El Evangelio según Marcos ocupa un lugar aparte entre los cuatro relatos. Sus orígenes, su composición y los vínculos entre Marcos y los acontecimientos que relata, iluminados por las fuentes históricas y la tradición, fundamentan la credibilidad de su autor.
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Evangelio de MarcosRedacciónNuevo Testamento
14 versículos
5 libros
En este anexo resumiremos la información que encontramos principalmente en la Biblia, y en particular en el Nuevo Testamento.
Numerosos comentaristas de los textos del Nuevo Testamento afirman que el Evangelio de Marcos sería el primero en haberse redactado, seguido luego por los de Mateo y Lucas, y por último el de Juan.
Sin embargo, la hipótesis de la anterioridad de Marcos es discutida, y otros expertos sitúan más bien a Mateo en primer lugar, justo antes de Marcos. En el capítulo titulado «Los Evangelios», explicamos las razones que nos han llevado a defender la hipótesis de una anterioridad de Mateo.
El Evangelio de Marcos siguió rápidamente, de modo que podríamos decir que fueron editados casi simultáneamente. En este estudio vamos a analizar los orígenes de este Evangelio sin entrar en detalles que cada uno puede leer en Internet.
I. Marcos, el autor del Evangelio
Observamos que los libros de Marcos y de Juan están firmados de manera indirecta; en el caso de Juan, mediante la expresión recurrente «el discípulo a quien Jesús amaba», y en el de Marcos, a través de una anécdota poco común y muy personal.
En cuanto al Evangelio de Marcos, no se trata propiamente de una firma, sino más bien de una nota personal que nos guía hacia la identificación del autor.
Pero ¿quién era este joven? Parece que es el autor de este Evangelio, pues es el único que conoce un detalle tan íntimo. Lucas nos relata otro hecho que, como veremos, nos permitirá identificar a este personaje.
Estamos algunos meses después de la muerte del Mesías Jesús, y Marcos es un hombre conocido. Su madre, María, muy activa en el apoyo a los discípulos, es llamada «la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos».
Pero ¿qué vínculo nos permite afirmar que el Marcos del Evangelio y Juan, llamado Marcos, hijo de María, son una y la misma persona?
El joven citado en el Evangelio de Marcos no habría podido saber cuándo y adónde irían el Mesías Jesús y sus discípulos la noche del arresto, a menos que él mismo estuviera en la misma casa, la de María mencionada por Lucas.
En ese caso, María es la madre de Marcos, el autor del Evangelio que ahora lleva su nombre. Observamos que cuando dos discípulos llevan el mismo nombre, a menudo se distinguen por un sobrenombre, como Jacobo el hijo de Zebedeo y el otro Jacobo, el hijo de Alfeo. Jacobo, el hermano del Señor, era calificado de Justo, Jacobo el Justo.
Ningún otro Marcos es mencionado en los Evangelios. Podemos, por tanto, afirmar que Marcos, el autor del Evangelio, es ese joven que corría de noche por Jerusalén y que es el hijo de María, propietaria de una gran casa en Jerusalén.
Este joven no formaba, pues, parte de los Apóstoles y no fue un testigo directo de lo que va a escribirnos. En estas condiciones, ¿por qué se consideró auténtico este escrito?
¿Cuáles son las fuentes de Marcos?
II. Un testimonio interesante
Eusebio, obispo de Cesarea, cita hacia el año 325 el testimonio de Papías, obispo de Hierápolis (hacia los años 125-130), quien a su vez refería las afirmaciones de un tal Juan el Anciano, que podría ser el apóstol Juan. Esto es lo que dice:
«Marcos, que había sido el intérprete de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, aunque no lo hizo en orden, de las palabras y los hechos del Señor. Pues no había oído al Señor ni había sido su discípulo, sino más tarde, como he mencionado, el de Pedro. Pedro daba sus enseñanzas según las necesidades, sin procurar dar un relato ordenado de los discursos del Señor. Así, Marcos no cometió error al escribir algunas cosas tal como las recordaba. Su única preocupación era no omitir nada de lo que había oído y no referir sino la verdad.»
Esta cita nos ofrece la siguiente información: Marcos, o Juan Marcos, fue el intérprete del apóstol Pedro. Este testimonio se remontaría al apóstol Juan, autor del cuarto Evangelio.
En efecto, dada la importancia del apóstol Pedro, es sorprendente que no haya escrito directamente un Evangelio. Quisiéramos subrayar dos puntos: el primero, ¿por qué Pedro, como hizo con sus epístolas o a semejanza de Pablo, no firmó este escrito si era su fuente principal?
El segundo, ¿cómo es posible que en ningún momento, al leer este texto, se perciba al simple secretario que se limita a escribir lo que se le dicta?
En efecto, al leer estas líneas, se tiene la impresión de que quien redacta ha vivido lo que describe.
III. El Evangelio según Marcos
La atribución de la redacción de este Evangelio a Marcos no se produjo hasta finales del siglo II. En esa época, Marcos, ya fallecido, era muy conocido en el medio cristiano.
No fue, pues, Marcos mismo quien se atribuyó la paternidad de esta obra. El hábito ya estaba establecido: era Marcos quien había redactado este Evangelio, y la denominación ‘según Marcos’ no hizo más que ratificar una evidencia para todos en aquella época.
Es probablemente para restablecer un punto histórico importante, según él, que Eusebio nos transmite la información que hemos mencionado. ¿Quizá deseaba simplemente respaldar la autenticidad de este escrito?
Parece evidente que, aunque Marcos no fue un apóstol, sí fue un discípulo. Gracias a su madre, María, se acercó muy pronto al grupo de íntimos que seguían a Jesús, el Mesías.
Así, aunque no fue testigo de todos los milagros que relata, asistió de todos modos a algunos acontecimientos. También conocía la mayoría de los hechos que Pedro le contaba.
Además, trataba a los apóstoles, que se reunían a menudo, sobre todo durante las grandes fiestas judías, en la casa de su madre. Por el conjunto de estas razones, cuando leemos los relatos de Marcos, tenemos la impresión de que fue un testigo directo de ellos.
IV. La casa de María
Marcos se mantiene discreto en su redacción. Cuando menciona la casa donde tendrá lugar la última cena del Señor, no indica explícitamente que se trate de la casa de María, su madre.
En lugar de ello, aporta detalles que mantienen cierta confidencialidad en cuanto a la ubicación del lugar. Esta discreción contrasta con el segundo libro de Lucas, que divulga claramente todos los detalles.
Esta diferencia nos lleva a pensar que el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por Lucas, fue publicado en una época en que los testigos ya no corrían el riesgo de ser perseguidos, lo que no ocurre en el momento de la redacción del relato de Marcos.
Constatamos que Lucas, en su Evangelio, aunque fue escrito más tarde que el de Marcos, todavía toma precauciones al describir la casa de María, mientras que en su segunda obra revela todos los detalles.
Este episodio nos recuerda el relato de Marcos 11.1-7, donde observamos el conocimiento sobrenatural del Mesías Jesús. En nuestro caso, la prudencia era necesaria, porque las autoridades religiosas buscaban información sobre el grupo de los apóstoles con el fin de arrestarlos también Marcos 14.11, Juan 11.57.
Este testimonio, atribuido al apóstol Pedro y citado por Marcos y retomado luego por Lucas, nos hace suponer que se trata de la casa de María, la madre de Marcos. Marcos, que vivía en esta morada, pudo seguir discretamente los acontecimientos de la cena, la partida del grupo y estar presente en el arresto final. No podía revelar abiertamente que se trataba de la casa de su madre, pero los detalles solo podían provenir de un allegado, testigo directo de los acontecimientos.
El temor a las autoridades religiosas judías era palpable. Demasiados detalles podrían permitir a las autoridades localizar el lugar de reunión, poniendo así en peligro a María, su madre, así como a sus siervos. Esta casa se convertiría después en un lugar de reunión para los discípulos en busca de refugio.
La resurrección del Mesías Jesús y el discurso de Pedro en Pentecostés fueron sin duda elementos desencadenantes del compromiso personal de Marcos. Fue, pues, testigo de los últimos momentos de la vida terrenal del Mesías Jesús y estuvo presente en Pentecostés, celebrándose esa reunión, con toda verosimilitud, en esa misma casa. Es poco probable que los discípulos dispusieran de varias casas grandes en Jerusalén. La hipótesis de esta única casa, la de María, madre de Juan, llamado Marcos, resulta lógica y nos ayuda a comprender el desarrollo de los acontecimientos durante la última cena de la Pascua.
María, la madre de Juan Marcos, era bien conocida del Mesías Jesús y de los discípulos, lo que facilitó la incorporación de su hijo a este grupo. Judas Iscariote también estaba presente en esta casa, pero no condujo allí a los soldados para el arresto del Mesías Jesús.
Parece que Judas no deseaba denunciar a sus antiguos compañeros, sino únicamente al Mesías Jesús. Con su suicidio, escapó a los interrogatorios de las autoridades religiosas judías, que querían erradicar este movimiento naciente persiguiendo a los discípulos y a sus apoyos.
Los discípulos se escondían, y este joven, Marcos, huyó, dejando su túnica en manos de sus agresores. Era primavera, en plena noche, y todos dormían, de modo que Marcos no debió de pasar demasiado frío y, sobre todo, escapó por poco de ser capturado.
María, la madre de Juan, llamado Marcos, poseía, pues, una casa en Jerusalén, que se convirtió en un punto de reunión para los apóstoles. Era lo bastante grande para acoger a un número considerable de discípulos, estando presentes 120 el día de Pentecostés.
Situada en un barrio residencial de Jerusalén, esta morada contaba con criadas y probablemente con siervos, entre ellos el hombre que llevaba un cántaro mencionado en Marcos 13.13.
Juan Marcos creció, pues, en un entorno privilegiado. Está claro que María tenía una confianza inquebrantable en sus siervos y siervas, pues acoger a los apóstoles buscados por los soldados no carecía de riesgo. Probablemente ellos mismos eran discípulos del Mesías Jesús, como sugieren las palabras de Rode en Hechos 12.14-16.
V. José de Arimatea
Algunos exegetas han sugerido un vínculo entre José de Arimatea y María, la madre de Juan, llamado Marcos. Los Evangelios, al no proporcionar ninguna información sobre la identidad del padre de Marcos, permiten especular sobre diversas posibilidades.
José de Arimatea, considerado como el esposo o el padre de María, es una de esas hipótesis, motivada en particular por el hecho de que la vasta morada de María implica cierta holgura económica. José, conocido por ser un hombre de importante posición y probable propietario de una gran casa, podría corresponder a este perfil. Sin embargo, estos vínculos siguen siendo puramente conjeturales a falta de pruebas escriturales directas.
No existe un vínculo directo entre José de Arimatea y María, la madre de Juan, llamado Marcos, mencionada en los textos bíblicos. José de Arimatea es conocido por haber pedido a Pilato el cuerpo de Jesús después de su crucifixión para sepultarlo en su propio sepulcro nuevo, como relatan los cuatro evangelios San Mateo 27.57-60, Marcos 15.42-46, San Lucas 23.50-54 y Juan 19.38-42.
María, la madre de Juan, llamado Marcos, es mencionada en los Hechos de los Apóstoles como una figura importante de la comunidad cristiana primitiva en Jerusalén. Su casa servía de lugar de reunión para la oración Hechos 12.12.
Los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles no mencionan un vínculo familiar ni una interacción específica entre estas dos personas. Aparecen en contextos diferentes y desempeñan papeles distintos en los relatos del Nuevo Testamento.
VI. El vínculo especial de Pedro con Marcos, y el proyecto de Pedro
El padre de Marcos nunca es mencionado, lo que sugiere que María podría ser viuda. Él formaba sin duda parte de la rica élite religiosa de la época que residía cerca del templo.
Desde su más tierna edad, Marcos está inmerso en este entorno. Aunque entonces es solo un adolescente, conoce a los Apóstoles y al Mesías, Jesús. Mantiene un vínculo especial con uno de ellos, Pedro.
Esta expresión afectuosa proviene con seguridad de que Marcos se convirtió durante un discurso de Pedro, quizá en Pentecostés, justo después de la crucifixión, el 22 de mayo del año 33.
Marcos está muy comprometido con esta nueva misión y decide acompañar a Pablo y Bernabé en un gran viaje destinado a anunciar la Buena Noticia en los países limítrofes. Estamos entonces en el año 45.
Observamos que Bernabé, el amigo y principal colaborador del apóstol Pablo, es primo de Marcos. Pablo acepta llevar a este joven como asistente para el viaje.
Pero no todo sale como Marcos se había imaginado.
Marcos, evidentemente, no esperaba tantas dificultades en este viaje. No logró seguir a Pablo y Bernabé, que estaban más curtidos. Abandona rápidamente y regresa a Jerusalén.
Podemos imaginar su desconcierto e incluso la vergüenza de este regreso prematuro.
Pedro va a ayudar a este joven a superar esta prueba. Podemos suponer que, desde su regreso en el año 45, Pedro, viendo una oportunidad, empieza a trabajar con Marcos en la redacción de su Evangelio. Tenía el deseo de dejar un testimonio escrito para la posteridad, lo que se desprende de los textos escritos posteriormente.
Pedro había comprendido desde hacía mucho que la escritura era el medio más fiable de dejar constancia de su testimonio y de su enseñanza. Por ello procuraba que sus palabras quedaran consignadas por escrito. Silvano, su secretario, parece haber sido encargado de redactar las dos epístolas.
Su Evangelio ya había sido puesto por escrito con Marcos mucho antes. Este texto permaneció anónimo durante los dos primeros siglos, pero se admitía comúnmente que Pedro era su autor y Marcos, el escritor o intérprete.
Marcos nunca habría osado, ni siquiera deseado, atribuirse la redacción de este Evangelio. En cuanto a las epístolas, el principio es diferente: la mención del nombre del autor es esencial.
Silvano precisa claramente que es Pedro quien es su autor. Estas cartas pueden fecharse antes de los años 64 a 68, período que corresponde a la persecución llevada a cabo por el emperador Nerón.
VII. El texto del Evangelio
Marcos había recibido una sólida instrucción. Su familia acomodada, residente en Jerusalén, le había permitido acceder a los mejores maestros de la capital. Dominaba el griego.
¿Podría la presencia de este joven intelectual haber sido una señal para Pedro de comprometerse en la redacción de una nueva versión del Evangelio? Ya lo hemos mencionado: la primera versión del Evangelio, conocida como ‘según Mateo’, no respondía por completo a las expectativas de Pedro.
En efecto, este libro, orientado principalmente a los lectores judíos, necesitaba una revisión para dirigirse mejor a los lectores no judíos, en particular a los griegos.
Sin embargo, las cualidades intelectuales de Marcos no parecen tan notables como se habría podido suponer. La mayoría de los especialistas coinciden en que el estilo es bastante rudimentario y que ni Marcos ni Pedro poseían las competencias literarias de un Pablo.
A pesar de estas críticas severas y sorprendentes, es innegable que este texto ha sido leído y releído por cientos de millones de personas.
El estilo griego de las dos epístolas de Pedro es claramente diferente, lo que sugiere una contribución significativa de Silvano.
A través de las épocas, ya sea en la Antigüedad, en la Edad Media, durante el Siglo de las Luces o en la época moderna, estas líneas han cautivado a un número incalculable de lectores por razones personales innegables. Hay verdaderamente algo excepcional en este Evangelio de Marcos y, más ampliamente, en toda la Biblia.
VIII. La aventura del joven Marcos
La historia de Marcos no termina ahí. Tras el concilio de Jerusalén en el año 49, desea de nuevo acompañar a Pablo y Bernabé en un segundo viaje. Han transcurrido unos cinco años, y la postura del apóstol Pablo se ha vuelto radical.
El apóstol Pablo se niega categóricamente a volver a llevar a Marcos como ayudante, su decisión es irrevocable. Ante esta situación, Bernabé se separa de Pablo y decide partir hacia la isla de Chipre, de la que es originario, acompañado de su primo Marcos. Pablo, por su parte, partirá con Silas.
Ya no disponemos de detalles sobre este viaje, pues toda la atención queda ahora captada por Saulo de Tarso, convertido en el Apóstol Pablo. Es interesante, sin embargo, señalar que las relaciones entre Pablo y Marcos mejoraron claramente después.
Hacia el final de su vida, Pablo solicita la ayuda de Marcos, reconociendo su utilidad para el ministerio. Si el apóstol Pablo afirma esto, es verosímilmente porque ha constatado personalmente las nuevas cualidades de Marcos.
Parece que Marcos y Lucas, dos autores de los Evangelios, se trataron en esta época. Probablemente intercambiaron impresiones sobre su respectivo trabajo, aunque la redacción del Evangelio de Marcos estaba terminada desde hacía mucho.
IX. Fecha de redacción del Evangelio de Marcos
Es difícil determinar una fecha precisa de redacción para este Evangelio. Es importante no confundir redacción con traducción o copia. El éxito de este libro se debe a que, en su primera publicación, muchas personas podían autenticar los acontecimientos que relata. El testimonio de estos primeros lectores reforzó la credibilidad del escrito.
No hay que suponer que estos lectores eran crédulos y aceptaban sin pruebas estos relatos extraordinarios. Ellos también necesitaban pruebas, y la confirmación por numerosos testigos aún vivos fue determinante en la difusión y el éxito de este Evangelio.
No podemos afirmar que la primera versión publicada fuera tan completa como la que conocemos hoy. Algunos pasajes pudieron ser añadidos por los propios autores a lo largo de los años, antes de llegar a nuestra versión definitiva.
Esta práctica no es dudosa, sino que refleja más bien el deseo de los escritores, testigos de los acontecimientos, de transmitir la versión más perfecta y comprensible.
Estamos convencidos de que el primer borrador de este Evangelio ya era conocido antes del concilio de Jerusalén en el año 49 y de que, desde el año 45, Pedro y Marcos habían comenzado a trabajar en este proyecto. Inicialmente, se trataba de retomar y revisar el texto de Mateo.
Por todas estas razones consideramos una publicación hacia los años 46 o 47 a más tardar.
X. El final del Evangelio de Marcos
Para más información puede consultar el capítulo: «Los Evangelios»
Los doce últimos versículos de Marcos 16.9-20 no aparecen en algunos de los manuscritos más antiguos, lo que ha llevado a distintos eruditos a afirmar que fueron añadidos tardíamente al texto original.
Sin embargo, disponemos de testimonios de escritores del siglo II que hacen referencia a él. En nuestras traducciones modernas, este pasaje se coloca a menudo entre paréntesis, como hace la traducción , para indicar que no está presente en todos los manuscritos considerados originales. Nos encontramos así ante un debate de expertos sin un consenso claro.
Al leer el texto, observamos una transición brusca entre los versículos Marcos 16.8 y Marcos 16.9, sin vínculo aparente entre estas dos partes, lo que sugiere efectivamente una adición a esta conclusión. A pesar de todo, hay dos puntos importantes que señalar. En primer lugar, el texto sigue siendo conforme a los demás escritos de los Evangelios y no contradice ni se aparta de los otros relatos en ningún momento. En segundo lugar, la Iglesia incluyó estos doce versículos en el canon.
En estas condiciones, no hay motivo para dudar de la autenticidad de este relato, aunque podamos considerar que fue escrito algo más tarde.
Consideramos dos hipótesis principales: la primera, Marcos y Pedro habrían concluido su relato en el versículo Marcos 16.8, y luego habrían estimado que este final podía mejorarse, añadiendo así posteriormente los doce últimos versículos.
La segunda, el final original de su relato se habría perdido, provocando esta nueva redacción. Es incluso posible que otro autor, con cierta autoridad dentro de la Iglesia, realizara esta modificación basándose en los relatos de Mateo y de Lucas.
Parece difícil, a la vista de la información limitada de la que disponemos, determinar las verdaderas razones de este cambio al final del Evangelio de Marcos, pero la información que aporta se alinea con los textos de los otros Evangelios.
Conclusión
Este texto atribuido a Marcos y Pedro aparece como una revisión del de Mateo, con las referencias a la cultura judía suprimidas. Este Evangelio parece dirigirse principalmente a los no judíos, poco familiarizados con los escritos de los grandes profetas mencionados en la .
Aunque su redacción no alcance la calidad literaria de los escritos de Pablo, su ritmo rápido y sus secuencias breves de acontecimientos, desprovistas de adornos, lo convierten en un relato cautivador, particularmente adaptado a una generación que busca información directa.
A diferencia de sus contemporáneos, Marcos no aporta elementos inéditos y queda, por tanto, incluido en los relatos de Mateo y de Lucas. En teoría, podría omitirse sin alterar de manera significativa la comprensión global de estos acontecimientos. Sin embargo, la importancia de este relato reside en otra parte: hoy responde perfectamente a las necesidades de una generación que se aparta de la lectura profunda y de las convenciones literarias tradicionales en favor de un enfoque más directo de la información.
Las diferentes escenas presentadas por Marcos y Pedro se asemejan a nuestros cómics modernos que cautivan a tantos jóvenes lectores. El mensaje vivo del Mesías Jesús, relatado en el Evangelio de Marcos, estaba probablemente destinado también a la joven generación contemporánea.
Un título, un personaje, un lugar, una referencia («Lucas 15»)…
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Referencia bíblica
INF082
Nota informativa
INF082 - La Bible Segond 21 (S21)
La Bible Segond 21 (S21)
La Segond 21. A continuación, algunos datos clave sobre esta versión:
Contexto y objetivos
Fecha de publicación: 2007 Modernización: La Segond 21 pretende modernizar el lenguaje de la traducción de Louis Segond manteniendo una gran fidelidad a los textos originales hebreos y griegos. Claridad y accesibilidad: Se pone el acento en la claridad y la accesibilidad del texto para los lectores contemporáneos.
Características principales
Fidelidad a los textos originales: La Segond 21 se basa en los manuscritos antiguos más fiables para garantizar una traducción precisa y fiel. Revisión lingüística: Se revisó el lenguaje para reflejar mejor los usos modernos de la lengua francesa, conservando al mismo tiempo la riqueza y la profundidad del texto bíblico. Notas y referencias: La versión incluye con frecuencia notas explicativas y referencias que ayudan a comprender y estudiar las Escrituras.
Importancia
Uso extendido: La Segond 21 se utiliza ampliamente en los ambientes protestantes francófonos, sobre todo para los estudios bíblicos y la lectura personal. Accesibilidad: Gracias a su lenguaje modernizado, es accesible a un público más amplio, incluidas las nuevas generaciones de lectores.
La Segond 21 fue realizada por un equipo pluridisciplinar de traductores, lingüistas y teólogos, y requirió unos 12 años de trabajo hasta su finalización.
Estas revisiones muestran la evolución de la traducción de Louis Segond para adaptarse a los cambios lingüísticos y a las necesidades de los lectores con el paso del tiempo.
INF012
Nota informativa
INF012 - Las diferentes Biblias
Las diferentes Biblias
No existen varias Biblias, ya sea la de los protestantes, la de los católicos u otras. Encontramos diferentes traducciones que tienen todas el mismo origen, a saber, textos griegos para el Nuevo Testamento y hebreos para el Antiguo Testamento.
La Biblia hebrea contiene únicamente el Antiguo Testamento.
Es importante señalar que la versión llamada del «Nuevo Mundo» es objeto de críticas, en particular por ciertas decisiones de traducción que se tomaron para adecuarla a la teología de los Testigos de Jehová. Algunos especialistas consideran estas decisiones deshonestas e indefendibles.
El sentido de nuestras palabras evoluciona con el tiempo y algunas desaparecen; por ello es necesario emplear términos comprensibles para los lectores, de ahí las sucesivas adaptaciones.
A menudo se trata de simples revisiones, como comprobamos con las diferentes versiones de Louis Segond o de Augustin Crampon. Los cristianos católicos han añadido a sus traducciones 7 libros más, exclusivamente en el Antiguo Testamento. Estos libros se llaman deuterocanónicos o apócrifos.
INF004
Nota informativa
INF004 - Los romanos
Los romanos
En el año 63 a. C., el general romano Pompeyo invadió el territorio de Israel y tomó Jerusalén. Gracias a Julio César, el judaísmo se convirtió en el año 45 a. C. en una religión legal.
Cinco años después, en el 40 a. C., el emperador Augusto puso fin a la dinastía asmonea y nombró rey de los judíos a Herodes el Grande, un idumeo, es decir, sin linaje real.
Pocos años después de la muerte de Herodes el Grande, en el año 6 d. C., Roma cambió el estatus de Judea, así como de Samaria e Idumea (el Edom bíblico), para transformarlas en provincias romanas puestas bajo la responsabilidad de procuradores romanos.
Los hijos del monarca Herodes fueron promovidos por la autoridad romana a tetrarcas y gobernaron estas diversas provincias bajo la égida de los procuradores.
Por consiguiente, durante el ministerio del Mesías Jesús, un prefecto, Poncio Pilato, y un tetrarca, Herodes Antipas, se repartían el poder. Los dos hombres se odiaban hasta el día de la condena del Mesías Jesús (San Lucas 23.12).
Cuarenta años después de la crucifixión del Mesías Jesús, la insurrección de los judíos, iniciada en el año 66, fue sofocada; Tito destruyó el templo de Jerusalén en el año 70 y todo terminó con la caída de Masada el 2 de mayo del año 73.
Otras revueltas seguirían hasta el año 135.
En el año 130, el emperador Adriano cambió de nuevo el estatus del país de Israel al crear una nueva colonia romana; el nombre de Jerusalén fue sustituido por Aelia Capitolina.
El Mesías Jesús ejerció su ministerio en un territorio ocupado por los romanos, con un gobernador designado por Roma.
Tres hombres se repartían, pues, en ese momento de la historia, la dirección del país de Israel:
Poncio Pilato, el prefecto romano, poseía todos los poderes, en particular sobre Judea.
Herodes Antipas reinaba sobre Galilea y Perea.
El sumo sacerdote Caifás, responsable de los asuntos religiosos.