El discurso referido por Lucas puede situarse en distintos momentos y en diversos lugares, lo que da a entender que su narración no sigue una cronología estricta. Incluso parece muy probable que Lucas eligiera deliberadamente este punto del relato para reunir varias enseñanzas. Este modo de proceder le permite no solo omitir ciertos elementos del contexto para que su relato sea más conciso, sino también enriquecer y desarrollar su argumentación sobre el tema del reino de los cielos.
Así, Lucas presenta relatos que no siguen necesariamente un orden cronológico formal. Al contrario, organiza su exposición según una lógica precisa, estructurada en torno a sus objetivos teológicos. Este principio de organización se profundiza en el apartado titulado «La ». Por tanto, para el estudio de estos capítulos es esencial tener en cuenta la intención del autor en la composición y estructuración de su evangelio.
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Para obtener más información, consulte el estudio sobre las parábolas PAR035 : El administrador infiel así como PAR000 : Las parábolas. También puede leer el anexo ANN078 : Las parábolas. Hemos decidido seguir el desarrollo de Lucas para comprender bien su argumentación.
Así pues, con el relato de Lucas tenemos toda una serie de enseñanzas sobre el tema del reino de los cielos, en forma de .
Este pasaje se dirige principalmente a los discípulos del Mesías Jesús (San Lucas 16.1)
La del administrador infiel (San Lucas 16.1-13) es una de las más desconcertantes del Evangelio, precisamente porque parece elogiar un comportamiento deshonesto. Veamos cómo se puede entender la paradoja y sacar de ella las lecciones espirituales y teológicas.
El relato en breve
Un administrador es acusado de dilapidar los bienes de su amo. Antes de ser despedido, actúa con rapidez: reduce las deudas de los deudores de su amo, con la esperanza de hacerse amigos que lo reciban cuando se quede sin empleo. Sorprendentemente, su amo elogia su habilidad.
La paradoja central
¿Por qué parece el Mesías Jesús elogiar a un hombre deshonesto?
El elogio recae sobre la habilidad, no sobre la deshonestidad. El amo admira la astucia del administrador, no su injusticia. El Mesías Jesús subraya que «los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz» (San Lucas 16.8), lo cual invita a reflexionar sobre la sabiduría práctica en los asuntos espirituales.
Tal vez el administrador no robe a su amo. Algunos exegetas piensan que simplemente renuncia a su propia comisión sobre las deudas, lo cual sería legal y generoso. Esta interpretación parece errónea, en la medida en que la reducción de las deudas resulta muy elevada, del 50 % en el primer caso y del 20 % en el segundo, y su comisión habría sido demasiado alta.
El Mesías Jesús utiliza un ejemplo chocante para provocar la reflexión. Como en otras parábolas, emplea un personaje ambiguo para ilustrar una verdad más profunda: la urgencia de prepararse para el futuro con los medios disponibles, aunque sean imperfectos.
Enseñanzas espirituales
Usar los bienes materiales para fines espirituales: «Ganad amigos por medio de las riquezas injustas» (San Lucas 16.9) significa: servíos del dinero para hacer el bien, de modo que vuestra generosidad os siga hasta la eternidad.
Fidelidad en lo pequeño: El Mesías Jesús continúa con una exhortación a la fidelidad en la administración de los bienes terrenales, como prueba para recibir los bienes celestiales (San Lucas 16.10-12).
Elegir entre Dios y el dinero: La culmina con la afirmación de que nadie puede servir a dos señores (San Lucas 16.13), y plantea la cuestión del corazón: ¿a qué o a quién estamos realmente apegados?
Una lectura pedagógica
Esta puede ponerse en paralelo con otros relatos en los que se valoran la astucia o la iniciativa (como la de las diez vírgenes (San Mateo 25.1-13) o la del tesoro escondido (San Mateo 13.44)). Invita a meditar sobre la sabiduría espiritual, la administración de los recursos y la preparación para el encuentro con Dios.
Comentario:
El episodio se abre con una denuncia, mencionada explícitamente en el evangelio según San Lucas 16.1. Esta denuncia lleva al amo a tomar en serio las acusaciones hechas contra su administrador y a exigirle que rinda cuentas de su gestión (San Lucas 16.2). El reproche se refiere a que el administrador ha dilapidado los bienes de su amo. Ante esto, el administrador no discute los hechos que se le imputan. En lugar de intentar defenderse, prefiere elaborar una estrategia para asegurar su futuro, anticipándose a su próximo despido.
La función inicial de este administrador era gestionar los bienes de su amo durante la ausencia de este. En el relato surgen entonces dos actitudes distintas respecto a él. En un primer momento, aparece como alguien que malgasta recursos que no le pertenecen. Aunque el texto no precisa de qué manera procede a este derroche, es fácil comprender que perjudica a su patrón de forma manifiesta, lo cual indigna a algunos testigos. Estos llegan a denunciarlo ante el amo.
Después, vemos a este mismo administrador actuar de manera deshonesta para intentar salir de la situación. Sigue desviando bienes de su amo al reducir las deudas contraídas por los deudores. Es precisamente esta acción la que el Mesías Jesús va a destacar en su enseñanza. El administrador, en este contexto, no intenta justificarse ante su amo ni negociar. Toma la iniciativa de actuar y aprovecha su autoridad para imponer reducciones en las deudas de los deudores. Estos, por lo demás, no parecen más honestos que él, pues aceptan sin escrúpulo la disminución de lo que deben.
Con estas maniobras, el administrador se asegura el reconocimiento y la gratitud de estas personas, que le quedarán obligadas. Aunque su comportamiento sea deshonesto, da muestra de cierta inteligencia: anticipa y prepara su futuro (San Lucas 16.3-4). El Mesías Jesús subraya entonces que elogia la habilidad del administrador y no su fraude, insistiendo en su capacidad para afrontar la crisis con ingenio (San Lucas 16.8).
La actitud del administrador deshonesto, tal como se presenta en la , ofrece una enseñanza valiosa al discípulo. Jesús no elogia la deshonestidad de este hombre, sino su capacidad de anticipar el futuro y de actuar con inteligencia para prepararse. En efecto, no se trata aquí de acumular riquezas materiales, sino simplemente de disponer de los medios necesarios para vivir después de su despido (San Lucas 16.3).
Este paralelismo invita al discípulo a centrar su atención no en las preocupaciones inmediatas o temporales, sino en el futuro que le espera en el reino de los cielos. Los bienes materiales, aunque necesarios, siguen siendo de menor importancia ante la perspectiva de la vida eterna. Por tanto, es esencial elegir bien los objetivos, pues los del mundo resultan incompatibles con los objetivos espirituales (San Lucas 16.13).
La pone de relieve una clara oposición entre dos tipos de búsqueda del éxito: por un lado, los que, a semejanza de los (San Lucas 16.14-17), persiguen el éxito según los criterios de este mundo; por otro, los que aspiran a entrar en el reino de los cielos, como ilustra la enseñanza de San Mateo 7.13-14. Estas dos orientaciones son fundamentalmente incompatibles y conducen a destinos radicalmente distintos.
Ante esta realidad, se pide a cada uno que haga desde esta vida una elección decisiva sobre el camino que desea tomar. Es imposible tomar ambos caminos a la vez, porque se excluyen mutuamente. Esta elección no es opcional: abstenerse de elegir equivale, de hecho, a emprender el camino ancho y fácil, el que no conduce al reino de los cielos. Por consiguiente, el camino estrecho y difícil, el del reino, exige una decisión personal y consciente. Este camino requiere un compromiso claro, pues no es posible seguirlo sin una elección deliberada.