Estos son los principales argumentos presentados por quienes defienden la atribución del libro de Daniel al propio Daniel, es decir, una redacción en el siglo VI a. C. por el profeta del exilio.
Principales argumentos para atribuir el libro a Daniel
- Testimonio interno del libro
El texto se presenta como escrito por Daniel, un desterrado judío en Babilonia.
Los relatos están narrados en primera persona en los capítulos 7–12 («Yo, Daniel…»), lo que sugiere una autobiografía.
Esta autodesignación se interpreta como una reivindicación de autoría.
- Conocimiento del contexto babilónico y persa
El libro menciona títulos administrativos, costumbres de la corte y detalles culturales coherentes con la vida en Babilonia y en Persia.
Estos elementos se consideran indicios de un conocimiento directo del ambiente de mediados del siglo VI.
Para los defensores de la atribución a Daniel, sería improbable que un autor tardío hubiera inventado estos detalles con tanta precisión.
- Antigua tradición judía y cristiana
El judaísmo antiguo y el cristianismo primitivo siempre han considerado a Daniel el autor de su libro.
El Mesías Jesús mismo habla de «el profeta Daniel» (San Mateo 24.15 y en Marcos 13.14), lo que confirma la recepción tradicional.
Los Padres de la Iglesia y los rabinos transmitieron esta atribución sin ponerla en duda.
- Coherencia lingüística con el exilio
El libro está escrito en hebreo y en arameo, dos lenguas utilizadas en la época del exilio.
La presencia de términos persas y griegos se explica por los contactos culturales ya existentes en el siglo VI.
Esto refuerza la idea de que Daniel, que vivía en Babilonia, podía manejar estas lenguas.
- Autenticidad profética
Las visiones se interpretan como verdaderas profecías inspiradas por Dios.
La precisión de los anuncios sobre los imperios sucesivos (Babilonia, Media, Persia, Grecia) se considera una confirmación de la inspiración divina, y no una redacción tardía.
Daniel es, pues, reconocido como profeta, autor y testigo directo.
Síntesis
Se puede decir que Daniel es efectivamente el autor del libro que lleva su nombre porque:
El texto se presenta como escrito por él.
Muestra un conocimiento del contexto babilónico y persa.
La antigua tradición judía y cristiana siempre lo ha reconocido como autor.
La lengua y los detalles culturales corresponden a su época.
Sus profecías se reciben como auténticas e inspiradas.
En suma, la atribución a Daniel se apoya en la coherencia interna del texto, la antigua tradición religiosa y el reconocimiento de su autoridad profética.