San Lucas 9.10 se limita a mencionar el regreso de los apóstoles (PER166) sin ofrecer más detalles, mientras que Marcos 6.30-31 tampoco aporta información más precisa. Se observa así una diferencia marcada en la manera de relatar este acontecimiento, el regreso de los setenta discípulos. Lucas destaca una situación particular que suscitó el asombro de estos hombres, tan satisfechos de sus resultados que el Mesías Jesús les recuerda lo esencial:
Lucas aprovecha este momento para recordar las palabras del Maestro que confirman su divinidad y su posición de Hijo de Dios.
Este pasaje tiene una importancia significativa, pues muestra que, en la situación difícil que atraviesa el Mesías Jesús, la continuidad de su obra parece ya asegurada. Unos discípulos, que gozan de la autoridad transmitida por su Maestro, son capaces de revelar la gloria de Dios y de ejercer una influencia notable.
Estas capacidades no proceden de la naturaleza humana, ni siquiera transformada, sino únicamente del don de Dios. Este don resulta esencial para cumplir la misión a la que el Mesías Jesús convocó a los setenta discípulos.
Estos hombres se han convertido en embajadores de Dios, destinados a anunciar su mensaje pero también a manifestar su poder. Estamos en las antípodas del supuesto ministerio de los , y el pueblo lo advierte bien.
Al destacar este acontecimiento, Lucas subraya de manera explícita que el futuro sigue garantizado, incluso después de la desaparición del Maestro.
Acerca de las palabras del Mesías Jesús citadas en San Lucas 10.21-22 (San Mateo 11.25-27) queremos hacer varias observaciones.
Un momento de alegría divina: El Mesías Jesús se regocija en el Espíritu Santo; es uno de los pocos momentos en los Evangelios en que se menciona explícitamente su alegría. Celebra que Dios elija revelar sus verdades a los «niños», es decir, a los humildes, a los sencillos, a quienes reciben con fe, en lugar de a los sabios e inteligentes según los criterios humanos.
Una revelación selectiva y soberana: Este texto subraya la soberanía de Dios en la revelación espiritual. No es la inteligencia ni el estatus lo que abre el acceso al conocimiento divino, sino la apertura del corazón. A Dios le agrada trastocar las lógicas humanas: lo que está oculto a las élites se ofrece a los pequeños.
La relación única entre el Padre y el Hijo: El versículo de San Lucas 10.22 es una poderosa declaración teológica: solo el Padre conoce plenamente al Hijo, y solo el Hijo conoce plenamente al Padre, y elige a quién quiere revelarlo. Esto pone de relieve la intimidad de la Trinidad y el papel central de Jesús como mediador del conocimiento divino.
En resumen, este pasaje es una alabanza, una oración, una declaración teológica y una invitación a la humildad. Nos recuerda que la revelación de Dios no es una conquista intelectual, sino un don gratuito, y que el Mesías Jesús está en el centro de esta revelación.
¿El número exacto de discípulos era de 70 o de 72?