La precisión de Lucas: «Pero un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel…» (Hechos 5.19) no es ciertamente fortuita. Responde a varios objetivos teológicos e históricos.
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Subrayar el origen divino de la liberación
Lucas quiere mostrar que la liberación de los apóstoles no es ni una evasión organizada ni el resultado de una complicidad humana. Es Dios mismo quien interviene por medio de uno de sus mensajeros. Esta precisión subraya que las autoridades religiosas pueden encarcelar a los siervos de Dios, pero no pueden impedir el cumplimiento de su voluntad (Salmos 34.8; Salmos 91.11).
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Un ángel entre otros
La expresión es indefinida: «un ángel» y no «el ángel del Señor». Lucas no pretende, pues, identificar a este ser celestial. Su identidad importa poco; lo que cuenta es su origen: viene del Señor y actúa por orden suya.
En los Hechos se relatan varias intervenciones angélicas:
- ante Felipe (Hechos 8.26);
- ante Cornelio (Hechos 10.3);
- ante Pedro en otra liberación (Hechos 12.7);
- ante Pablo durante la tempestad (Hechos 27.23-24).
Así, Lucas presenta a los ángeles como siervos de Dios encargados de asistir a su pueblo (Hebreos 1.14).
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Una expresión distinta de «el Ángel del Eterno»
En el Antiguo Testamento, la expresión «el Ángel del » designa a veces a un personaje misterioso que habla como el mismo Dios (Génesis 16.7-13; Exodo 3.2-6). Algunos teólogos ven en ella una manifestación preencarnada del Mesías.
Ahora bien, Lucas no emplea esta fórmula particular. Escribe simplemente «un ángel del Señor», lo que sugiere un ángel ordinario perteneciente a la corte celestial.
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Poner el acento en el mensaje más que en el milagro
Es notable que el ángel no se limite a abrir las puertas. Da una orden:
«Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida» (Hechos 5.20).
Así, el milagro no es un fin en sí mismo. Dios no libera a los apóstoles para asegurarles una existencia más cómoda, sino para que continúen su misión. Esta idea se encuentra más tarde en la liberación de Pedro (Hechos 12.7-11) y en la de Pablo y Silas en Filipos (Hechos 16.25-34).
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Un contraste con las autoridades religiosas
El sumo sacerdote y el disponen del poder humano; pero los apóstoles están sostenidos por los ejércitos celestiales. Lucas establece así un contraste entre los poderes terrenales y la autoridad soberana de Dios (Salmos 2.1-4; Hechos 4.29-31).
En definitiva, la fórmula «un ángel del Señor» pretende menos satisfacer la curiosidad del lector sobre la identidad de este mensajero celestial que recordar que la Iglesia primitiva avanza bajo la protección y la dirección del mismo Dios. Lucas no atrae la atención hacia el ángel, sino hacia el Señor que lo envía.