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La última comida antes de la crucifixión

Este artículo explora la «última cena» de Jesús, destacando su institución de la Santa Cena. Tiene lugar el jueves por la noche, antes de la crucifixión, en la casa de María en Jerusalén. Los evangelios relatan esta cena como simbólicamente significativa; Judas se marcha para traicionarlo. La cena es crucial para la identidad cristiana.

47 min última cena Cena del Señor crucifixión traición de Judas 70 versículos 15 libros

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 26.20 (Reina-Valera 1909)

Y como fué la tarde del día, se sentó á la mesa con los doce.

Marcos
Marcos 14.17 (Reina-Valera 1909)

Y llegada la tarde, fué con los doce.

Lucas
San Lucas 22.14-16 (Reina-Valera 1909)

Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles.

Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;

Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

Juan
Juan 18.28 (Reina-Valera 1909)

Y llevaron á Jesús de Caifás al pretorio: y era por la mañana: y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: La ciudad de Jerusalén, la casa de María, madre de Juan Marcos

Fecha: el jueves 31 de marzo del año 33

Procedimiento: Continuamos con Marcos

Nota sobre el procedimiento: Mateo y Lucas confirman lo dicho por Marcos; Juan da una indicación desconcertante

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del jueves

El Mesías Jesús y sus apóstoles comparten la última cena de Pascua.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_3 La casa es, según nosotros, la de María, la madre de Juan, apodado Marcos. Hechos 12.12.

_4 La cena de Pascua comienza el jueves por la noche, después de las 18 h. Para los judíos ya es viernes (Marcos 14.17, San Mateo 26.20, San Lucas 22.14-18). Por tanto, no es el Séder oficial, que se celebrará el viernes por la noche Juan 18.28.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

1- Precisión terminológica: la «última cena» reconsiderada

Conviene hacer un importante matiz terminológico: no podemos calificar esta cena de «última» en el sentido absoluto del término. En efecto, después de su resurrección, el Mesías Jesús volvió a compartir comidas con sus discípulos. El evangelista Juan relata en particular la memorable escena a orillas del mar de Tiberias, donde el Señor resucitado había preparado pescado asado y pan para los Siete (Juan 21.9-13). Lucas menciona también que el Resucitado comió delante de sus discípulos para atestiguar la realidad corporal de su resurrección (San Lucas 24.41-43).

No obstante, esta cena del jueves por la noche sigue siendo única por su naturaleza y su alcance teológico: es la última comida pascual celebrada antes de la Pasión y, sobre todo, el marco de la institución de la Santa Cena. Por eso la tradición cristiana la designa legítimamente como «la Cena» o «la cena del Señor» (1 Corintios 11.20).

2- Marco temporal: la noche del jueves 14 de Nisán

Estamos en la noche del jueves 31 de marzo del año 33, según la cronología más comúnmente admitida por los historiadores. Conforme al principio hebreo del cómputo de los días, el nuevo día litúrgico comienza al ponerse el sol, hacia las dieciocho horas (Génesis 1.5; Levítico 23.32). Así, aunque todavía sea jueves según el calendario civil , ya hemos entrado, según el calendario judío, en el 14 de Nisán, día de la Pascua.

Este dato cronológico es esencial para comprender la articulación de los acontecimientos de la Pasión y su significado tipológico: el Mesías Jesús celebra la Pascua en el mismo momento en que está a punto de convertirse en su cumplimiento definitivo.

3- La presencia de los Doce y la salida de Judas

El evangelista Lucas precisa explícitamente que los Doce están presentes al comienzo de la cena: «Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles» (San Lucas 22.14). Esta cifra simbólica de los Doce, que representa a las doce tribus de Israel (San Mateo 19.28; Apocalipsis 21.12-14), subraya la dimensión eclesial de esta reunión: el Mesías reúne a su alrededor el núcleo fundador del Israel renovado.

Sin embargo, Judas Iscariote no permanecerá hasta el final de la cena. Después de recibir el bocado mojado de manos del Maestro, Satanás entró en él, y salió enseguida en la noche para llevar a cabo su traición (Juan 13.26-30). Juan anota con conmovedora sobriedad: «Y era de noche» (Juan 13.30), señalando con esta nota temporal la entrada en las tinieblas espirituales que envuelven el acto de la traición (San Lucas 22.53).

4- Una cena pascual según los Sinópticos

Los tres evangelios sinópticos son categóricos y unánimes: se trata efectivamente de una cena de Pascua, celebrada según las prescripciones de la (San Mateo 26.17-19; Marcos 14.12-16; San Lucas 22.7-13). Lucas insiste particularmente en este punto: «Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar la Pascua» (San Lucas 22.7).

Los elementos constitutivos del Seder pascual se perciben en el relato: el pan sin levadura (la matzá), las copas rituales de vino, las palabras de interpretación pronunciadas por el cabeza de familia y la atmósfera de conmemoración de la salida de Egipto (Exodo 12.14; Exodo 13.8-10). El Mesías Jesús realiza así los gestos ancestrales, confiriéndoles a la vez un significado radicalmente nuevo.

5- La cronología joánica: una tensión aparente

Sin embargo, el evangelista Juan introduce un dato cronológico aparentemente discordante. Precisa que los acusadores de Jesús, durante su juicio ante Pilato, «no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua» (Juan 18.28). Esta indicación sugiere que el Seder oficial aún no habría tenido lugar en el momento del juicio, el viernes por la mañana.

Juan confirma esta cronología al designar el día de la crucifixión como «la preparación de la Pascua» (Juan 19.14). Así, según la perspectiva joánica, el Mesías Jesús fue crucificado en el mismo momento en que los corderos pascuales eran inmolados en el Templo, lo que refuerza magistralmente la tipología del Cordero de Dios (Juan 1.29; Juan 1.36).

6- Armonización de las tradiciones calendarias

Esta aparente diferencia entre Juan y los Sinópticos se explica por la coexistencia, en la época del Segundo Templo, de varias tradiciones calendarias dentro del judaísmo. Las investigaciones históricas, en particular las basadas en los manuscritos de , han revelado que los seguían un calendario solar de 364 días, distinto del calendario lunar oficial observado por las autoridades del Templo.

Por otra parte, los galileos y ciertos círculos observaban a veces tradiciones calendarias diferentes de las de los jerosolimitanos. Así, el Mesías Jesús y sus discípulos, originarios de Galilea, habrían celebrado la Pascua según su costumbre regional, un día antes del Seder oficial del Templo. Esta hipótesis, defendida por varios exegetas contemporáneos, permite reconciliar los datos sinópticos y joánicos sin postular una contradicción.

7- La providencia divina en la elección del momento

Esta explicación calendaria revela también la profundidad de la providencia divina. El Mesías Jesús, perfectamente consciente de la «hora» fijada por el Padre (Juan 13.1; Juan 17.1), eligió celebrar esta cena pascual anticipada para compartir un momento de intimidad con los suyos antes de su Pasión. Sabía que al día siguiente, a la hora precisa en que los corderos serían degollados en los atrios del Templo, él mismo sería ofrecido en la cruz como sacrificio expiatorio por los pecados del mundo.

Esta coincidencia tipológica no es fortuita: manifiesta el cumplimiento de las figuras del antiguo pacto. Cristo es «nuestra Pascua» que «ha sido sacrificada» (1 Corintios 5.7), el verdadero Cordero pascual «sin defecto y sin mancha, destinado desde antes de la fundación del mundo» (1 Pedro 1.19-20).

8- La institución de la Santa Cena: señal del nuevo pacto

Esta cena del jueves por la noche constituye el marco solemne de la institución de la Santa Cena. El Mesías Jesús, tomando el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí» (San Lucas 22.19; 1 Corintios 11.24). Asimismo, después de la cena, tomó la copa diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama» (San Lucas 22.20; 1 Corintios 11.25).

El pan y el vino se convierten así en los signos visibles de una entrega total: la de su vida ofrecida para la salvación de la humanidad. Esta institución cumple la promesa profética de Jeremías sobre el nuevo pacto grabado en los corazones (Jeremías 31.31-34; Hebreos 8.8-12) y la de Ezequiel sobre la renovación interior por el Espíritu (Ezequiel 36.26-27).

9- El carácter solemne del discurso de despedida

El carácter excepcionalmente solemne de esta velada se transparenta en el tono mismo del discurso del Mesías Jesús. Ya no se dirige a la multitud como un rabino que enseña, sino que habla como un amigo íntimo y un pastor atento que está a punto de dejar a sus ovejas por un tiempo (Juan 10.11-18; Juan 15.13-15). La atmósfera de la cena está impregnada a la vez de gravedad profética y de ternura pastoral.

Los discursos de despedida relatados por Juan (capítulos 13 a 17) figuran entre las páginas más profundas de la revelación neotestamentaria. En ellos el Mesías anuncia su partida al Padre (Juan 14.1-3; Juan 16.28), promete el envío del Paracleto, el Espíritu de verdad (Juan 14.16-17; Juan 16.7-15), y llama a sus discípulos a permanecer en su amor como los sarmientos permanecen unidos a la vid (Juan 15.1-11).

10- La exhortación al amor fraternal

En el corazón de esta despedida, el Mesías Jesús deja a sus discípulos un mandamiento nuevo: «Amaos unos a otros; como yo os he amado, que también vosotros os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros» (Juan 13.34-35; Juan 15.12-17).

Este mandamiento del amor fraternal constituye la señal distintiva de la comunidad mesiánica. Ya no se trata solamente de amar al prójimo como a uno mismo (Levítico 19.18), sino de amar «como» el Mesías amó, es decir, hasta la entrega total de sí mismo (Efesios 5.2; 1 Juan 3.16). La medida de este amor nuevo es la cruz misma.

11- La conciencia profética del Mesías

El Mesías Jesús sabe con perfecta lucidez que el sufrimiento es inminente, que la cruz lo espera desde el día siguiente. Pero lejos de huir o de manifestar angustia ante los hombres, da testimonio de una paz soberana que sobrepasa todo entendimiento (Juan 14.27; Filipenses 4.7). Esta serenidad procede de su perfecta obediencia a la voluntad del Padre, expresada notablemente en la oración de Getsemaní: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (San Mateo 26.39; Marcos 14.36; San Lucas 22.42).

La oración sacerdotal de Juan 17 revela la profundidad de esta comunión entre el Hijo y el Padre en el umbral de la Pasión. El Mesías ora por su propia glorificación a través de la cruz (Juan 17.1-5), por la protección y la santificación de sus discípulos (Juan 17.6-19) y por la unidad de todos los creyentes venideros (Juan 17.20-26).

12- La herencia espiritual transmitida a los discípulos

En esta cena de la víspera de su Pasión, el Mesías Jesús transmite a sus discípulos su herencia espiritual. Les confía las palabras del Padre (Juan 17.8; Juan 17.14), los exhorta a la fidelidad en medio de las persecuciones venideras (Juan 15.18-21; Juan 16.1-4) y les asegura que su tristeza presente se cambiará en gozo cuando él regrese (Juan 16.20-24).

Sella así, en la intimidad del aposento alto, la comunión eterna entre Dios y los hombres, inaugurando el nuevo pacto profetizado desde hacía siglos. Los discípulos, todavía turbados y sin comprender plenamente el alcance de estas palabras (Juan 16.17-18), recibirán la iluminación del Espíritu Santo después de Pentecostés (Juan 14.26; Hechos 2.1-4).

13- Remisión al anexo ANN027 : La cena de Pascua

Presentamos nuestras conclusiones detalladas sobre esta aparente contradicción cronológica acerca de la fecha de la cena de Pascua en el anexo ANN027 : La última cena de Pascua. En él se examinan con más profundidad los datos históricos (calendarios del Segundo Templo, prácticas galileas, testimonios de Flavio Josefo y de la Misná), las posiciones exegéticas clásicas y contemporáneas, así como las implicaciones teológicas de cada hipótesis.

Esta cuestión, lejos de ser una simple curiosidad cronológica, toca el corazón de la cristología: determina la relación tipológica entre el cordero pascual y el sacrificio del Mesías, y esclarece el significado de la institución eucarística.

14- Conclusión: la cena que abre el camino a la redención

Esta cena, lejos de ser una simple observancia ritual o una costumbre habitual, sigue siendo uno de los actos más significativos de todo el ministerio terrenal del Mesías Jesús. Recapitula la historia de la salvación desde el Éxodo, cumple las figuras proféticas del antiguo pacto e inaugura el nuevo pacto fundado en el amor redentor del Salvador.

Al instituir la Santa Cena, el Mesías abre el camino a la redención consumada en la cruz y a la comunión perpetua entre Dios y su pueblo. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3.16-17). Esta palabra, pronunciada antes en el ministerio de Jesús, encuentra en esta cena pascual su ilustración más elocuente y su cumplimiento más cercano.