CHR008

La muerte del rey Herodes el Grande

El estudio explora la cronología de la muerte de Herodes el Grande, que influye en la datación del nacimiento y del ministerio de Jesús. Basado en los trabajos de Schürer, que propone el año 4 a. C., subraya la importancia de reconsiderar las interpretaciones históricas ante los textos de Flavio Josefo.

35 min Herodes cronología Jesús Flavio Josefo eclipse lunar 25 versículos 4 libros

Para más información

Introducción

Este estudio constituye uno de los elementos de nuestra investigación dedicada a establecer una cronología de la vida del Mesías Jesús a partir de la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27). Debe entenderse en relación con los demás estudios de esta serie, cada uno de los cuales aporta datos complementarios históricos, calendarios y bíblicos. El conjunto de estos trabajos forma un análisis coherente que pretende reconstruir, con la mayor precisión posible, la sucesión de los acontecimientos relatados en los Evangelios.

El historiador trabaja por lo general a partir de hechos establecidos para extraer conclusiones. En el marco de este estudio, el planteamiento es distinto: las Escrituras bíblicas proporcionan un marco cronológico que intentamos confrontar con los datos históricos disponibles.

Conviene recordar que, antes de finales del siglo XIX, la tradición cristiana situaba a menudo el nacimiento del Mesías Jesús entre los años 3 y 1 a. C. Por consiguiente, la muerte del rey Herodes se colocaba naturalmente después de ese período, por lo general hacia el año 1 a. C. Esta datación antigua no era el resultado de un análisis crítico detallado de los textos de Flavio Josefo, pero tampoco se ponía seriamente en duda.

La situación cambió a partir de los trabajos del teólogo alemán Emil Schürer, que publicó en 1890 su obra Historia del pueblo judío en tiempos de Jesucristo. Al reinterpretar la información transmitida por Flavio Josefo, Schürer propuso fijar la muerte de Herodes en el año 4 a. C. Esta reconstrucción cronológica, adoptada progresivamente por gran parte del mundo académico, se basa principalmente en la identificación de un eclipse lunar mencionado por Josefo.

Sin embargo, es importante subrayar que esta datación no constituye un hecho histórico absolutamente demostrado. Se basa en una interpretación de las fuentes antiguas, que a veces siguen siendo imprecisas y están sujetas a distintas lecturas. Varios investigadores han propuesto así otra hipótesis que sitúa la muerte de Herodes en el año 1 a. C., en particular a causa de otro eclipse lunar que podría corresponder al relato de Josefo.

Por tanto, se plantean legítimamente varias preguntas:

  • ¿Por qué la mayoría de los historiadores aceptan hoy el año 4 a. C.?
  • ¿Se basa esta fecha en una certeza histórica o en una reconstrucción hipotética?
  • ¿Sigue siendo históricamente concebible una datación alternativa en el año 1 a. C.?
  • ¿Por qué reviste este debate una importancia particular en el estudio de la cronología de la vida del Mesías Jesús?

Estas preguntas son esenciales, porque la fecha adoptada para la muerte de Herodes influye directamente en la cronología del nacimiento de Jesús, luego en la de su ministerio público y, por consiguiente, en la interpretación de varios textos bíblicos importantes, en particular las indicaciones de Lucas (San Lucas 3.1-23) y la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27).

El objetivo de este estudio no es, pues, reescribir la historia ni imponer artificialmente una conclusión, sino examinar con prudencia las diferentes hipótesis propuestas por los historiadores, a fin de determinar si una muerte de Herodes en el año 1 a. C. puede considerarse históricamente plausible y coherente con los datos bíblicos.

I. La hipótesis de Schürer: una reconstrucción del siglo XIX

En su obra Historia del pueblo judío en tiempos de Jesucristo, publicada en 1890, Emil Schürer propone datar la muerte del rey Herodes en el año 4 a. C. Esta teoría, que se ha vuelto progresivamente mayoritaria en el mundo académico, se basa principalmente en la interpretación de varias indicaciones proporcionadas por el historiador judío Flavio Josefo en sus obras Antigüedades judías y La guerra de los judíos.

Según esta reconstrucción, tres elementos principales llevan a aceptar el año 4 a. C.:

  • Herodes habría reinado treinta y siete años tras su nombramiento por el Senado romano;
  • también habría reinado treinta y cuatro años después de la muerte de Antígono;
  • un eclipse lunar habría ocurrido poco antes de su muerte.

Combinando estos datos con la historia romana conocida, varios historiadores identifican este eclipse con el del 13 de marzo del 4 a. C., lo que situaría la muerte de Herodes algunas semanas más tarde, antes de la fiesta de la Pascua.

Esta reconstrucción presenta cierta coherencia interna y explica por qué ha sido ampliamente adoptada. No obstante, es importante señalar que Flavio Josefo nunca proporciona una fecha absoluta para la muerte de Herodes. Las conclusiones modernas se basan, por tanto, en una serie de deducciones cronológicas y en la elección de un eclipse lunar entre varios posibles.

Nos encontramos así más en el terreno de la reconstrucción histórica que en el de una certeza absoluta. Los textos antiguos emplean con frecuencia modos de cómputo distintos de los nuestros, en particular para los años de reinado, que pueden incluir correinados, años incompletos o métodos de cómputo que varían según las regiones y los autores.

Además, ciertos detalles del relato de Josefo plantean dificultades cuando se aplican al eclipse del 13 de marzo del 4 a. C. En efecto, el historiador relata entre este eclipse y la fiesta de la Pascua una importante sucesión de acontecimientos: agravamiento de la enfermedad de Herodes, ejecución de varios opositores, desplazamientos políticos, muerte del rey, organización de unos funerales grandiosos, período de luto y celebración de la Pascua. Varios investigadores estiman que el plazo relativamente corto entre el eclipse de marzo del 4 y la Pascua deja poco tiempo para el desarrollo completo de estos acontecimientos.

Estas observaciones no invalidan necesariamente la hipótesis del año 4 a. C., pero muestran que sigue siendo una interpretación discutible de las fuentes disponibles. Resulta, pues, legítimo examinar si otra datación, en particular la del año 1 a. C., podría también corresponder a la información transmitida por Flavio Josefo y a los datos bíblicos.

II. Las consecuencias de una muerte en el 4 a. C.

La cuestión de la fecha de la muerte del rey Herodes no es un simple detalle cronológico sin importancia. En efecto, esta datación influye directamente en la interpretación de los relatos del nacimiento del Mesías Jesús, así como en toda la cronología de su ministerio público.

Los Evangelios de Mateo y de Lucas afirman claramente que Jesús nació en vida de Herodes el Grande (San Mateo 2.1; San Lucas 1.5). Este punto no presenta ninguna ambigüedad en los textos bíblicos.

Ahora bien, si Herodes murió en el año 4 a. C., el nacimiento de Jesús debe situarse necesariamente antes de esa fecha, por lo general hacia los años 5 o 6 a. C. Esta conclusión es hoy ampliamente aceptada por los investigadores que adoptan la cronología de Schürer.

Sin embargo, esta reconstrucción plantea varias dificultades cuando se confronta con las demás indicaciones cronológicas de los Evangelios.

Lucas precisa, en efecto, que Jesús «tenía como treinta años cuando comenzó su ministerio» (San Lucas 3.23). El mismo autor sitúa el comienzo del ministerio de Juan el Bautista en «el año decimoquinto del reinado de Tiberio César» (San Lucas 3.1), generalmente entendido entre los años 26 y 27 d. C. teniendo en cuenta el correinado.

Si se añade luego la duración probable del ministerio público de Jesús, estimada a menudo en unos tres años por las distintas Pascuas mencionadas en el Evangelio de Juan (Juan 2.13; Juan 6.4; Juan 11.55), se llega naturalmente a una crucifixión situada hacia el año 33.

En este marco, un nacimiento en el 5 o el 6 a. C. lleva a una edad de Jesús sensiblemente superior a «unos treinta años» en el momento de su bautismo. Por supuesto, la expresión empleada por Lucas sigue siendo aproximada y no constituye un dato matemático absoluto. No obstante, el desfase se vuelve lo bastante importante como para suscitar interrogantes legítimos.

Esta dificultad aparece todavía con más claridad cuando se relacionan estos datos con la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27). Según la interpretación cronológica que desarrollamos en este estudio, esta profecía conduce a una muerte del Mesías en la primavera del año 33, tras un ministerio de unos tres años y medio.

Así, la datación tradicional de la muerte de Herodes en el 4 a. C. engendra varias tensiones cronológicas:

  • con las indicaciones de Lucas sobre la edad de Jesús;
  • con la duración probable de su ministerio;
  • y con la coherencia general de la cronología profética de Daniel.

Estas dificultades no implican automáticamente que el año 4 sea imposible. Muestran, sin embargo, que esta hipótesis no carece de problemas y que sigue siendo legítimo examinar si otra datación, en particular la del año 1 a. C., podría ofrecer una mejor armonización de los datos históricos y bíblicos.

III. Los datos de Flavio Josefo: entre historia e interpretación

Casi la totalidad del debate sobre la fecha de la muerte de Herodes se apoya en los escritos del historiador judío Flavio Josefo (no bíblico). Este constituye nuestra principal fuente histórica sobre el final del reinado de Herodes el Grande y sobre los acontecimientos políticos de ese período.

Sin embargo, es importante recordar que Josefo nunca da una fecha explícita de la muerte de Herodes según nuestro calendario moderno. El historiador proporciona únicamente una serie de indicaciones cronológicas que los investigadores intentan después reconstruir.

Entre estos datos, Josefo afirma en particular:

  • que Herodes murió treinta y siete años después de haber sido proclamado rey por los ;
  • que murió treinta y cuatro años después de la toma de Jerusalén y la desaparición de Antígono;
  • que un eclipse lunar ocurrió poco antes de su muerte;
  • que entonces se observaba un ayuno religioso;
  • que su fallecimiento fue seguido de un importante período de luto antes de la fiesta de la Pascua.

Estos elementos constituyen referencias valiosas, pero todos requieren interpretación.

En efecto, siguen abiertas varias cuestiones:

  • ¿Desde qué momento exacto empieza Josefo a contar el reinado de Herodes?
  • ¿Se cuentan los años de reinado según el método judío, el romano o el inclusivo?
  • ¿Debe situarse la muerte de Antígono exactamente en el 37 a. C. o algo más tarde?
  • ¿Qué eclipse lunar hay que retener?
  • ¿Existieron ciertos períodos de correinado entre Herodes y sus hijos?

Estas dificultades muestran que la cronología de Herodes no se basa en un dato simple e incuestionable, sino en una reconstrucción histórica compleja.

La identificación del eclipse lunar constituye, en particular, uno de los puntos más debatidos. La mayoría de los investigadores retienen el eclipse parcial del 13 de marzo del 4 a. C., porque precede inmediatamente a la Pascua de ese año. Sin embargo, otros investigadores consideran que el eclipse total del 10 de enero del 1 a. C. corresponde mejor al relato de Josefo.

En efecto, entre el eclipse y la fiesta de la Pascua, Josefo describe un gran número de acontecimientos:

  • agravamiento de la enfermedad de Herodes;
  • desplazamiento del rey hacia las aguas termales de Calírroe;
  • regreso a Jericó;
  • ejecución de Antípatro;
  • organización de los funerales reales;
  • período oficial de luto;
  • disturbios políticos;
  • y después celebración de la Pascua.

El plazo relativamente corto entre el eclipse del 13 de marzo del 4 y la Pascua deja poco tiempo para todos estos acontecimientos. Por el contrario, el eclipse del 10 de enero del 1 ofrece un intervalo mucho más largo, que algunos investigadores juzgan más compatible con el relato de Josefo.

Conviene también recordar que las cronologías antiguas contienen con frecuencia imprecisiones de varios meses, incluso de varios años. Los historiadores de la Antigüedad no trabajaban con los estándares cronológicos modernos, y los sistemas de datación variaban considerablemente según las regiones y los autores.

En estas condiciones, parece excesivo presentar la fecha del 4 a. C. como una certeza absoluta. Esta reconstrucción sigue siendo plausible, pero se basa todavía en una interpretación particular de los datos disponibles. Por tanto, la hipótesis de una muerte de Herodes en el año 1 a. C. no puede descartarse de entrada y merece un examen serio.

IV. Los límites de la hipótesis del año 4 a. C.

La datación de la muerte de Herodes en el año 4 a. C. sigue siendo hoy mayoritaria en el mundo académico. Sin embargo, varios elementos muestran que esta reconstrucción descansa sobre bases menos sólidas de lo que a veces parece.

El eclipse del 13 de marzo del 4 a. C.

El argumento principal a favor del año 4 se basa en la identificación del eclipse lunar mencionado por Flavio Josefo con el del 13 de marzo del 4 a. C. Ahora bien, este eclipse presenta varias dificultades.

En primer lugar, se trata de un eclipse parcial relativamente discreto. Algunos investigadores estiman que un fenómeno tan limitado difícilmente corresponde a la importancia que Josefo parece concederle en su relato.

Además, este eclipse ocurre solo unas semanas antes de la fiesta de la Pascua. El plazo disponible resulta entonces particularmente corto para permitir el desarrollo de todos los acontecimientos relatados por el historiador:

  • el agravamiento de la enfermedad de Herodes;
  • su viaje a las aguas de Calírroe;
  • su regreso a Jericó;
  • la ejecución de Antípatro;
  • los preparativos fúnebres;
  • el período oficial de luto;
  • los disturbios políticos;
  • y después la llegada de la Pascua.

Varios especialistas consideran, por tanto, que esta cronología resulta muy condensada si se retiene el eclipse de marzo del año 4.

La cuestión de la muerte de Antígono

La reconstrucción tradicional supone por lo general que Antígono murió en el año 37 a. C. Sin embargo, esta fecha no la da explícitamente Josefo.

Ahora bien, el asedio de Jerusalén duró varios meses y la captura de Antígono no significa necesariamente su ejecución inmediata. Las fuentes antiguas indican que Antígono fue enviado a Antioquía antes de ser finalmente ejecutado por decisión romana.

Algunos investigadores estiman, pues, que su muerte pudo ocurrir más tarde, posiblemente en el 36 a. C. En esta hipótesis, los «treinta y cuatro años» mencionados por Josefo conducirían naturalmente hacia los años 2 o 1 más bien que hacia el año 4.

Los problemas relacionados con los reinados de los hijos de Herodes

Otro argumento invocado a menudo concierne a los diez años de reinado de Arquelao antes de su destitución en el año 6 d. C. Este cálculo parece llevar directamente a una muerte de Herodes en el año 4.

Sin embargo, esta conclusión supone que el reinado de Arquelao comienza exactamente con la muerte de su padre y que no existió ningún correinado anterior. Ahora bien, las prácticas políticas orientales y romanas permitían con frecuencia períodos de transición o de correinado entre un soberano envejecido y sus herederos.

Además, los sistemas antiguos de cómputo de los años de reinado utilizaban a veces métodos inclusivos o redondeados, lo que hacía los cómputos menos precisos que los nuestros.

Una reconstrucción historiográfica, no una certeza absoluta

El conjunto de estas observaciones no pretende demostrar que el año 4 a. C. sea imposible. Esta hipótesis sigue siendo históricamente defendible y continúa siendo adoptada por numerosos investigadores.

No obstante, parece importante reconocer que se basa en varias elecciones interpretativas:

  • la elección del eclipse del 13 de marzo del 4 a. C.;
  • una determinada manera de contar los años de reinado;
  • una datación precisa de la muerte de Antígono;
  • y la ausencia de un correinado significativo.

No estamos, pues, ante una certeza histórica incuestionable, sino ante una reconstrucción cronológica plausible entre otras. En estas condiciones, la hipótesis alternativa de una muerte de Herodes en el año 1 a. C. merece ser examinada con seriedad en lugar de descartarse como imposible.

V. La hipótesis de una muerte de Herodes en el año 1 a. C.

Ante las dificultades planteadas por la cronología tradicional, varios investigadores han propuesto otra reconstrucción que sitúa la muerte de Herodes en el año 1 a. C. Esta hipótesis, aunque minoritaria, se apoya también en argumentos históricos, astronómicos y cronológicos serios.

El eclipse del 10 de enero del 1 a. C.

Uno de los principales argumentos a favor de esta datación concierne al eclipse lunar del 10 de enero del 1 a. C. A diferencia del del 13 de marzo del 4, se trata de un eclipse total particularmente visible en la región.

Sobre todo, este eclipse precede a la fiesta de la Pascua en unos tres meses. Este plazo resulta mucho más compatible con la sucesión de acontecimientos relatados por Flavio Josefo:

  • agravamiento del estado de salud de Herodes;
  • desplazamiento a Calírroe;
  • regreso a Jericó;
  • ejecución de Antípatro;
  • organización de los funerales reales;
  • período de luto;
  • disturbios relacionados con la sucesión;
  • y después celebración de la Pascua.

Varios historiadores consideran así que esta cronología concuerda más naturalmente con el eclipse de enero del año 1 que con el de marzo del año 4.

Una mejor coherencia con los Evangelios

Esta hipótesis permite también armonizar más fácilmente las indicaciones proporcionadas por Mateo y Lucas.

Mateo afirma que Jesús nació «en días del rey Herodes» (San Mateo 2.1) y relata luego la visita de los magos y la matanza de los niños de Belén (San Mateo 2.16). Una muerte de Herodes en el año 1 deja más tiempo para el desarrollo de estos acontecimientos tras el nacimiento de Jesús.

Por su parte, Lucas precisa que Jesús tenía «como treinta años» cuando comenzó su ministerio (San Lucas 3.23). Si se acepta un nacimiento hacia el año 2 a. C. y una crucifixión en la primavera del 33, esta indicación resulta más coherente.

Los debates en torno al censo de Quirinio

Uno de los puntos a menudo discutidos concierne al censo mencionado por Lucas (San Lucas 2.1-2). Algunos investigadores favorables a un nacimiento de Jesús hacia el año 2 consideran la hipótesis de una misión administrativa anterior de Quirinio en Siria antes de su gobierno oficialmente atestiguado en el año 6 d. C.

Esta cuestión sigue debatida entre los historiadores. Sin embargo, la ausencia actual de una prueba definitiva no permite afirmar con certeza que Lucas se equivocara. Los archivos antiguos sobre la administración romana de este período siguen siendo fragmentarios, y varios elementos de la cronología oriental de comienzos del siglo I siguen discutiéndose.

Una hipótesis minoritaria pero defendible

La fecha del 1 a. C. es defendida hoy por varios investigadores modernos, entre ellos:

  • E. Filmer;
  • Ernest Martin;
  • Andrew Steinmann;
  • Gérard Gertoux, tesis de Gerard Gertoux;
  • así como otros especialistas en cronologías bíblicas y antiguas.

Su existencia muestra que el debate sigue abierto en ciertos ámbitos académicos y que no existe unanimidad absoluta sobre esta cuestión.

Sería, pues, excesivo presentar el año 4 a. C. como una verdad definitivamente adquirida. Los datos históricos permiten todavía varias reconstrucciones plausibles, entre las cuales la hipótesis de una muerte de Herodes en el año 1 a. C. aparece como una posibilidad coherente y seriamente argumentada.

VI. Síntesis cronológica propuesta

A partir de los elementos estudiados anteriormente, parece posible proponer una reconstrucción cronológica coherente que integre tanto los datos bíblicos como las indicaciones de Flavio Josefo y las observaciones astronómicas.

En esta hipótesis, la muerte de Herodes el Grande se situaría a comienzos del año 1 a. C., después del eclipse total del 10 de enero del 1 y antes de la fiesta de la Pascua celebrada en la primavera siguiente.

La cronología propuesta puede resumirse entonces así:

  • 10 de enero del 1 a. C.: eclipse lunar total mencionado indirectamente por Flavio Josefo;
  • finales de enero del 1 a. C.: muerte de Herodes el Grande;
  • primavera del 1 a. C.: funerales reales y celebración de la Pascua;
  • otoño del 2 a. C.: nacimiento probable del Mesías Jesús;
  • otoño del 29 d. C.: bautismo de Jesús y comienzo de su ministerio público (San Lucas 3.1-23);
  • 1ᵉʳ avril 33 apr. J.-C. : crucifixion du Messie Jésus, au moment de la Pâque (Juan 19.14 ; Juan 19.31).

Esta reconstrucción presenta varias ventajas:

  • permite conservar las indicaciones cronológicas de Mateo y de Lucas sin tener que reinterpretar con fuerza sus declaraciones;
  • mantiene la coherencia de la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27);
  • ofrece un plazo más realista entre el eclipse lunar y la fiesta de la Pascua mencionada por Josefo;
  • tiene en cuenta las incertidumbres reales sobre los métodos antiguos de cómputo de los años de reinado.

Conviene, no obstante, recordar que esta cronología sigue siendo una reconstrucción histórica. Las fuentes antiguas siguen siendo fragmentarias y varios puntos continúan debatiéndose entre los investigadores. Nuestro objetivo no es, por tanto, pretender zanjar definitivamente toda dificultad, sino mostrar que una datación en el año 1 a. C. sigue siendo históricamente concebible y merece examinarse con seriedad.

En estas condiciones, resulta metodológicamente excesivo presentar la fecha del 4 a. C. como una certeza absoluta que obligue necesariamente a reinterpretar las indicaciones bíblicas. La existencia de una hipótesis alternativa creíble invita, por el contrario, a una mayor prudencia en las afirmaciones históricas sobre el final del reinado de Herodes el Grande.

Conclusión

La datación de la muerte del rey Herodes el Grande en el año 4 a. C., ampliamente adoptada desde los trabajos de Emil Schürer a finales del siglo XIX, se basa en una reconstrucción cronológica coherente, pero no en una certeza histórica absoluta. Esta hipótesis depende, en efecto, de varias elecciones interpretativas sobre los escritos de Flavio Josefo, la identificación de un eclipse lunar preciso, el cómputo de los años de reinado y la cronología de los acontecimientos que rodean el final del reinado de Herodes.

Ahora bien, el examen atento de las fuentes antiguas muestra que varios de estos elementos siguen siendo discutidos. Los datos de Josefo no proporcionan ninguna fecha explícita según nuestro calendario moderno y dejan lugar a diversas interpretaciones posibles. En estas condiciones, parece excesivo presentar el año 4 a. C. como un hecho definitivamente establecido que no admite discusión.

La hipótesis de una muerte de Herodes en el año 1 a. C. sigue siendo, pues, históricamente concebible. Presenta incluso varias ventajas:

  • concuerda más naturalmente con las indicaciones cronológicas de los Evangelios;
  • respeta las afirmaciones de Mateo y de Lucas según las cuales Jesús nació en vida de Herodes (San Mateo 2.1; San Lucas 1.5);
  • corresponde mejor a la indicación de Lucas según la cual Jesús tenía «como treinta años» al comienzo de su ministerio (San Lucas 3.23);
  • permite una armonización más coherente con la cronología profética de Daniel (Daniel 9.24-27);
  • por último, parece más compatible con el desarrollo de los acontecimientos relatados por Flavio Josefo entre el eclipse lunar y la fiesta de la Pascua.

Nuestro objetivo no es pretender resolver definitivamente un debate historiográfico todavía discutido hoy, sino recordar que existen varias reconstrucciones plausibles y que los textos bíblicos no deben descartarse en favor de una hipótesis histórica presentada erróneamente como absolutamente cierta.

Los Evangelios muestran, por el contrario, una voluntad manifiesta de anclar la vida del Mesías Jesús en la historia real, mencionando a las autoridades políticas y religiosas de la época (San Lucas 3.1-2). Lucas mismo precisa haber realizado cuidadosas investigaciones antes de redactar su relato (San Lucas 1.1-4). Estos elementos invitan a considerar con seriedad la coherencia histórica de las informaciones bíblicas.

Así, en el estado actual de los conocimientos, una muerte de Herodes el Grande en el año 1 a. C. sigue siendo una hipótesis creíble, históricamente defendible y compatible con el conjunto de los datos bíblicos, cronológicos y astronómicos que hemos examinado a lo largo de este estudio.