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El combate en la oración

El artículo analiza la oración de Jesús en Getsemaní, que ilustra su sufrimiento humano y su sumisión a la voluntad divina. Destaca el contexto histórico y bíblico del acontecimiento y ofrece una reflexión teológica sobre la misión redentora de Jesús y la exhortación a velar y orar en la prueba.

17 min oración Getsemaní Jesús sufrimiento discípulos 26 versículos 6 libros

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Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 26.37-45 (Reina-Valera 1909)

Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedeo, comenzó á entristecerse y á angustiarse en gran manera.

Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.

Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?

Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.

Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.

Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.

Entonces vino á sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.

Marcos
Marcos 14.33-41 (Reina-Valera 1909)

Y toma consigo á Pedro y á Jacobo y á Juan, y comenzó á atemorizarse, y á angustiarse.

Y les dice: Está muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aquí y velad.

Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.

Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son á ti posibles; traspasa de mí este vaso; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú.

Y vino y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora?

Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad es presto, mas la carne enferma.

Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras.

Y vuelto, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados; y no sabían qué responderle.

Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya y descansad: basta, la hora es venida; he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.

Lucas
San Lucas 22.39-46 (Reina-Valera 1909)

Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.

Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.

Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,

Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Y le apareció un ángel del cielo confortándole.

Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza;

Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.

Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El jardín de Getsemaní, al pie del monte de los Olivos, frente a la ciudad de Jerusalén

Fecha: el viernes 1 de abril, muy temprano por la mañana

Procedimiento: Seguimos ahora a Marcos

Nota sobre el modo de proceder: Mateo, Lucas y Juan también relatan este acontecimiento

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del viernes

Jesús el Mesías se aparta en el jardín de Getsemaní para orar, mientras sus discípulos, que se han quedado a distancia, se duermen.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_8 Se detienen al pie del , en el jardín de Getsemaní. San Mateo 26.36, Marcos 14.32.

_9 Pasan una hora en oración, de 2 a 3 h. San Mateo 26.40.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

Los pasajes de San Mateo 26.37-45, Marcos 14.33-41 y San Lucas 22.39-46 describen la agonía de Jesús en Getsemaní, un lugar concreto del , de ahí que los evangelistas empleen las dos denominaciones. Jesús se retira allí con Pedro, Santiago y Juan para orar, mientras los demás discípulos permanecen a distancia (San Mateo 26.36-37, Marcos 14.32-33). Lucas precisa que aquel lugar era su costumbre (San Lucas 22.39), lo que explica que Judas pudiera dirigirse allí directamente.

Aunque es Hijo de Dios, Jesús manifiesta un sufrimiento humano intenso. Confiesa estar «lleno de tristeza y de angustia» (San Mateo 26.38) y ruega con insistencia que «esta copa» (símbolo del sufrimiento y de la ira divina) se aparte de él (Marcos 14.36, San Lucas 22.42). Sin embargo, somete su voluntad a la del Padre: «hágase tu voluntad» (San Mateo 26.39). Esta oración revela su plena humanidad y su obediencia perfecta (Hebreos 5.7-8).

Pedro, Santiago y Juan son testigos de esta escena, pero sucumben al sueño a pesar de las exhortaciones de Jesús a velar y orar (San Mateo 26.40-41, Marcos 14.37-38). Su incapacidad para mantenerse despiertos contrasta con la angustia solitaria del Mesías Jesús. Lucas señala que estaban agobiados por la tristeza (San Lucas 22.45), lo que puede explicar su cansancio. Sin embargo, no durmieron de forma continua, pues pudieron referir las palabras y la actitud del Maestro.

Solo Lucas relata dos detalles impresionantes: un ángel apareció para fortalecer a Jesús (San Lucas 22.43) y su sudor se hizo «como gotas de sangre» (San Lucas 22.44). Estas precisiones están ausentes del relato de Mateo, que sin embargo fue testigo ocular presente aquella noche, y del de Marcos, que transmite el testimonio directo de Pedro.

Si Pedro, Santiago y Juan fueron realmente los únicos testigos de la escena, su silencio en los Evangelios sinópticos sugiere que no consideraron necesario incluir estos elementos, quizá por pudor o por preocupación teológica. Lucas, en cambio, en su rigurosa investigación (San Lucas 1.1-4), recogió estas tradiciones orales o testimonios complementarios, quizá de otros discípulos o de las mujeres que acompañaban a Jesús, y decidió consignarlos para subrayar la intensidad sobrenatural de la agonía del Maestro.

Este episodio subraya la aceptación voluntaria por parte del Mesías Jesús de su misión redentora. Su oración en Getsemaní anticipa el sacrificio de la cruz, donde llevará el pecado del mundo (Isaías 53.5-6, 1 Pedro 2.24). La sumisión del Mesías Jesús ilustra también el ejemplo perfecto para los creyentes que enfrentan la prueba: velar, orar y aceptar la voluntad de Dios incluso en el sufrimiento (1 Pedro 4.1-2).