Una inmensa fiesta se celebra en el palacio de Babilonia.
Belsasar ha invitado a mil dignatarios. El vino corre, la música acompaña el banquete y todo parece indicar que el rey todavía posee un poder extraordinario.
Pero Belsasar comete una grave falta.
Manda traer los vasos sagrados que tiempo atrás habían sido tomados del Templo de Jerusalén. Él y sus invitados beben de ellos mientras celebran a sus dioses.
De repente, aparece una mano.
Escribe sobre la pared:
Mene, Mene, Tekel, Parsin.
La fiesta se detiene.
Nadie comprende el mensaje.
Finalmente llaman a Daniel.
Su interpretación es terrible: los días del reino de Babilonia están contados, Belsasar ha sido pesado y hallado falto, y su reino será entregado a los medos y a los persas.
Esa misma noche, Belsasar muere.