Todos los habitantes del pueblo esperaban con impaciencia el nacimiento de este niño. La avanzada edad de Isabel hacía pensar que sus posibilidades de ser madre estaban llegando a su fin. La situación de Zacarías, que había quedado mudo durante los nueve meses del embarazo, también suscitó el asombro de los testigos. Por tanto, es lógico que la llegada de este niño planteara preguntas.
Sabemos que Zacarías seguía ejerciendo sus funciones en el templo, lo que permite suponer que aún no había alcanzado la edad de jubilación, fijada en 50 años (Números 4.3). Su esposa, probablemente más joven, era considerada estéril según los criterios de la época. A modo de comparación, un judío del siglo I a menudo ya tenía una familia numerosa a los 25 años.
La elección del nombre no sigue la tradición, pero Zacarías se atiene a las instrucciones del ángel Gabriel. «Juan» significa «Dios concede su gracia». Este significado se refleja en su nacimiento milagroso, pero también en su mensaje profético en el desierto, que anuncia al Mesías como rey.
Los habitantes del pueblo, testigos de un nacimiento considerado improbable, e incluso imposible, concluyen que este niño desempeñará un papel importante en el futuro. No comprenden plenamente los acontecimientos; ignoran que el nacimiento del Mesías está cerca. Observamos que difundieron la noticia de este nacimiento extraordinario, acompañada, sin duda, de comentarios e interpretaciones personales.
Este nacimiento debió de recordar a todos el relato de Isaac, hijo de Abraham y Sara, tal como se describe en Génesis 22.1-18.
Juan pertenece a la clase sacerdotal y desciende de Leví tanto por su madre como por su padre, que oficiaba en el templo. Se nos da un detalle sobre su juventud: «la mano del Señor estaba con él». Seguirá el voto de nazareato, al igual que los grandes profetas de la historia judía, de acuerdo con las instrucciones del ángel Gabriel.