En el capítulo 3 del evangelio de Juan se nos cuenta la historia de un hombre que fue a ver a Jesús de noche (Juan 3.2). ¿Temía que esta visita perjudicara su posición dentro del gobierno? Era sincero y, a diferencia de sus colegas, comprendía que el mensaje de Jesús era importante. No venía para recibir liberación o sanidad como muchos de las multitudes que seguían a Jesús. Él buscaba el reino de Dios, y el apóstol Juan nos va a describir esta entrevista (Juan 3.1-21).
La conversación queda bien enmarcada por Jesús: De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.
Pero ¿qué significa concretamente nacer de nuevo, pregunta Nicodemo? La respuesta de Jesús es capital.
Juan 3.16 : Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios
Jesús se presenta como la fuente de vida y de salvación para todos los hombres. Esta afirmación concierne por supuesto a Nicodemo, pero también a todos los hombres y mujeres que buscan un sentido a sus vidas. Por esta razón Juan se toma el tiempo de relatarnos los detalles de esta entrevista.
Existe, pues, un juicio que espera a todos los hombres, excepto a los que hayan creído en Jesús.
Nicodemo era un ejemplo de éxito en aquella sociedad judía del primer siglo; vivía en la abundancia y no le faltaba nada. Muchos envidiaban su éxito, pero la realidad de la vida de este hombre no es la que vemos: su alma está sedienta y nada logra saciar esa sed. Por esta razón se vuelve hacia Jesús. Ya ha oído muchas cosas acerca de él, y cuando un día tiene la ocasión de conocerlo, no deja pasar esa oportunidad.
De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Esta frase está tomada del libro de Job 42.5. Hay una diferencia importante entre haber oído hablar y ver. Es esta experiencia la que se describe aquí: Nicodemo ve ahora a Jesús. Lo importante no es la visión física, sino lo que ocurre en el plano espiritual. Nicodemo, eminente maestro religioso, descubre que en realidad existe algo distinto de todo lo que se le ha enseñado, y ese algo es lo que Jesús le aporta.
Juan nos relata lo esencial de esta entrevista, y Nicodemo se marchará y retomará su vida habitual. Sería interesante conocer las consecuencias de este descubrimiento en su vida.
Juan nos volverá a hablar de Nicodemo en dos ocasiones.
En primer lugar con Juan 7.50-52 : Nicodemo interviene durante una discusión entre los , para defender a Jesús diciendo que es injusto condenarlo sin haberlo oído. Esta postura resulta muy valiente, pues sus colegas estaban muy opuestos a Jesús y procuraban darle muerte.
En segundo lugar con Juan 19.39-42, después de la crucifixión de Jesús, Nicodemo trae aromas para embalsamarlo y ayuda a José de Arimatea a preparar su cuerpo para la sepultura. A diferencia de los discípulos de Jesús que habían huido, tiene el valor, junto con José de Arimatea, de bajar el cuerpo de Jesús de la cruz y ponerlo en un sepulcro.
Encontramos, pues, a un hombre completamente cambiado; él, que había venido de noche a ver a Jesús, se muestra abiertamente como discípulo en un tiempo de persecución. El hombre ya no es el mismo, ¡ha nacido de nuevo!
El propósito de este testimonio no es relatarnos una hermosa historia para conmovernos un instante. Juan insiste en este acontecimiento para decirnos que cada uno puede encontrarse con Jesús, ver su vida transformada y pasar de la muerte a la verdadera vida.
Dominique Lormier