. Según la fe cristiana, Jesús lleva entonces los pecados del mundo y cumple la obra redentora anunciada por los profetas (Isaías 53.4-6 ; 1 Pedro 2.24). Algunos comentaristas han visto así en esta oscuridad una señal cósmica que subraya la importancia universal de la muerte del Mesías.

También es posible discernir en ello una forma de pudor divino. Mientras el Hijo de Dios está expuesto a la humillación pública, golpeado, insultado y crucificado, las tinieblas parecen velar parcialmente esta escena de ignominia. Aunque los textos bíblicos no lo afirman explícitamente, esta interpretación ilustra la manera en que Dios podría haber manifestado su desaprobación ante la violencia ejercida contra su Siervo justo (Isaías 52.13-14 ; Isaías 53.3).

Hacia la hora novena, Jesús da un gran grito. Lucas relata sus últimas palabras: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (San Lucas 23.46). Mateo y Marcos conservan también el recuerdo de este potente grito que precede inmediatamente a su muerte (San Mateo 27.50 ; Marcos 15.37). Para los testigos presentes, este grito fue sin duda percibido al principio como la expresión última de sufrimientos extremos. Solo después de que volviera la luz y se constatara la muerte comprendieron plenamente que el Mesías acababa de exhalar su último aliento.

La hora novena era también el momento de la oración de la tarde y del sacrificio continuo en el Templo (Exodo 29.39 ; Hechos 3.1). Habitualmente señalada por los toques rituales, esta hora marcaba el ritmo de la vida religiosa de Jerusalén. Sin embargo, este 14 de Nisán se distingue de todos los demás. En el mismo momento en que el cordero pascual era celebrado en la memoria colectiva de Israel, Jesús consumaba su sacrificio en la cruz (Juan 1.29 ; 1 Corintios 5.7).

Los fenómenos que siguen refuerzan aún más el carácter excepcional de esta jornada: el velo del Templo se rasga de arriba abajo, la tierra tiembla y las rocas se parten (San Mateo 27.51 ; Marcos 15.38 ; San Lucas 23.45). Ante este conjunto de señales, el encargado de supervisar la ejecución queda profundamente impresionado. Mateo relata su declaración: «Verdaderamente este era Hijo de Dios» (San Mateo 27.54). Lucas subraya por su parte que glorifica a Dios al reconocer la inocencia de Jesús (San Lucas 23.47).

Así, las tinieblas del mediodía aparecen como mucho más que un simple fenómeno atmosférico. Constituyen una señal solemne que acompaña uno de los acontecimientos centrales del relato bíblico: la muerte del Mesías Jesús. Mientras la luz del mundo es rechazada por los hombres (Juan 1.4-5 ; Juan 8.12), la creación misma parece dar testimonio de la importancia de este instante único en la historia de la salvación.