Marcos y Mateo relatan que el Mesías Jesús, acompañado de sus discípulos, salió de Galilea para dirigirse a Fenicia, al norte del territorio israelí. No se precisan los motivos de este desplazamiento. Sin embargo, el Mesías Jesús dijo a una mujer que pedía la curación de su hija: «No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Esta declaración hace difícil entender este viaje fuera de Israel. Es posible que la presencia de los constituyera una amenaza, lo que llevó al Mesías Jesús a alejarse temporalmente. Marcos subraya también que el Mesías Jesús buscó refugio en una casa para ocultarse. Sin embargo, su fama le había precedido, y los habitantes del lugar enseguida reconocieron quién era.
¿Es posible comparar el encuentro con la mujer sirofenicia con el de la mencionado en Juan 4.1-42, donde está escrito que debía pasar por Samaria (Juan 4.4)? Es verosímil que este encuentro con la mujer también fuera necesario.
Examinemos ahora los textos en detalle
Los textos de San Mateo 15.21-28 y de Marcos 7.24-30 relatan el mismo acontecimiento: el encuentro entre Jesús y una mujer sirofenicia (o cananea). Estos pasajes ponen de relieve la apertura del mensaje del Mesías Jesús a los no judíos, y subrayan al mismo tiempo ciertos elementos teológicos y culturales. He aquí un análisis y una comparación detallados:
Análisis de San Mateo 15.21-28
En este pasaje, el Mesías Jesús se retira a la región de Tiro y Sidón, una zona habitada por no judíos. Una sale a su encuentro e implora la curación de su hija, poseída por un demonio. El Mesías Jesús permanece al principio en silencio, lo que lleva a los discípulos a pedirle que la despida. Cuando le responde, afirma que ha sido enviado a las ovejas perdidas de Israel, lo que sugiere que su misión está destinada prioritariamente a los judíos.
La mujer insiste y se arrodilla ante él, suplicando de nuevo su ayuda. El Mesías Jesús le responde con una frase aparentemente dura: «No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos». Ella replica con humildad que los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos, lo que muestra que acepta una salvación extendida a las naciones. Impresionado por su fe, el Mesías Jesús sana de inmediato a su hija.
Análisis de Marcos 7.24-30
Marcos retoma el mismo relato, pero con diferencias notables. El Mesías Jesús entra en una casa y procura mantener su estancia en discreción, pero la mujer sirofenicia lo encuentra e implora su ayuda. A diferencia de Mateo, Marcos no menciona a los discípulos interviniendo en la escena.
La y la de la mujer son similares a las de Mateo. Sin embargo, Marcos es menos detallado sobre el diálogo y las emociones de la mujer. El Mesías Jesús reconoce enseguida su fe y le anuncia la curación de su hija. El relato de Marcos es, pues, más conciso y se centra en el efecto inmediato del milagro.
Comparación entre San Mateo 15.21-28 y Marcos 7.24-30
Destinatarios y perspectiva teológica :
Mateo escribe para un público judío; por eso insiste en el papel inicial de Jesús con Israel y en la extensión de la salvación a las naciones tras una demostración de fe.
Marcos se dirige a un público más amplio, probablemente no judío, y pone menos énfasis en el aspecto progresivo de la salvación.
Papel de los discípulos :
En Mateo, los discípulos desempeñan un papel activo al pedir a Jesús que despida a la mujer, lo que intensifica la tensión dramática del relato.
En Marcos, están ausentes, lo que vuelve a centrar la interacción en Jesús y la mujer.
Estructura y estilo :
Mateo es más narrativo y dramático: el diálogo es más largo, con varias intervenciones antes de que Jesús reconozca la fe de la mujer.
Marcos es más breve y fáctico: reduce el diálogo y la escena es más directa.
Tono e impacto emocional :
Mateo destaca la perseverancia y la humildad de la mujer.
Marcos pone más el acento en la eficacia inmediata del milagro.
Conclusión
Los dos relatos ilustran un momento crucial en el que el Mesías Jesús manifiesta la apertura de su salvación más allá de Israel. Mateo hace hincapié en el proceso de reconocimiento de la fe, mientras que Marcos presenta una versión más rápida y pragmática del milagro. Esta diferencia de perspectiva refleja sus objetivos redaccionales: Mateo quiere mostrar la progresión del mensaje cristiano, mientras que Marcos busca subrayar la eficacia del poder de Jesús. La actitud del Mesías Jesús hacia esta mujer parece áspera. Gracias a la insistencia y la perseverancia de su madre, la hija será sanada de su enfermedad según Mateo, mientras que Marcos atribuye esa enfermedad a un demonio.
La actitud del Mesías Jesús, en este caso particular, parece muy excepcional, porque habitualmente animaba a las personas y las incitaba a la fe (Juan 11.40). Sin embargo, el Mesías Jesús conocía la convicción de esta mujer y demostró que, a pesar de los obstáculos, su fe permanecía inquebrantable. Al rechazar sus peticiones, mostró que nada podía frenar su determinación. Así, la fe de esta extranjera se convirtió en un ejemplo para la Iglesia. Ningún obstáculo debería contrariar la fe.