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La petición de Salomé, la mujer de Zebedeo, para sus hijos

El artículo trata de la petición de Salomé para sus hijos y del recorrido geográfico de Jesús. Este relato se sitúa en febrero del año 33, durante el viaje de Jesús de Jericó a Betania. El acontecimiento marca la tensión entre la comprensión humana y las profecías. Jesús anuncia su muerte inminente al responder a Salomé, lo que revela los valores espirituales del reino de Dios.

4 min Salomé Zebedeo Jesús discípulos ministerio 2 versículos 2 libros

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Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 20.20-28 (Reina-Valera 1909)

Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole, y pidiéndole algo.

Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino.

Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos.

Y él les dice: A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas el sentaros á mi mano derecha y á mi izquierda, no es mío darlo, sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre.

Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos.

Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.

Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;

Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:

Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Marcos
Marcos 10.35-45 (Reina-Valera 1909)

Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron á él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.

Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra.

Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?

Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados.

Mas que os sentéis á mi diestra y á mi siniestra, no es mío darlo, sino á quienes está aparejado.

Y como lo oyeron los diez, comenzaron á enojarse de Jacobo y de Juan.

Mas Jesús, llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas, y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad.

Mas no será así entre vosotros: antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor;

Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos.

Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.

Lucas
San Lucas (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: La entrada de la ciudad de Jericó

Fecha: Mes de febrero del año 33 d. C.

Procedimiento: Seguimos a Marcos

Nota sobre el procedimiento: Mateo también aborda este tema

Mapa de Jericó

Salomé, la esposa de Zebedeo, solicita al Mesías Jesús lugares de honor para sus dos hijos en su reino.

Comentarios

Mientras el Mesías Jesús continúa su camino hacia Jerusalén, dos de los discípulos, Santiago y Juan, se acercan a él con una petición audaz. En un relato, son ellos quienes toman la iniciativa; en el otro, es su madre quien viene a postrarse ante el Mesías Jesús para hablar en favor de ellos. Pero la intención es la misma: obtener para estos dos hermanos los lugares de honor junto al Mesías Jesús, uno a su derecha y otro a su izquierda, cuando su reinado se manifieste plenamente.

El Mesías Jesús los escucha y luego les responde con una gravedad mezclada de dulzura. Les pregunta si comprenden de verdad lo que piden. Quieren la gloria, pero ignoran el camino que lleva a ella. El Mesías Jesús les habla entonces de la «copa» que debe beber y del «bautismo» con el que debe ser bautizado: imágenes fuertes que evocan su sufrimiento inminente, su humillación y su muerte. Los dos hermanos afirman que pueden compartir ese destino, sin medir la profundidad de lo que dicen. El Mesías Jesús les responde que, en efecto, beberán esa copa y conocerán también la prueba, pero que los lugares de honor no dependen de él: están reservados por el Padre a aquellos para quienes han sido preparados.

Cuando los otros diez discípulos se enteran de la petición de Santiago y Juan, se indignan. Su enojo revela que ellos también son sensibles a la cuestión del prestigio y de la posición. El Mesías Jesús los reúne entonces para darles una enseñanza fundamental sobre la naturaleza de su reino. Les recuerda que, entre las naciones, los grandes dominan e imponen su autoridad, buscando que se les sirva. Pero afirma que, entre sus discípulos, no debe ser así.

Les dice que el que quiera llegar a ser grande debe hacerse servidor, y que el que quiera ser el primero debe convertirse en esclavo de todos. No se trata de una simple regla moral, sino de una inversión radical de los valores humanos. Para afianzar esta enseñanza, el Mesías Jesús se pone a sí mismo como ejemplo: no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por la multitud. Con estas palabras, revela que la verdadera grandeza pasa por la humildad, la entrega de uno mismo y el servicio, y que su propio camino hacia la gloria pasa por la cruz.

Nota complementaria