Lucas y Juan comienzan su relato con un prólogo, mientras que Mateo empieza enseguida con la genealogía de Jesús, el Mesías, y Marcos trata del comienzo del ministerio de Juan el Bautista. En su introducción, Lucas expone su método de trabajo, comparable al de un historiador o un periodista de investigación actual. Al no ser testigo directo de los hechos que va a relatar, Lucas dedicó varios años a investigar la vida del Mesías Jesús.
Reconoce que no es el primero en escribir un relato sobre la vida del Mesías Jesús, pues tuvo acceso a numerosos documentos y testimonios. Su narración es, por tanto, una síntesis de esta información cuidadosamente verificada. También pudo entrevistar a testigos de la época para respaldar lo que dice, logrando un texto preciso y libre de errores.
El segundo versículo (San Lucas 1.2) indica que varios —o «muchos», según la traducción de la (NBS)—, al igual que Lucas, se basaron en los relatos de testigos oculares, en particular los apóstoles, pilares de la Iglesia, para escribir sus relatos de los acontecimientos. Lucas no se refiere, pues, a los escritos de Mateo y de Marcos, que trabajaba con Pedro, sino a otros documentos.
Comprendemos que sobre este tema se estaba desarrollando una literatura abundante sin ningún control. Este detalle subraya la importancia de ceñirse a los hechos históricos en los relatos. Es muy posible que esto animara a Lucas a escribir su texto.
La obra de Lucas es fruto de un trabajo profundo y bien documentado. Su libro está dedicado a un tal Teófilo, cuya identidad sigue siendo un misterio. Sin dar detalles de su relación con este hombre, cabe suponer que Teófilo era un cristiano adinerado que habría encargado y financiado la obra de Lucas, aunque este afirma haber tomado él mismo la iniciativa de escribir este relato (San Lucas 1.3). La existencia de una continuación, los Hechos de los Apóstoles, también dirigida a Teófilo, parece confirmar la hipótesis de un encargo.
En su Evangelio, Lucas narra la vida de Jesús e integra estos acontecimientos en el marco histórico de la época. Para él no existen dos epopeyas separadas —la del mundo y la de la Biblia—, sino una única historia universal que abarca con naturalidad el relato de los Evangelios.
Las referencias históricas citadas por Lucas aportan información fiable y creíble, que conviene interpretar con acierto.