En Mateo 21.32, el Mesías Jesús no habla directamente de sí mismo, sino de Juan el Bautista. Veamos por qué esto es profundamente estratégico y revelador:
- Una estrategia pedagógica indirecta
El Mesías Jesús utiliza a menudo o referencias indirectas para llevar a sus oyentes a reflexionar por sí mismos. Al hablar de Juan, crea un espejo en el que los líderes religiosos pueden ver su propia negativa a creer, sin necesidad de acusarlos él mismo.
- Juan el Bautista como prueba de fe
Juan fue el precursor del Mesías, el que preparó el camino. Creer en Juan era ya prepararse para creer en Jesús. Al rechazar a Juan, los se perdieron el primer paso. El Mesías Jesús subraya, pues, su incoherencia: rechazaron al que anunciaba la justicia y persisten en su negativa, incluso después de haber visto a pecadores convertirse.
- Una acusación implícita pero poderosa
En realidad, el Mesías Jesús sí habla de sí mismo, pero de manera velada. Al decir que los pecadores creyeron en Juan, da a entender que también acogieron el mensaje del reino, es decir, a él mismo. Y al decir que los no creyeron, incluso después de haber visto los frutos del arrepentimiento, los acusa de dureza de corazón, no solo hacia Juan, sino también hacia el Mesías que este anunciaba.
- Respeto del tiempo de la revelación
Jesús avanza hacia la cruz. Sabe que se acerca el momento de la plena revelación de su identidad, pero aquí todavía elige dejar que la verdad se vaya desvelando progresivamente, para que quienes tienen oídos para oír puedan comprender.
En resumen, el Mesías Jesús no habla directamente de sí mismo en esta respuesta, pero habla de sí mismo al hablar de Juan. Es una manera sutil pero poderosa de revelar la verdad y, al mismo tiempo, confrontar a sus oyentes con su propia negativa.