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Los hornos babilónicos y la ejecución por el fuego

Daniel 3 désigne à plusieurs reprises la fournaise par l’expression araméenne ʾattûn nûrāʾ yāqidtaʾ, que l’on peut rendre par « fournaise de feu ardent »…

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1. El término arameo empleado en Daniel 3

Daniel 3 designa varias veces el horno con la expresión aramea ʾattûn nûrāʾ yāqidtaʾ, que puede traducirse como «horno de fuego ardiendo» u «horno ardiente».

El término ʾattûn designa un horno capaz de alcanzar una temperatura elevada.

Sin embargo, el relato nunca precisa la función inicial de esta instalación.

Es, pues, preferible hablar simplemente de un «horno» en lugar de afirmar que se trataba necesariamente de un horno de ladrillos, de un horno metalúrgico o de una instalación construida especialmente para las ejecuciones.

2. La importancia de los hornos en la civilización mesopotámica

El uso de los hornos era indispensable en la antigua Mesopotamia.

La región disponía de arcilla en abundancia, mientras que la piedra y la madera de construcción eran menos fáciles de conseguir en algunas zonas. El ladrillo fue, pues, uno de los materiales fundamentales de la arquitectura mesopotámica.

Podían utilizarse dos procedimientos principales: el secado de los ladrillos al sol y su cocción.

Los ladrillos cocidos eran especialmente útiles para las construcciones expuestas a la humedad o que requerían mayor resistencia.

Los grandes programas arquitectónicos de los soberanos neobabilónicos exigían así una producción considerable de materiales.

La existencia de hornos de gran capacidad en el entorno babilónico no plantea, pues, ninguna dificultad histórica particular.

3. Nabucodonosor y las grandes obras de Babilonia

Nabucodonosor II está particularmente asociado a las grandes obras de construcción de Babilonia.

Su reinado estuvo marcado por la restauración y el embellecimiento de templos, palacios, fortificaciones y obras monumentales.

Las inscripciones reales de Nabucodonosor, por otra parte, dan un lugar importante a su actividad de constructor.

En este contexto, la producción de ladrillos cocidos y el uso de grandes instalaciones de cocción formaban parte del entorno material de su época.

Esta observación no demuestra que el horno de Daniel 3 perteneciera a una obra real. Muestra simplemente que la presencia de una gran instalación capaz de producir un calor intenso es perfectamente compatible con el marco neobabilónico del relato.

4. ¿Se puede identificar el horno con un horno de ladrillos?

La hipótesis se propone con frecuencia.

Un horno de ladrillos presenta varias características que pueden relacionarse con el relato: debe producir un calor intenso, permitir la introducción de combustible y disponer de un espacio donde se colocan los materiales que se van a cocer.

Ciertos tipos de hornos tienen además diversas aberturas, lo que podría ayudar a comprender cómo se arroja a los condenados al fuego mientras que Nabucodonosor puede luego observar lo que ocurre y acercarse a una abertura (Daniel 3.23-26).

Pero estas comparaciones no bastan para identificar el horno con certeza.

Daniel nunca dice: «horno de ladrillos».

La conclusión debe, pues, mantenerse limitada: un gran horno de uso industrial constituye una posibilidad razonable, pero su función exacta sigue siendo desconocida.

5. Las diferentes aberturas posibles

El relato proporciona, no obstante, algunas indicaciones funcionales.

Los tres hombres son «arrojados» al horno (Daniel 3.21-23).

Nabucodonosor puede luego mirar y ver personajes que caminan en medio del fuego (Daniel 3.24-25).

Por último, «se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo» y ordenó a los tres hombres que salieran (Daniel 3.26).

Estas indicaciones son compatibles con una instalación que tuviera una abertura para introducir a los condenados y otra zona de acceso o de observación.

En ciertos hornos antiguos, el combustible podía introducirse por una parte inferior mientras que una abertura superior o lateral daba acceso a la cámara de cocción.

Sin embargo, sería imposible reconstruir un plano preciso del horno únicamente a partir de Daniel 3.

6. ¿Por qué mueren los soldados mientras que Nabucodonosor puede luego acercarse?

Daniel 3.22 precisa que las llamas matan a los hombres encargados de arrojar a los tres judíos al horno. Sin embargo, Daniel 3.26 refiere que Nabucodonosor se acerca después a su entrada.

No hay necesariamente contradicción entre las dos indicaciones.

Los soldados deben acercarse lo suficiente a la zona más peligrosa para arrojar a los condenados al fuego. Nabucodonosor puede luego situarse ante otra abertura o a una distancia distinta.

El texto no precisa ni las distancias, ni la configuración del horno, ni el tiempo transcurrido.

Sería, pues, artificial tratar de resolver la cuestión mediante cálculos térmicos precisos que el relato no permite.

La información esencial sigue siendo que el calor era realmente mortal para los ejecutores, mientras que los tres condenados permanecieron ilesos.

7. El testimonio particularmente importante de Jeremías 29

La comparación bíblica más significativa se encuentra en Jeremías 29.

El profeta dirige una carta a los judíos deportados a Babilonia (Jeremías 29.1-4). En ella denuncia en particular a dos falsos profetas, Acab hijo de Colaías y Sedequías hijo de Maasías.

Jeremías anuncia:

«Nabucodonosor, rey de Babilonia, los matará delante de vuestros ojos» (Jeremías 29.21).

El versículo siguiente precisa la naturaleza de su suplicio. Los exiliados utilizarán su suerte en una fórmula de maldición que hace referencia a los hombres «a quienes asó al fuego el rey de Babilonia» (Jeremías 29.22).

Este pasaje es particularmente importante porque asocia explícitamente tres elementos presentes también en Daniel 3:

Nabucodonosor;

Babilonia;

una ejecución por el fuego.

8. Lo que Jeremías 29 permite establecer

Jeremías 29.22 no relata el episodio de Daniel 3 y no menciona ni a Sadrac, ni a Mesac, ni a Abed-nego.

No hay, pues, que confundir los dos acontecimientos.

Sin embargo, el texto proporciona un dato independiente dentro del corpus bíblico: bajo Nabucodonosor, se podía condenar a hombres a una muerte por el fuego.

Esta información refuerza considerablemente la plausibilidad contextual de Daniel 3.

La ejecución por el fuego ya no aparece como una pena inventada únicamente para las necesidades del relato del horno. Jeremías conoce también tal práctica bajo el mismo soberano y en el mismo entorno babilónico.

9. La naturaleza exacta del suplicio de Jeremías 29

La formulación de Jeremías 29.22 debe utilizarse, sin embargo, con precisión.

El texto indica que los dos hombres fueron «asados» o «tostados» al fuego. No precisa que fueran arrojados a la misma categoría de horno que la descrita en Daniel 3.

Sería, pues, excesivo afirmar que Jeremías 29 prueba la existencia del modelo exacto de horno utilizado contra los tres judíos.

Lo que Jeremías confirma es más limitado, pero no por ello menos significativo: la muerte por el fuego pertenece al contexto de las sanciones atribuidas a Nabucodonosor.

10. El fuego como castigo en el Antiguo Testamento

El recurso al fuego como sanción no se limita a Babilonia.

Génesis 38.24 refiere la propuesta de quemar a Tamar tras una acusación de inmoralidad sexual.

Levítico 20.14 y 21.9 mencionan también el fuego en ciertas sanciones de la legislación israelita.

Josué 7.25 refiere que el cuerpo de Acán y todo lo que le pertenecía fueron quemados tras su ejecución.

Estos textos pertenecen a contextos jurídicos e históricos diferentes y no deben confundirse con Daniel 3.

Muestran, no obstante, que la asociación entre condena y fuego era conocida en el mundo bíblico.

11. El sobrecalentamiento ordenado por Nabucodonosor

Daniel 3.19 afirma que el rey ordena calentar el horno «siete veces más» de lo normal.

Esta expresión probablemente no debe entenderse como una medida científica precisa.

Para multiplicar exactamente una temperatura por siete, haría falta disponer de una definición numérica de la temperatura inicial y de un instrumento que permitiera medir el resultado, lo cual evidentemente no corresponde al lenguaje del relato.

La expresión significa más naturalmente que el horno debe calentarse con una intensidad excepcional, incluso máxima.

La cifra siete puede reforzar esta idea de plenitud o de intensidad completa.

Pero esta dimensión literaria no anula la realidad del aumento del fuego: Daniel 3.22 afirma explícitamente que el calor se vuelve lo bastante intenso como para matar a los ejecutores.

12. Es imposible determinar una temperatura exacta

A veces resulta tentador atribuir al horno una temperatura precisa, por ejemplo 800, 1 000 o 1 200 °C.

Conviene evitar tales cifras en el análisis del texto.

La temperatura dependería de numerosos parámetros desconocidos:

  • naturaleza del combustible;
  • cantidad de aire disponible;
  • sistema de tiro;
  • dimensiones del horno;
  • materiales que constituyen las paredes;
  • duración del calentamiento;
  • ubicación de las personas respecto al hogar.

Daniel no proporciona ninguna de estas informaciones.

Por tanto, no puede calcularse una temperatura exacta.

La única conclusión legítima es que el relato describe un calor lo bastante intenso como para provocar rápidamente la muerte de los hombres expuestos a las llamas.

13. La muerte de los ejecutores como dato de control

La muerte de los soldados desempeña un papel esencial en el relato.

Sin Daniel 3.22, se podría imaginar teóricamente que el horno no estaba lo bastante caliente como para matar de inmediato a los condenados.

El texto elimina precisamente esa posibilidad.

Los hombres que se acercan al fuego mueren.

El calor ejerce, pues, normalmente su efecto destructor.

Cuando Sadrac, Mesac y Abed-nego permanecen ilesos, su supervivencia no puede atribuirse, en la lógica narrativa, a un fallo del horno.

El milagro no consiste en la ausencia de fuego, sino en la ausencia de efecto del fuego sobre aquellos a quienes Dios protege.

15. Deben distinguirse un dato histórico y un milagro

El análisis histórico del horno permite establecer varios elementos de verosimilitud:

la existencia de hornos potentes es compatible con la civilización babilónica;

las grandes obras de construcción de Nabucodonosor suponen un uso importante de técnicas de cocción;

Jeremías 29.22 atestigua la ejecución por el fuego bajo Nabucodonosor.

Estos datos pueden iluminar el marco histórico.

Sin embargo, no demuestran arqueológicamente el milagro de Daniel 3.

El milagro pertenece al testimonio del texto: el fuego, normalmente mortal, deja de ejercer su poder sobre los tres hombres.

Un estudio académico no necesita confundir estos dos niveles. Puede mostrar que el marco material del episodio es históricamente plausible y reconocer al mismo tiempo que la liberación sobrenatural constituye la afirmación teológica e histórica propia del relato bíblico.

14. El estado de las ropas refuerza la misma conclusión

Daniel 3.27 prosigue la demostración.

Tras su salida, los dignatarios comprueban que los cabellos de los tres hombres no se han quemado, que sus ropas no han sufrido daño y que ni siquiera huelen a fuego.

Estas precisiones hacen particularmente difícil, dentro del relato, una explicación basada en una simple supervivencia excepcional.

Unos hombres podrían eventualmente sobrevivir durante un tiempo muy breve a una exposición accidental a las llamas, aunque sufriendo quemaduras.

Daniel describe otra cosa: una preservación íntegra.

El fuego es lo bastante violento como para matar a los soldados, pero ni siquiera quema los cabellos ni las ropas de los condenados.

16. Conclusión

El horno de Daniel 3 se integra sin dificultad en el contexto material de la Mesopotamia neobabilónica, aunque su función habitual y su construcción exacta sigan siendo desconocidas.

La hipótesis de un gran horno industrial, eventualmente asociado a la cocción de ladrillos, es plausible, pero no puede demostrarse a partir del texto.

El elemento histórico más significativo sigue siendo Jeremías 29.21-22. Este pasaje atestigua de manera independiente, en un contexto directamente vinculado con los exiliados de Judá, la existencia de condenados a quienes Nabucodonosor hizo ejecutar por el fuego.

Daniel 3 no describe, pues, un modo de ejecución sin paralelo en el contexto bíblico del soberano babilónico.

Pero el centro del relato está en otra parte: el horno funciona con normalidad, hasta el punto de matar a los hombres que se acercan a él; lo extraordinario no es el fuego, sino el hecho de que este pierda todo poder sobre Sadrac, Mesac y Abed-nego.