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La rebelión del discípulo Pedro y la curación de Malco

Este artículo explora el arresto de Jesús en Getsemaní, donde Pedro, en un gesto impulsivo, corta la oreja de Malco. Jesús calma la situación sanando a Malco, subrayando así su misión divina y rechazando la violencia, conforme a las Escrituras. Muestra su dominio y el amor divino incluso hacia quienes lo arrestan.

18 min Rebeldía de Pedro Curación de Malco Jardín de Getsemaní Arresto de Jesús 26 versículos 6 libros

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Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 26.51-54 (Reina-Valera 1909)

Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.

Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.

¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?

¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?

Marcos
Marcos 14.47-49 (Reina-Valera 1909)

Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja.

Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á tomarme?

Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.

Lucas
San Lucas 22.49-51 (Reina-Valera 1909)

Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?

Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha.

Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.

Juan
Juan 18.10-11 (Reina-Valera 1909)

Entonces Simón Pedro, que tenía espada, sacóla, é hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.

Jesús entonces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El huerto de Getsemaní, al pie del monte de los Olivos, frente a la ciudad de Jerusalén

Fecha: el viernes 1 de abril, muy temprano por la mañana

Modo de proceder: Seguimos ahora a Marcos

Nota sobre el modo de proceder: Mateo, Lucas y Juan también relatan este acontecimiento

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del viernes

En el arresto del Mesías Jesús, Pedro no puede evitar reaccionar.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_8 Se detienen al pie del , en el huerto de Getsemaní. San Mateo 26.36; Marcos 14.32.

_9 Pasan una hora en oración, de las 2 a las 3 h. San Mateo 26.40.

_10 Llega la tropa dirigida por Judas Iscariote. Seguimos en la noche del jueves, antes del amanecer del viernes, hacia las 3 h. Marcos 14.43-52; San Mateo 26.47-56; San Lucas 22.47-53; Juan 18.2-12.

_11 El arresto tiene lugar en ese momento, hacia las 3 h 30. Estamos a unos 1 km del Templo. San Mateo 26.47; Marcos 14.43; San Lucas 22.47; Juan 18.3.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

En el tumulto del arresto, Simón Pedro no puede evitar reaccionar. Su gesto es impulsivo, casi instintivo: saca su espada e hiere al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha (Juan 18.10). El siervo, llamado Malco según Juan, escapa por poco de la muerte. Pedro no bromea: su golpe iba probablemente dirigido a la cabeza, y solo un movimiento de retroceso salvó la vida de este hombre. Los Sinópticos mencionan el incidente sin nombrar a Pedro, sin duda para evitarle problemas en una época en que las autoridades religiosas perseguían a los discípulos. Juan, que escribe más tarde, puede citar su nombre sin riesgo, pues Pedro ya había muerto cuando lo redactó.

El Mesías Jesús interviene de inmediato. Según Mateo, ayuda a Pedro a comprender la situación recordándole que la violencia no es el camino del Reino:

San Mateo 26.52 (Reina-Valera 1909) :
Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.

También le muestra que nadie le quita la vida, sino que es él quien la da voluntariamente, conforme a la misión recibida del Padre (Juan 10.17-18). Podría haber llamado a doce legiones de ángeles para que lo defendieran (San Mateo 26.53), pero rechaza toda resistencia, porque las Escrituras deben cumplirse (San Mateo 26.54).

El Mesías Jesús recuerda así que su arresto no es un fracaso, sino la etapa necesaria del plan redentor, expresión suprema del amor divino por el mundo (Juan 3.16-17).

Lucas añade un detalle conmovedor: el Mesías Jesús sana de inmediato la oreja de Malco, ante todos los que pueden ver la escena (San Lucas 22.51). Este gesto, discreto pero poderoso, impide que la situación degenere en un baño de sangre. El Mesías Jesús no permite que su arresto se convierta en el detonante de un motín o de un enfrentamiento armado. Protege a sus discípulos, pero también a sus enemigos.

En el tumulto, es posible que el incidente pasara casi inadvertido para la mayoría de los soldados, pero es difícil imaginar que Malco haya olvidado alguna vez aquel momento en que aquel a quien venía a arrestar lo sanó.

El Mesías Jesús señala también la incoherencia de quienes vienen a arrestarlo: enseñaba cada día en el Templo, y sin embargo vienen de noche, armados como contra un bandido (Marcos 14.48-49). Su actitud revela el temor a un levantamiento popular y la voluntad de evitar todo testigo. Pero a pesar de su fuerza y de su estrategia, el Mesías Jesús sigue siendo dueño de la situación. Avanza libremente, calma a Pedro, sana a Malco y recuerda que todo se desarrolla según el designio divino.

Así, los cuatro relatos muestran un contraste impactante: la violencia impulsiva de Pedro, el temor de las autoridades, la confusión de los soldados y, en el centro, la soberana serenidad del Mesías. Jesús no se limita a evitar la escalada; manifiesta una autoridad que no tiene nada de militar y todo de espiritual. Se entrega voluntariamente, protege a los suyos, hace el bien a quien lo hiere y avanza hacia la cruz con una determinación que revela la profundidad de su amor y la grandeza de su misión.

Este episodio subraya la aceptación voluntaria por parte del Mesías Jesús de su misión redentora. Su oración en Getsemaní anticipa el sacrificio de la cruz, donde llevará el pecado del mundo (Isaías 53.5-6, 1 Pedro 2.24). La sumisión del Mesías Jesús ilustra también el ejemplo perfecto para los creyentes que enfrentan la prueba: velar, orar y aceptar la voluntad de Dios incluso en el sufrimiento (1 Pedro 4.1-2).