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El Evangelio de Mateo

El Evangelio según Mateo es obra del apóstol, antiguo cobrador de impuestos de Cafarnaún, designado por los Doce para consignar su testimonio colectivo. Quiere mostrar a los judíos que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas, relacionando con precisión las Escrituras con los hechos y las palabras de Jesús.

31 min Evangelio de Mateo Mateo, apóstol cobrador de impuestos Cafarnaún Mesías 32 versículos 5 libros

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Introducción

Entre los doce apóstoles, Pedro y Juan ocupan un lugar destacado en los textos bíblicos. Los demás son citados con menos frecuencia, y solo aparecen en breves menciones dispersas. La conversión de Mateo no se distingue como un acontecimiento especialmente significativo, al igual que las de Andrés o de Santiago. Parece, pues, que los datos sobre Mateo tienen sobre todo el propósito de presentarnos al autor del Evangelio.

En realidad, estos pocos pasajes que relatan la conversión de Mateo y el banquete que dio después en Cafarnaún tienen como única finalidad reforzar la autoridad de quien iba a poner por escrito los relatos de las acciones del Mesías Jesús.

Así pues, nuestra información sobre Mateo es muy limitada e insuficiente para elaborar su biografía. Sin embargo, podemos sacar algunas conclusiones, en particular en lo que se refiere a sus capacidades intelectuales.

I. El Evangelio de Mateo

Nuestra intención no es llevar a cabo un análisis académico en profundidad del Evangelio de Mateo. En lugar de repetir escritos ampliamente conocidos, queremos destacar ciertos aspectos que todavía suscitan debate hoy por la falta de pruebas concretas.

En el anexo ANN049: Los objetivos de los Apóstoles, y en el capítulo: Los Evangelios, examinamos los motivos que, según nuestro análisis, llevaron a los doce apóstoles a encargar a Mateo la redacción del primer Evangelio.

En resumen, Mateo, a menudo considerado el intelectual de los doce, recibió la ardua tarea de poner por escrito el testimonio de los Apóstoles.

Según nuestras conclusiones, se trata de un trabajo colaborativo, y Mateo se apoya en las notas tomadas con sus amigos. Creemos que es uno de los iniciadores de este proyecto. Mateo tiene la costumbre de ponerlo todo por escrito y parece comprender, sin duda mejor que sus compañeros, la importancia de documentar esos años pasados junto al Maestro.

Domina el arameo y probablemente el hebreo, así como el griego, indispensable para su cargo de recaudador. Escribir le resulta instintivo, como una segunda naturaleza.

Mateo se enfrenta a un verdadero desafío ante la multitud de informaciones disponibles. ¿Cómo condensar todos estos acontecimientos, cada uno excepcional a su manera?

Es crucial hacer una selección para producir un relato que sea breve, claro y, sobre todo, persuasivo. Utilizando sus notas y con la ayuda de sus amigos, elaborará una lista representativa de los milagros realizados por el Mesías Jesús. De esa lista sacará material para componer su texto.

El eje central de su relato era tejer el vínculo entre las profecías y los actos de Jesús, el Mesías. Este texto está, pues, concebido como una prueba destinada al pueblo judío, que muestra que Jesús es verdaderamente el rey Mesías anunciado en las santas Escrituras.

II. Mateo, el hombre

Mateo, el autor del Evangelio que llevará su nombre a partir del siglo II, es en realidad ese cobrador de impuestos de Cafarnaún que fue llamado a ser Apóstol, y que forma parte de los doce.

Es, por tanto, un testigo directo de los acontecimientos que va a describir. De hecho, consignará no solo sus propios recuerdos, sino también los de sus amigos.

Mateo ejerce sus funciones en la oficina de impuestos de Cafarnaún, en Galilea, probablemente para los y quizá también para Herodes, que cobraba directamente los impuestos sobre la pesca en el .

La obtención de un puesto así demuestra una confianza mutua entre el ocupante romano y el beneficiario. Parece claro que el padre de Mateo debía de mantener relaciones estrechas con esas autoridades.

Mateo proviene de una familia acomodada, lo que facilitó su formación académica y su carrera.

Domina el griego, la lengua del comercio, así como el arameo para comunicarse con sus conciudadanos, y probablemente el hebreo, la lengua religiosa de la época. Escribe con soltura y se desenvuelve bien con las cifras. Sería el tesorero ideal para el grupo, pero Judas Iscariote parece ocupar ya ese puesto.

Marcos y Lucas lo llaman Leví.

Tenemos pocos detalles sobre la conversión de Mateo, salvo que Jesús lo llamó mientras trabajaba en el puesto de peaje de Cafarnaún. Es probable que ya se hubieran encontrado antes y que Mateo estuviera convencido por las enseñanzas de Jesús en el momento de este llamado.

Sabemos que organizó un gran banquete en honor del Mesías Jesús, invitando a todos sus amigos y colegas.

Aunque figura entre los 12 Apóstoles, sigue siendo una personalidad modesta y poco célebre, que solo se distingue por la redacción del Evangelio al que está vinculado su nombre.

Los nombres de los autores atribuidos a los Evangelios que conocemos hoy solo aparecerán a partir del siglo II, con el fin de simplificar su estudio.

Mateo figura en las diversas listas de los Apóstoles. Su última mención se encuentra en Hechos 1.13.

Una vez decidida la redacción de su testimonio, Mateo se impuso con naturalidad como la mejor elección. Es el único que posee las competencias intelectuales necesarias para poner por escrito su relato.

Aunque Mateo presenció directamente los acontecimientos que describe, no eligió él solo los hechos que debían anotarse. Parece que el grupo elaboró un borrador, que luego Mateo utilizó principalmente para su redacción. Pedro y Marcos también se servirán de él.

III. El resultado de su trabajo

El objetivo de Mateo se descubre fácilmente al leer su texto. Pretende demostrar que este Jesús, a quien trató durante 3,5 años, es efectivamente el Mesías anunciado por los profetas, el Rey de los judíos.

Establecerá, pues, paralelismos entre la vida de Jesús y la descripción del Mesías Rey en los libros de los . Estas referencias, esta genealogía de José, la elección de las historias que va a contarnos, concurren juntas a demostrar, a personas que conocen bien la ley de Moisés, y por tanto a los judíos en primer lugar, que el hombre crucificado el 1 de abril del año 33 es en verdad aquel a quien todos esperaban, el Siloh.

Su libro no es, en consecuencia, una biografía, sino un alegato a favor de la mesianidad de Jesús.

Debemos reconocer que otros antes se habían presentado al pueblo como el Mesías, pero resultaron ser impostores; por eso Mateo nos demostrará, pruebas en mano, que este Jesús es verdaderamente, y solo él, el verdadero Mesías, el Rey de los judíos.

Todos los reyes judíos debían ser descendientes de la familia de Judá y, por tanto, de David; Mateo nos va a referir la genealogía de José. Como padre adoptivo de Jesús, José aportaba la herencia de su linaje, de modo que, para todo judío, Jesús podía aspirar al título de rey.

Mateo anotará entre 32 y 50 veces las profecías del Antiguo Testamento, según la precisión de la cita que se acepte. Podemos llegar incluso a 53 citas directas y 76 alusiones.

Al analizar todas las referencias al Antiguo Testamento en los cuatro Evangelios, según el Diccionario Bíblico Westphal tenemos:

50 citas y 437 reminiscencias o alusiones en Mateo,

23 citas y 204 reminiscencias en Marcos,

25 citas y 474 reminiscencias en Lucas y

15 citas y 364 reminiscencias en Juan.

Observamos que Mateo destaca ampliamente en cuanto al número de alusiones a profecías.

Para resumir, Mateo redactó un texto que se apoya ampliamente en escritos de los , con el simple fin de probar que Jesús es verdaderamente el Mesías anunciado. Se dirige a los judíos y redacta su texto en la única lengua que entendía esa población, el arameo. Una traducción griega, tal vez realizada por él mismo, le seguirá rápidamente.

Conviene recordar que Mateo no tenía ningún modelo que seguir para esta empresa. A menudo se le considera el pionero en la redacción de lo que llegaría a ser el Evangelio.

IV. Las particularidades del texto de Mateo

El autor del primer Evangelio emplea ciertas formas lingüísticas relacionadas con la realeza, más que sus amigos.

–El Hijo de David

Mateo nos presenta a Jesús como el rey de los judíos, el hijo de David; en 9 ocasiones retoma esta expresión (San Mateo 1.1; San Mateo 9.27; San Mateo 12.23; San Mateo 15.22; San Mateo 20.30; San Mateo 20.31; San Mateo 21.9; San Mateo 21.15 y San Mateo 22.42).

Marcos solo retomará 3 veces esta misma forma (Marcos 10.48; Marcos 10.48 y Marcos 12.35).

Lucas también anotará 3 veces esta fórmula (San Lucas 18.38; San Lucas 18.39 y San Lucas 20.41). Mencionará además el trono de David (San Lucas 1.32). En cuanto a Juan, no emplea esta expresión.

Para Mateo, lo importante es que el Mesías Jesús es efectivamente el rey de Israel, el hijo de David y de Abraham.

–La ciudad natal de David, Belén

Registrará este hecho 5 veces en su relato (San Mateo 2.1; San Mateo 2.5; San Mateo 2.6; San Mateo 2.8; Mateo 2.16). Marcos no cita esta aldea, mientras que Lucas la anota solo en dos ocasiones (San Lucas 2.4; San Lucas 2.15) y Juan una sola vez (Juan 7.42).

–El trono de su gloria

Es el único que usa esta expresión, y lo hace dos veces (San Mateo 19.28 y San Mateo 25.31). También anota 2 veces el trono de Dios (San Mateo 5.34 y San Mateo 23.22), que Lucas retoma una sola vez (San Lucas 1.32). Marcos y Juan ni siquiera emplean este término, trono.

–El reino

Solo Mateo llama a Jerusalén la ciudad santa (San Mateo 4.5), la ciudad del gran Rey (San Mateo 5.35) o la ciudad del reino; este término aparece 52 veces en su relato.

Es el único, en todo el Nuevo Testamento, que usa la expresión «reino de los cielos», que anota en 32 ocasiones, sin contar las 4 veces en que emplea la forma «reino de Dios».

A modo de comparación, Marcos usa 19 veces el término «reino», 7 de ellas en la forma «reino de Dios», que Lucas retoma 33 veces de sus 40 apariciones de este término, mientras que Juan la usa 2 veces de sus 5 empleos de la palabra reino.

Observamos este vínculo muy marcado entre el Mesías Jesús y el reino de los cielos o de Dios en el Evangelio de Mateo. ¡Es, pues, Rey!

–el recuerdo de las citas de los profetas

Ya hemos abordado estas referencias en el capítulo anterior. El texto de Mateo se presenta como un alegato sólidamente construido sobre numerosas alusiones a la y a los libros proféticos. El lector judío puede comprender con facilidad este argumento y aceptar más fácilmente su conclusión: Jesús es el Mesías.

V. La cronología de los acontecimientos en el relato de Mateo

Al comparar el relato de Mateo con el de Marcos, que parece el más parecido, observamos diferencias notables en la serie de acontecimientos. En efecto, Mateo no sigue estrictamente el orden cronológico de los hechos, a diferencia de Marcos, que respeta más esta sucesión según nuestro estudio.

Consideremos los capítulos 5 y 7 de Mateo, que incluyen diversas enseñanzas del sermón del monte. Al compararlos con San Lucas 6.20-49, se observan algunas diferencias que resultan de sus distintas maneras de contar los hechos.

El capítulo trece de Mateo ilustra a la perfección su estilo de escritura, pues reúne varias para examinarlas minuciosamente. Mateo tiende a privilegiar un análisis profundo de los acontecimientos antes que un relato puramente cronológico.

Hay que recordar que Mateo, Marcos, Lucas y Juan no escribieron una biografía de Jesús según las normas actuales. Su objetivo era apoyar su argumentación relatando hechos históricos.

VI. La fecha de redacción del Evangelio de Mateo

No prevemos repetir los argumentos expuestos en las secciones anteriores.

Le invitamos a leer el anexo ANN049: Los objetivos de los apóstoles, así como el capítulo sobre los Evangelios.

Así pues, nuestra posición es inequívoca: Mateo redacta su Evangelio en primer lugar, antes del año 46, período que corresponde al regreso de Marcos tras su viaje con el Apóstol Pablo y su primo Bernabé. Pedro, asistido por Marcos, se pone rápidamente a elaborar una segunda versión destinada a los no judíos, hacia el 46 o 47. Este nuevo texto será una simple adaptación del de Mateo, destinada a los gentiles.

Reconocemos la existencia de múltiples puntos de vista, a menudo serios, sobre este tema. Sin embargo, por el momento, no son más que suposiciones.

Solo podremos dar una respuesta definitiva y precisa a esta cuestión tras el descubrimiento de documentos que daten de mediados del siglo I. Hasta entonces, debemos resignarnos a las conjeturas.

Consideramos que nuestra demostración es la más realista y la más pragmática.

VII. La prioridad de Mateo

Reconocemos que numerosos especialistas contemporáneos defienden la prioridad del Evangelio de Marcos. Esto significa que consideran a Marcos como el primer Evangelio, sobre el que se basaron los demás.
Nuestro análisis nos lleva, por el contrario, a considerar que Mateo redactó su Evangelio en primer lugar. Esta es, además, la tesis que prevaleció hasta finales del siglo XVIII. Fueron exegetas protestantes quienes, en esa época, pusieron en duda esta teoría.

Leer el capítulo: Los Evangelios.

La anterioridad de Mateo confirma que el orden de los Evangelios en nuestras Biblias es cronológico. Ya hemos explicado, en el capítulo sobre los Evangelios, las razones que nos llevan a considerarlo así.

En efecto, entre los doce miembros del grupo, Mateo era el único que, por sus capacidades intelectuales, podía redactar su testimonio.

Solo después de una primera lectura del resultado de su trabajo, el Apóstol Pedro se da cuenta de que este documento es complicado de entender para un gentil. Mateo utilizó demasiadas referencias a los escritos judíos y al judaísmo, desconocidos para los nuevos conversos ajenos al mundo judío.

En esta etapa, comprende que hace falta otra versión y contempla la creación de un nuevo texto. Con Marcos, retoman el relato de Mateo suprimiendo numerosas referencias al Antiguo Testamento.

Aspiran a un texto claro y universal, comprensible en primer lugar para los griegos, pero también, después, para todos los extranjeros.

Leer el anexo ANN015: El Evangelio de Marcos.

Conclusión

Observamos que los datos sobre Mateo son escasos y tienen como único fin presentar a quien escribiría el primer relato de los actos del Mesías Jesús.

La prioridad de su relato que contemplamos se deriva simplemente de la información que se encuentra en nuestros Evangelios y del clima de persecución que vivieron los apóstoles.

Esta anterioridad fue ampliamente aceptada durante 19 siglos sin oposición significativa, hasta que intelectuales protestantes propusieron que el Evangelio de Marcos fuera el primero. Aunque esta nueva teoría presenta cierto interés, resulta difícilmente verosímil a la luz de nuestro análisis del contexto político del siglo I.

Mateo se dirige a sus compatriotas judíos con una argumentación clara y accesible para un público familiarizado con el judaísmo. Más tarde, con el fin de llegar a un auditorio más amplio, Mateo o sus allegados propondrán una versión griega de este escrito.

También creemos que las aptitudes intelectuales de Mateo lo impulsaron, dentro del grupo de los doce, a sugerir y apoyar la idea de redactar su testimonio. Este proyecto forma parte también del plan divino de dar un carácter universal al mensaje del Mesías Jesús.