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La ofrenda de la viuda pobre

En el Templo de Jerusalén, Jesús observa a una viuda pobre echar dos monedas pequeñas en el tesoro, todo lo que posee. A diferencia de los ricos, que dan de lo que les sobra con ostentación, ella ofrece todo su sustento. Jesús declara que ha dado más que todos los demás, invirtiendo los criterios humanos de valor. Este relato, referido por Marcos (12.41-44) y Lucas (21.1-4), enseña que la verdadera generosidad no se mide por la cantidad dada, sino por la disposición del corazón y el sacrificio realizado.

5 min pobre viuda ofrenda Templo de Jerusalén generosidad fe 4 versículos 2 libros

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Marcos
Marcos 12.41-44 (Reina-Valera 1909)

Y estando sentado Jesús delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho.

Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí.

Entonces llamando á sus discípulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca:

Porque todos han echado de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su alimento.

Lucas
San Lucas 21.1-4 (Reina-Valera 1909)

Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.

Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.

Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos:

Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El atrio del Templo de Jerusalén

Fecha: el miércoles 30 de marzo del año 33

Procedimiento: Continuamos con Marcos

Nota sobre el procedimiento: Lucas también relata este acontecimiento

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del miércoles

El Mesías Jesús observa a la gente dar su ofrenda en el Templo.

Comentarios

Nos llama la atención ver al Maestro observar atentamente las ofrendas depositadas en el Templo. Las donaciones de los ricos, echadas con lujo y ostentación, no podían pasar inadvertidas.

Pero ¿cómo pudo fijarse en esta humilde viuda y en su modesta ofrenda? Dos pequeñas monedas, insignificantes a los ojos humanos, valieron sin embargo más que todas las ricas ofrendas.

Si, desde un punto de vista matemático, este razonamiento parece incomprensible, no es así como el Maestro considera la situación. Esta pobre viuda, que permaneció anónima en su tiempo, se ha hecho famosa en todo el mundo por su gesto de fe.

En Marcos 12.41-44 y San Lucas 21.1-4, el Mesías Jesús observa, pues, a la gente que deposita su ofrenda en el tesoro del Templo y se fija en esta mujer que echa dos pequeñas monedas, todo lo que tiene para vivir.

Este gesto, insignificante a los ojos del mundo, se convierte para el Mesías en un ejemplo resplandeciente de fe, de sinceridad y de entrega total. Mientras que los ricos dan de lo que les sobra, ella ofrece lo más valioso que tiene: su confianza en Dios.

La mirada del Mesías Jesús no se detiene en la cantidad, sino en la calidad de la ofrenda y en la disposición del corazón. Mediante este relato, el Evangelio invierte los criterios humanos de valor y de grandeza: la verdadera generosidad no se mide por lo que se da, sino por lo que uno se reserva para sí.

Esta viuda se convierte así en el símbolo de la fe pura, del abandono confiado y de la caridad auténtica, e invita a ofrecer a Dios no lo que nos sobra, sino lo que somos, en la sencillez y la humildad del corazón.

Esta mujer, viuda y desamparada, insignificante en su época, se ha hecho conocida en todo el mundo.