Lucas no concede una importancia particular a seguir estrictamente la cronología de los acontecimientos. Al contrario, reúne diversas enseñanzas proclamadas por el Mesías Jesús en distintos momentos y lugares. A partir de San Lucas 9.51, que indica que el Mesías Jesús y sus discípulos salen de Galilea para ir a Jerusalén y participar en la fiesta de del 7 al 13 de octubre del año 31 (San Lucas 17.11), agrupa varias enseñanzas sobre el reino de los cielos. Este tramo, que va de San Lucas 9.51 a San Lucas 19.27, se conoce comúnmente como la gran sección del viaje.
El texto precisa que el Mesías Jesús era consciente de la proximidad de su fin (San Lucas 9.51), lo que justifica su decisión de dirigirse a Jerusalén (San Lucas 13.33). La ubicación exacta de este acontecimiento sigue siendo compleja: San Lucas 17.11 menciona un rodeo por Samaria, lo que no corresponde necesariamente al itinerario del viaje. Además, el hecho de que la intervención en favor de los diez leprosos tuviera lugar a las afueras de una aldea plantea la cuestión de si se trataba de una aldea samaritana.
También conviene considerar San Lucas 17.14, donde el Maestro pide a los leprosos que se presenten ante las autoridades religiosas para que constaten su curación y autoricen su reintegración social. Parece poco plausible que esos responsables residieran en Samaria; es más verosímil que estuvieran establecidos en Judea, probablemente en la región de Jerusalén.
Por otra parte, sus diferencias religiosas implican autoridades distintas, lo que plantea la cuestión de si permanecieron en grupo o se separaron para respetar sus respectivos ritos. Es probable que el samaritano no hubiera sido bien recibido por los religiosos judíos.
El conjunto de estos elementos tiende a confirmar que este acontecimiento tuvo lugar en otro momento. Sin embargo, la falta de información precisa impide situarlo con certeza en la cronología. Así, este pasaje encuentra su legitimidad en la construcción argumentativa de Lucas, aunque su ubicación cronológica siga siendo incierta.
Singularidad y alcance teológico de la curación
Esta curación reviste un carácter excepcional, pues el Mesías Jesús sana a diez personas. Entre ellas hay uno o incluso varios , no se especifica, pero evidentemente una mayoría de judíos. La única persona que muestra agradecimiento resulta ser un extranjero, un samaritano.
Al Mesías Jesús no le costó ningún trabajo discernir el origen samaritano del hombre que volvió a darle las gracias. Ya fuera por su acento, su manera de expresarse o su vestimenta, había señales evidentes de su origen. Sin embargo, la enfermedad había borrado las diferencias étnicas que podían separar a esos hombres. Ante la , toda forma de racismo o de distinción social parecía haber desaparecido en el grupo: el sufrimiento común había unido a estas personas más allá de sus pertenencias.
Así pues, es un extranjero quien vuelve al Mesías Jesús, y es precisamente este punto el que reviste gran importancia. En efecto, este hombre no solo fue sanado: entró en el reino de los cielos (San Lucas 17.19).
Relación con el Reino y apertura universal de la salvación
Justo antes, el Mesías Jesús habla del servicio humilde (San Lucas 17.7-10), y justo después anuncia la venida del Reino (San Lucas 17.20-37). El milagro de los leprosos ilustra que el Reino se manifiesta donde no se espera, en un extranjero agradecido.
Este pasaje anticipa la misión a los gentiles. El hecho de que solo un samaritano regrese para glorificar a Dios muestra que la fe y el agradecimiento no son patrimonio exclusivo de los «buenos creyentes» judíos, sino que pueden surgir donde menos se espera.
En resumen, Lucas coloca este relato aquí para preparar al lector a una relectura del Reino: no viene con espectáculo, sino mediante el encuentro, la fe y la gratitud. Y, sobre todo, viene para todos.
La cuestión de la datación y el alcance del mensaje
Sin embargo, también es posible situar este acontecimiento en un período posterior, por ejemplo después de la resurrección de Lázaro, cuando el Mesías Jesús se retiró con sus discípulos a Efraín, en Samaria. En ese caso, el pasaje se inscribiría en el contexto del viaje a Jerusalén con motivo de la Pascua del 1 de abril del año 33.
A pesar de estas incertidumbres sobre la cronología precisa, parece que Lucas no busca ante todo respetar un orden histórico estricto. Cuidó de integrar este relato después de la de los siervos inútiles, que pone de relieve la inversión de los valores religiosos. Esta ubicación no es casual: permite subrayar que la salvación no se obtiene por las obras humanas ni por los méritos personales, y que ningún hombre puede ejercer presión alguna sobre Dios, que no es deudor de nadie. Esta elección literaria de Lucas realza así el mensaje teológico esencial del pasaje.
Lucas opera aquí otra inversión notable: la salvación no está reservada a quienes parecen destinados naturalmente a recibirla, como los religiosos o los judíos. Al contrario, concierne únicamente a quienes eligen libremente volverse hacia el Mesías Jesús. Así, la pertenencia religiosa o étnica no garantiza, por sí misma, el acceso a la salvación; solo un paso voluntario de fe y de gratitud permite entrar en ella.
Alcance universal del mensaje de Lucas
No se sabe con certeza si el samaritano agradecido era el único extranjero entre los diez leprosos sanados. Sin embargo, es seguro que el grupo incluía también a judíos. Este detalle subraya el alcance universal del mensaje de Lucas: las puertas del reino de los cielos se abren también a los extranjeros. El acceso a la salvación supera, pues, las fronteras establecidas y se ofrece a todos los que, como este samaritano, vuelven a Dios con gratitud.
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