Etapas 1 a 2
-
PER002
Jesús el Mesías, el Verbo encarnado, y Juan el Bautista, el Precursor
El artículo explora cómo el Evangelio de Juan afirma que Jesús es el Verbo encarnado y Dios, con Juan el Bautista como Precursor. El apóstol Juan pretende demostrar que Jesús, tanto Mesías rey como figura divina, satisface las expectativas mesiánicas judías.
Juan 3.25-29 (Reina-Valera 1909) :Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación.Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á él.Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo es cumplido.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org -
PER047
El pueblo de Sicar en Samaria
El artículo trata del encuentro de Jesús con la samaritana en Sicar y destaca su importancia en el ministerio galileo. La conversión del pueblo ilustra el mensaje universal de Jesús.
Juan 4.27-42 (Reina-Valera 1909) :Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.Y creyeron muchos más por la palabra de él.Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org