El estudio de la Pasión de Cristo lleva a reconocer que la muerte de Jesús no es un acontecimiento sufrido, sino un acto plenamente voluntario y consciente. Según su propio testimonio, ofrece libremente su vida:
Esta entrega suprema se inscribe en el designio redentor de Dios, establecido «antes de la fundación del mundo» (1 Pedro 1.20). Al entregarse en la cruz para rescatar a una humanidad perdida, Jesús cumple literalmente las Escrituras y manifiesta la fidelidad del Padre a su plan de salvación:
La muerte de Jesús no es, pues, fruto del azar ni una derrota trágica. Corresponde a un cumplimiento profético y salvífico, anunciado por los profetas y simbolizado a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Cada gesto, cada palabra y cada instante de la Pasión se integran en esta economía divina: la Escritura no se limita a relatar hechos históricos, sino la revelación progresiva de un proyecto intemporal.
Entre las palabras pronunciadas por Jesús en la cruz, la tradición cristiana distingue siete, conocidas como «las siete palabras de Cristo». Estas declaraciones breves, pero de una densidad teológica excepcional, expresan la totalidad del misterio de la redención: el perdón ofrecido a los pecadores, la promesa de salvación, la compasión filial, el sufrimiento redentor, el cumplimiento de las profecías y la entrega confiada del espíritu al Padre.
El presente estudio se propone examinar estas siete palabras en su dimensión bíblica y teológica, relacionándolas con los textos del Antiguo Testamento, y más particularmente con el Salmo 22. Este salmo, a menudo llamado «el salmo del justo sufriente», expresa de manera profética la experiencia del abandono, del sufrimiento y de la victoria final del Mesías. Constituye una clave hermenéutica esencial para comprender el alcance espiritual y profético de las palabras de Jesús en la cruz.
Así, nuestro planteamiento buscará demostrar que estas últimas palabras no son fortuitas ni aisladas, sino que dan testimonio de una profunda coherencia entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. En Jesús crucificado, la Palabra inspirada alcanza su plenitud, y el designio del Padre se revela en toda su plenitud redentora.