El texto de Lucas y el de Mateo presentan similitudes notables. Sin embargo, sus autores no sitúan estos pasajes en el mismo período: los separa una diferencia de unos dos años.
Este hecho no es sorprendente, pues Jesús retomaba a menudo el mismo tema en diversos lugares y circunstancias.
El Mesías Jesús evoca aquí el comportamiento de un administrador o un siervo. Señala dos posibilidades: en la primera, el administrador tiene a su cargo a varios empleados, trabaja y, al parecer, cumple correctamente su función durante la ausencia del señor. Cuando este regresa, comprueba que el siervo ha sido fiel en su trabajo y, consciente de sus capacidades, le confiará responsabilidades adicionales. No deja de elogiar a este administrador, este siervo bueno y fiel.
Este tema evoca las parábolas de los talentos (San Mateo 25.14-30, PER288) y de las minas (San Lucas 19.11-27, PER257). Aunque todavía no se habían anunciado en aquel momento, subrayan la importancia del tema que el Mesías Jesús decide repetir de distintas formas.
Observamos que este administrador tenía la misión de velar por que los trabajadores estuvieran bien alimentados, una tarea esencial que cumplía con dedicación. Es posible establecer una relación con el alimento espiritual, lo que implicaría que los trabajadores serían responsables religiosos en este contexto.
En la segunda opción de esta , el siervo adopta un comportamiento diferente y maltrata a sus subordinados. Sabiendo que su señor tarda en volver, abusa de su poder y asume responsabilidades no previstas.
En lugar de cuidar de los siervos a su cargo, los golpea para obtener, según él, un mejor rendimiento. Disfruta de las ventajas de la vida, come y bebe en exceso. Como en el primer caso, el señor regresa y comprueba el resultado.
En ambos casos, el señor regresa de improviso.
Se pronuncia la condena inapelable, y este siervo es sancionado sin posibilidad de rehabilitación
¿Cómo debemos interpretar esta ? San Lucas 12.47-48 nos ofrece una explicación detallada. Se trata del caso en el que el siervo adopta una mala conducta. El primer caso no presenta ninguna ambigüedad.
El siervo es un discípulo que sirve a su señor, Dios. Comprende su voluntad y, por tanto, no puede justificar la negligencia ni una mala actitud. Sin embargo, el Mesías Jesús también añade una precisión en su conclusión al subrayar la importancia de una responsabilidad proporcional al conocimiento de la voluntad del señor.
En la de los talentos, es importante señalar que no todos recibieron el mismo número de talentos.
Por una misma acción, dos individuos podrían ser juzgados de manera diferente, pues el conocimiento puede influir en el juicio y la condena. Así, se establece que cuanto más recibe alguien, mayores serán las expectativas respecto a él.
Mateo no trata la cuestión del juicio basado en el conocimiento de una persona. Se limita a distinguir al buen siervo, que será salvo, del mal siervo, que será condenado.
Esta se dirige claramente a los y a los doctores de la ley.