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Las reuniones con los apóstoles

Poseemos relativamente pocos detalles precisos sobre la forma de las reuniones de la Iglesia primitiva en Jerusalén, pero el libro de los Hechos de los Apóstoles y algunas alusiones…

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Las reuniones con los apóstoles

Poseemos relativamente pocos detalles precisos sobre la forma de las reuniones de la Iglesia primitiva en Jerusalén, pero el libro de los Hechos de los Apóstoles y algunas alusiones de las epístolas permiten reconstruir sus principales características.

  1. Reuniones diarias y muy frecuentes

Los primeros cristianos no se reunían solamente una vez por semana. Lucas indica que perseveraban «cada día» en su vida comunitaria (Hechos 2.46) y que se congregaban regularmente para la enseñanza, la oración y las comidas fraternas (Hechos 2.42).

  1. Dos lugares de reunión

El Templo

Los creyentes seguían frecuentando el Templo de Jerusalén:

«Perseveraban unánimes cada día en el Templo» (Hechos 2.46).

El pórtico de Salomón parece haber sido un lugar de reunión privilegiado (Hechos 3.11 ; Hechos 5.12). Estas reuniones públicas permitían la enseñanza de los apóstoles y el testimonio ante el pueblo.

Las casas particulares

Paralelamente, los discípulos se reunían en domicilios privados:

«Partían el pan en las casas» (Hechos 2.46).

La Iglesia de Jerusalén probablemente no estaba concentrada en un solo edificio, sino repartida en varias casas que podían acoger grupos más reducidos. Más tarde, la casa de María, madre de Juan Marcos, servirá de lugar de reunión para una parte de la Iglesia (Hechos 12.12).

  1. Los elementos esenciales del culto

Lucas resume las actividades principales de la comunidad:

«Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hechos 2.42).

Se pueden, pues, distinguir:

  • la enseñanza apostólica;
  • la comunión fraterna;
  • el partimiento del pan, probablemente acompañado de una comida común;
  • las oraciones.
  1. Las oraciones

Los primeros cristianos conservaban las horas tradicionales de oración del judaísmo (Hechos 3.1) y, al mismo tiempo, desarrollaban sus propias reuniones de oración (Hechos 4.23-31 ; Hechos 12.5). Estas reuniones podían estar marcadas por cantos, alabanzas y acciones de gracias (Efesios 5.19 ; Colosenses 3.16).

  1. La predicación de los apóstoles

Los apóstoles ocupaban un lugar central. Su enseñanza constituía la autoridad doctrinal de la Iglesia (Hechos 2.42). Pedro aparece con frecuencia como el principal portavoz (Hechos 2.14 ; Hechos 3.12 ; Hechos 5.29).

  1. La participación de la asamblea

Los creyentes oraban juntos, compartían sus bienes (Hechos 2.44-45 ; Hechos 4.32-35) y participaban en las decisiones importantes (Hechos 6.2-6). Las reuniones no estaban, pues, centradas únicamente en los apóstoles, sino que implicaban a toda la comunidad.

  1. Cierta sencillez

No existía ni edificio cristiano, ni liturgia elaborada, ni clero distinto comparable al que aparecerá más tarde. Las reuniones se desarrollaban en un ambiente familiar y fraternal, heredado a la vez de las judías y de las enseñanzas de Jesús.

  1. El primer día de la semana

Es probable que los creyentes ya concedieran una importancia particular al primer día de la semana, en memoria de la resurrección de Jesús (Juan 20.19, Hechos 20.7, 1 Corintios 16.2). Sin embargo, en Jerusalén hacia el año 33 d. C., seguían participando en la vida religiosa del Templo y no se consideraban separados del judaísmo.

Conclusión

Las reuniones de la Iglesia primitiva en Jerusalén se caracterizaban por su sencillez y su frecuencia. Combinaban encuentros públicos en el Templo y reuniones más íntimas en las casas. La enseñanza de los apóstoles, la oración, la comunión fraterna y el partimiento del pan constituían sus elementos fundamentales. Esta organización flexible y viva permitió que el cristianismo naciente se desarrollara rápidamente sin dejar de estar profundamente arraigado en el judaísmo del siglo primero.

Desde un punto de vista histórico, las primeras asambleas cristianas probablemente se parecían más a grandes reuniones familiares y fraternas que a los cultos más estructurados que se desarrollarán durante los siglos siguientes.