Este estudio constituye uno de los elementos de nuestra investigación dedicada a establecer una cronología de la vida del Mesías Jesús a partir de la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27). Debe entenderse en relación con los demás estudios de esta serie, cada uno de los cuales aporta datos complementarios históricos, calendarios y bíblicos. El conjunto de estos trabajos forma un análisis coherente que pretende reconstruir, con la mayor precisión posible, la sucesión de los acontecimientos relatados en los Evangelios.
El historiador trabaja por lo general a partir de hechos establecidos para extraer conclusiones. En el marco de este estudio, el planteamiento es distinto: las Escrituras bíblicas proporcionan un marco cronológico que intentamos confrontar con los datos históricos disponibles.
Conviene recordar que, antes de finales del siglo XIX, la tradición cristiana situaba a menudo el nacimiento del Mesías Jesús entre los años 3 y 1 a. C. Por consiguiente, la muerte del rey Herodes se colocaba naturalmente después de ese período, por lo general hacia el año 1 a. C. Esta datación antigua no era el resultado de un análisis crítico detallado de los textos de Flavio Josefo, pero tampoco se ponía seriamente en duda.
La situación cambió a partir de los trabajos del teólogo alemán Emil Schürer, que publicó en 1890 su obra Historia del pueblo judío en tiempos de Jesucristo. Al reinterpretar la información transmitida por Flavio Josefo, Schürer propuso fijar la muerte de Herodes en el año 4 a. C. Esta reconstrucción cronológica, adoptada progresivamente por gran parte del mundo académico, se basa principalmente en la identificación de un eclipse lunar mencionado por Josefo.
Sin embargo, es importante subrayar que esta datación no constituye un hecho histórico absolutamente demostrado. Se basa en una interpretación de las fuentes antiguas, que a veces siguen siendo imprecisas y están sujetas a distintas lecturas. Varios investigadores han propuesto así otra hipótesis que sitúa la muerte de Herodes en el año 1 a. C., en particular a causa de otro eclipse lunar que podría corresponder al relato de Josefo.
Por tanto, se plantean legítimamente varias preguntas:
- ¿Por qué la mayoría de los historiadores aceptan hoy el año 4 a. C.?
- ¿Se basa esta fecha en una certeza histórica o en una reconstrucción hipotética?
- ¿Sigue siendo históricamente concebible una datación alternativa en el año 1 a. C.?
- ¿Por qué reviste este debate una importancia particular en el estudio de la cronología de la vida del Mesías Jesús?
Estas preguntas son esenciales, porque la fecha adoptada para la muerte de Herodes influye directamente en la cronología del nacimiento de Jesús, luego en la de su ministerio público y, por consiguiente, en la interpretación de varios textos bíblicos importantes, en particular las indicaciones de Lucas (San Lucas 3.1-23) y la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27).
El objetivo de este estudio no es, pues, reescribir la historia ni imponer artificialmente una conclusión, sino examinar con prudencia las diferentes hipótesis propuestas por los historiadores, a fin de determinar si una muerte de Herodes en el año 1 a. C. puede considerarse históricamente plausible y coherente con los datos bíblicos.