El texto de Lucas no lo precisa explícitamente. En realidad, ignoramos quién pidió al antiguo cojo que compareciera junto a Pedro y Juan. Sin embargo, pueden hacerse varias observaciones.
Después de la sanidad, el hombre ya no se separa de los dos apóstoles:
«Estando aquel cojo que había sido sanado aferrado a Pedro y a Juan, todo el pueblo, asombrado, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón» (Hechos 3.11).
Cuando Pedro y Juan fueron arrestados, es verosímil, pues, que este hombre fuera llevado también con ellos o convocado posteriormente por las autoridades para servir de testigo en el caso. En la comparecencia ante el , Lucas precisa:
«Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no tenían nada que replicar» (Hechos 4.14).
Su presencia constituye, en efecto, una prueba irrefutable del milagro. Más adelante, los miembros del reconocen ellos mismos:
«Un milagro evidente ha sido hecho por ellos, notorio a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar» (Hechos 4.16).
Es, pues, probable que las autoridades religiosas desearan interrogarlo o, al menos, que juzgaran necesario tenerlo a la vista durante la instrucción del caso. Algunos comentaristas piensan también que pudo acompañar voluntariamente a Pedro y a Juan por gratitud y fidelidad hacia quienes acababan de sanarlo.
En definitiva, el texto no permite determinar con certeza quién tomó la iniciativa de su presencia ante el . Su presencia sigue siendo, no obstante, un elemento esencial del relato, pues hacía imposible toda impugnación del milagro y colocaba a las autoridades religiosas en una situación particularmente embarazosa.