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El cuarto personaje: ¿ángel, teofanía o cristofanía?

Daniel 3.24-25 présente l’apparition du quatrième personnage comme une observation de Nebucadnetsar. Le roi demande d’abord confirmation : « N’avons-nous pas jeté trois hommes ligotés…

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1. El punto de partida: se ven realmente cuatro personajes

Daniel 3.24-25 presenta la aparición del cuarto personaje como una observación de Nabucodonosor.

El rey pide primero confirmación:

«¿No echamos a tres varones atados dentro del fuego?» (Daniel 3.24).

Sus consejeros confirman que eran efectivamente tres.

Nabucodonosor declara luego que ve cuatro hombres sueltos de sus ataduras, que caminan en medio del fuego sin sufrir daño alguno (Daniel 3.25).

En la lógica del relato, el cuarto personaje no es, pues, simplemente una manera poética de expresar la protección divina. Nabucodonosor afirma ver una presencia adicional.

La dimensión simbólica o teológica de esta presencia no excluye su realidad en el relato.

2. La expresión aramea de Daniel 3.25

Nabucodonosor describe al cuarto personaje con la expresión aramea bar-ʾĕlāhîn.

El primer término, bar, significa «hijo».

El segundo, ʾĕlāhîn, es una forma plural que designa «los dioses» o seres divinos según el contexto.

En boca de un rey babilonio politeísta, la traducción «un hijo de los dioses» o «un ser de apariencia divina» corresponde, pues, naturalmente al contexto.

Nabucodonosor no formula aquí una confesión cristiana anticipada. Describe lo que ve con las categorías religiosas que le son familiares.

Esta observación es importante para la interpretación de la expresión.

3. ¿Por qué algunas traducciones dan «el Hijo de Dios»?

Algunas traducciones cristianas tradicionales han vertido Daniel 3.25 con una formulación próxima a:

«el aspecto del cuarto es semejante al Hijo de Dios».

Esta traducción ha marcado con fuerza la interpretación cristiana del pasaje.

Se explica en particular por una lectura teológica del texto a la luz de la revelación del Nuevo Testamento.

Sin embargo, solo en el plano gramatical e histórico, es difícil afirmar que Nabucodonosor identifique conscientemente al cuarto personaje como «el Hijo de Dios» en el sentido cristológico.

Es, pues, preferible distinguir la traducción del texto arameo de su interpretación cristiana.

Traducir «un hijo de los dioses» no impide en absoluto preguntarse después si el ser así descrito podría identificarse con el Hijo de Dios.

4. Daniel 3.28: «Envió su ángel»

Algunos versículos más adelante, Nabucodonosor interpreta él mismo el acontecimiento:

«¡Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Él ha enviado a su ángel y ha librado a sus siervos» (Daniel 3.28).

Esta declaración constituye la indicación textual más explícita sobre la identidad o, al menos, la función del cuarto personaje.

La palabra aramea malʾak significa «mensajero» y designa comúnmente a un ángel cuando se trata de un enviado celestial.

La lectura inmediata consiste, pues, en entender que Dios envió un ángel para proteger a los tres hombres.

Esta interpretación basta plenamente para explicar el relato.

5. El paralelo de Daniel 6

Daniel 6 ofrece un paralelo particularmente importante.

Tras pasar la noche en el foso de los leones, Daniel declara:

«Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones» (Daniel 6.21 según la numeración de muchas Biblias).

La estructura es muy próxima a la de Daniel 3.

En los dos episodios:

un siervo de Dios es condenado a una muerte segura;

el soberano humano ya no puede impedir la ejecución de su propia decisión;

Dios interviene;

se envía un ángel;

el instrumento de muerte pierde su poder;

el siervo de Dios sale ileso.

Este paralelo favorece naturalmente la interpretación angélica del cuarto personaje.

6. El ángel del Señor en el Antiguo Testamento

Sin embargo, la cuestión no puede zanjarse únicamente con el empleo de la palabra «ángel».

El Antiguo Testamento presenta varios episodios en los que «el ángel del » posee un estatus particularmente notable.

En Génesis 16, el ángel del se aparece a Agar (Génesis 16.7-12). Después de este encuentro, Agar habla del que le habló y se asombra de haber visto al que la ve (Génesis 16.13).

En Exodo 3.2, «el ángel del » se aparece a Moisés en la llama de la zarza. Algunos versículos más adelante, el texto declara que Dios mismo lo llama de en medio de la zarza (Exodo 3.4-6).

En Jueces 6, el ángel del se aparece a Gedeón, pero el relato pasa luego a formulaciones en las que el propio se dirige a él (Jueces 6.11-23).

Jueces 13 presenta una situación comparable en la aparición a Manoa y a su esposa. Tras la partida del ángel del , Manoa declara: «Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto» (Jueces 13.22).

Estos pasajes explican por qué la expresión «ángel» no resuelve necesariamente por sí sola toda cuestión sobre la identidad del ser celestial.

7. «Ángel» designa ante todo una función

El término hebreo malʾāk y su equivalente arameo significan fundamentalmente «mensajero».

La palabra describe, pues, ante todo una función: el que es enviado.

Puede designar a un mensajero humano o a un mensajero celestial según el contexto.

Así, decir que Dios «envió su ángel» indica con certeza que el personaje actúa como su enviado. Esto no proporciona necesariamente una definición exhaustiva de su naturaleza.

Esta distinción explica por qué algunos teólogos cristianos han podido identificar ciertas manifestaciones del «ángel del » con una manifestación del Hijo antes de su encarnación.

8. ¿Qué es una teofanía?

El término «teofanía» designa una manifestación perceptible de Dios.

El Antiguo Testamento refiere varios acontecimientos de este tipo.

Dios se manifiesta a Moisés en la zarza ardiendo (Exodo 3.1-6).

Se manifiesta a Israel en el Sinaí en medio del fuego, el humo y el trueno (Exodo 19.16-20).

Isaías describe una visión del Señor en el Templo (Isaías 6.1-5).

Ezequiel refiere también una visión de la gloria divina (Ezequiel 1).

Calificar al cuarto personaje de Daniel 3 de manifestación teofánica equivale, pues, a subrayar que, por medio de este ser celestial, Dios hace visible su presencia en medio del horno.

Sin embargo, esta calificación sigue siendo más interpretativa que la simple afirmación textual de que Dios envió su ángel.

9. ¿Qué es una cristofanía?

En la teología cristiana, una «cristofanía» designa una manifestación de Cristo, particularmente cuando se supone que tuvo lugar antes de su encarnación.

Esta interpretación se basa en la convicción de que el Hijo no empezó a existir en el nacimiento de Jesús.

El Nuevo Testamento afirma su preexistencia. Juan declara que el Verbo estaba con Dios y era Dios antes de hacerse carne (Juan 1.1-3, 14). Jesús habla también de la gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiera (Juan 17.5).

A partir de esta cristología, algunos intérpretes cristianos consideran posible que el Hijo se haya manifestado puntualmente antes de la encarnación.

El cuarto personaje de Daniel 3 se ha integrado naturalmente en esta reflexión.

10. Los argumentos a favor de una cristofanía

Pueden invocarse varios elementos a favor de esta interpretación.

El primero es el carácter extraordinario del cuarto personaje. Nabucodonosor no lo describe simplemente como un hombre más, sino como un ser cuya apariencia pertenece al ámbito divino (Daniel 3.25).

El segundo es su papel: aparece en medio del fuego y protege a los siervos de Dios de manera sobrenatural.

El tercero reside en los precedentes bíblicos en los que «el ángel del » parece estrechamente asociado a la presencia misma de Dios.

El cuarto procede de la lectura cristiana global del Antiguo Testamento a la luz del Nuevo, que reconoce la preexistencia del Hijo.

Estos argumentos hacen posible la interpretación cristofánica.

Sin embargo, no constituyen una demostración explícita proporcionada por Daniel 3.

11. Los límites de la identificación cristológica

Deben mantenerse varias precauciones.

Daniel nunca llama «Mesías» al cuarto personaje.

Nabucodonosor no posee, en el relato, el conocimiento teológico que le permitiría reconocer a Jesucristo varios siglos antes de la encarnación.

Daniel 3.28 utiliza el término «ángel» sin dar otra identificación.

Por último, el paralelo con Daniel 6 muestra que el envío de un ángel ordinario constituye ya una explicación perfectamente coherente dentro de la teología del libro.

La cristofanía debe presentarse, pues, como una posible interpretación cristiana, y no como la traducción necesaria de Daniel 3.25.

12. Una distinción entre certeza e interpretación

Los distintos niveles pueden distinguirse con claridad.

Lo que el texto afirma explícitamente:

Nabucodonosor ve un cuarto personaje en el horno;

este personaje tiene una apariencia sobrenatural;

los tres judíos están protegidos del fuego;

Nabucodonosor afirma luego que Dios envió su ángel.

Lo que razonablemente puede deducirse de ello:

el cuarto personaje representa una intervención celestial real enviada por Dios para proteger a los tres hombres.

Lo que corresponde a una interpretación teológica adicional:

la identificación de este ángel con el Hijo preencarnado, y por tanto con Cristo.

Esta distinción permite sostener la posibilidad de la cristofanía sin convertir una hipótesis teológica en dato textual explícito.

13. La tradición judía

La lectura judía no reconoce naturalmente una manifestación de Cristo en Daniel 3.

El cuarto personaje se entiende como un ángel enviado por Dios.

Esta interpretación corresponde directamente a Daniel 3.28 y se integra en la angelología del libro de Daniel, en la que los ángeles desempeñan un papel importante.

Gabriel aparece en Daniel 8.16 y 9.21.

Miguel se presenta como un «gran príncipe» asociado a la protección del pueblo de Daniel (Daniel 10.13, 21; 12.1).

La intervención de un ser celestial protector en Daniel 3 concuerda, pues, perfectamente con la teología angélica desarrollada en el resto del libro.

14. La tradición cristiana antigua

La interpretación cristiana leyó muy pronto el Antiguo Testamento a partir de la revelación de Cristo y buscó en él las manifestaciones de su preexistencia.

La escena del horno se prestaba particularmente a esta lectura por la formulación de Daniel 3.25 y la presencia misteriosa del cuarto personaje.

La tradición cristiana ha reconocido así a menudo en quien acompaña a los tres jóvenes una manifestación del Logos o del Hijo de Dios.

Esta lectura posee una verdadera coherencia dentro de la teología cristiana.

Su valor debe, sin embargo, distinguirse de la cuestión histórica y gramatical: lo que una lectura canónica cristiana puede reconocer en el pasaje supera lo que el propio Nabucodonosor podía comprender cuando miraba dentro del horno.

15. El cuarto personaje en la adición griega

Las antiguas versiones griegas de Daniel contienen entre Daniel 3.23 y 3.24 una larga adición ausente del texto arameo masorético.

Esta sección desarrolla en particular la oración de Azarías y el cántico de los tres jóvenes.

Contiene también una descripción de la intervención divina en el horno, donde «el » desciende junto a los tres hombres y rechaza la llama.

Esta tradición textual antigua muestra que la interpretación angélica de la presencia protectora estaba ya bien establecida en la transmisión griega del relato.

Sin embargo, no zanja definitivamente la cuestión cristológica para una lectura cristiana posterior, ya que sigue pendiente saber cómo deben entenderse teológicamente ciertas manifestaciones angélicas del Antiguo Testamento.

16. Lo esencial: Dios está presente con sus siervos

La identificación exacta del cuarto personaje no debe, en definitiva, hacer perder de vista su función principal en el relato.

Los tres hombres habían declarado:

«He aquí, nuestro Dios a quien servimos puede librarnos» (Daniel 3.17).

Cuando entran en el horno, no son abandonados.

Nabucodonosor ve una presencia celestial con ellos.

El relato no presenta, pues, solo un poder divino que actúa a distancia. Hace ver una presencia en medio mismo de la prueba.

Esta dimensión corresponde estrechamente a Isaías 43.2: «Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti».

La promesa de presencia se convierte, en Daniel 3, en una realidad visible.

17. Conclusión

Daniel 3 permite afirmar con seguridad que el cuarto personaje pertenece al ámbito celestial y que interviene como enviado de Dios.

Daniel 3.28 ofrece la explicación más directa: Dios «envió su ángel» para librar a sus siervos.

La interpretación angélica constituye, pues, el primer nivel de lectura del texto.

Comprender al personaje como una teofanía va más lejos, al reconocer en esta aparición una manifestación visible de la presencia divina.

La interpretación cristofánica da un paso más al identificar a este enviado con el Hijo preexistente. Esta lectura tiene una larga tradición cristiana y puede defenderse teológicamente a partir de la preexistencia de Cristo y de los pasajes del Antiguo Testamento en los que el ángel del aparece estrechamente asociado con Dios.

Sin embargo, no debe presentarse como una identificación formulada explícitamente por Daniel.

La conclusión más equilibrada es, por tanto, la siguiente: el relato afirma la presencia real de un ser celestial enviado por Dios en el horno; Daniel 3.28 lo califica de ángel. En una lectura cristiana canónica, la hipótesis de una manifestación del Hijo preexistente sigue siendo posible, pero constituye una interpretación teológica del texto más que una identificación dada explícitamente por este.