PER273

La resurrección de Lázaro

Jesús resucita a Lázaro en Betania, revelando su poder divino sobre la muerte, como preludio de la Pascua. Entre Janucá y Pésaj, tras dos días de reflexión, Jesús emprende el viaje significativo que incluye encuentros notables en Jericó, que anuncia la pasión inminente. La reacción de las autoridades religiosas ante este milagro acelera la crucifixión de Jesús.

5 min Resurrección Jesús Lázaro Betania 1 versículo 1 libro

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Textos bíblicos

Mateo
San Mateo (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Marcos
Marcos (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Lucas
San Lucas (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Juan
Juan 11.1-46 (Reina-Valera 1909)

ESTABA entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana.

(Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos.)

Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.

Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.

Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba.

Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á Judea otra vez.

Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?

Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.

Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño.

Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.

Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;

Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á él.

Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro.

Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios;

Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano.

Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa.

Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto;

Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.

Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama.

Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él.

(Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.)

Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.

Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.

Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse,

Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve.

Y lloró Jesús.

Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.

Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?

Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tenía una piedra encima.

Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.

Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?

Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.

Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado.

Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.

Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.

Entonces muchos de los Judíos que habían venido á María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y dijéronles lo que Jesús había hecho.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: Betania, cerca de Jerusalén

Fecha: Mes de febrero o principios de marzo del año 33 d. C.

Procedimiento: Continuamos con Juan

Nota sobre el procedimiento: Juan es el único que relata este episodio

Mapa de Betania

Tras esperar y viajar, el Mesías Jesús llega a Betania, el pueblo donde residen María y su hermana Marta, cuyo hermano Lázaro ha muerto.

Comentarios

Lázaro, un hombre de Betania, cae gravemente enfermo. Vive con sus hermanas, , en una casa donde el Mesías Jesús es acogido a menudo con afecto. Las dos mujeres, conscientes del profundo amor que el Mesías Jesús siente por su hermano, le envían un mensaje sencillo y confiado: «Aquel a quien amas está enfermo». No formulan ninguna petición concreta, persuadidas de que su amor basta para impulsarlo a actuar.

El Mesías Jesús recibe la noticia, pero afirma que esta enfermedad no conducirá a la muerte definitiva: servirá para manifestar la gloria de Dios. A pesar de su cariño por esta familia, permanece todavía dos días en el lugar donde se encuentra. Esta demora no es falta de amor, sino una decisión voluntaria, inscrita en un designio mayor.

Pasados esos dos días, el Mesías Jesús anuncia a sus discípulos que vuelve a Judea. Ellos se inquietan, porque la región es peligrosa: hace poco intentaron apedrearlo (PER219, PER260, PER274). El Mesías Jesús les responde que quien camina en la luz no tiene nada que temer. Luego les explica que Lázaro «se ha dormido», una manera de hablar de la muerte que expresa a la vez dulzura y esperanza. Los discípulos toman la expresión al pie de la letra, y el Mesías Jesús tiene que precisar que Lázaro ha muerto de verdad. Añade que se alegra, por ellos, de no haber estado presente, para que crean más en él.

Al llegar cerca de Betania, el Mesías Jesús se entera de que Lázaro lleva ya cuatro días en el sepulcro. Muchos judíos han venido para consolar a en su duelo. Marta sale al encuentro del Mesías Jesús y le dice que, si el Maestro hubiera estado allí, su hermano no habría muerto. Sin embargo, conserva una confianza profunda: sabe que Dios concederá al Mesías Jesús todo lo que pida. Él le responde que su hermano resucitará. Marta piensa en la resurrección final, pero el Mesías Jesús le revela algo más grande: se presenta como «la resurrección y la vida», el que da la vida incluso más allá de la muerte.

María se reúne después con el Mesías Jesús. Cae a sus pies llorando, repitiendo las mismas palabras que su hermana. Él se conmueve profundamente al ver el dolor de María y el de las personas que han venido a consolarla. Se turba interiormente y llora él mismo. Este momento muestra su plena humanidad, su compasión real, su amor sincero por sus amigos. Algunos testigos se asombran de sus lágrimas, otros murmuran que habría podido impedir la muerte de Lázaro.

El Mesías Jesús se dirige entonces al sepulcro, una cueva cerrada con una piedra. Pide que la quiten. Marta vacila: después de cuatro días, el cuerpo debe de estar ya en descomposición. El Mesías Jesús le recuerda que verá la gloria de Dios si cree. Quitan la piedra. El Mesías Jesús levanta los ojos y ora a su Padre, no para ser escuchado, pues sabe que siempre lo es, sino para que la multitud comprenda que el Padre lo ha enviado.

Luego grita con voz fuerte: «¡Lázaro, sal!». El muerto sale, todavía envuelto en vendas y con el rostro cubierto con un sudario. El Mesías Jesús ordena que lo desaten y lo dejen ir. Este milagro, el más espectacular de los que relata Juan, manifiesta a la vez el poder divino del Mesías Jesús y su autoridad sobre la muerte.

Muchos testigos creen en él después de ver esto. Otros van a contar lo sucedido a las autoridades religiosas, lo que desencadenará la decisión oficial de dar muerte al Mesías Jesús. La resurrección de Lázaro se convierte así en la señal definitiva que revela la gloria del Hijo, pero también en el acontecimiento que precipita la Pasión.

Nota complementaria