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Daniel 3 y la historicidad del relato en el contexto neobabilónico

Le chapitre fournit un ensemble de données relativement précises. Nebucadnetsar règne sur Babylone. Il fait ériger une statue monumentale dans la plaine de Dura, située…

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1. Lo que Daniel 3 afirma históricamente

El capítulo proporciona un conjunto de datos relativamente precisos.

Nabucodonosor reina sobre Babilonia.

Hace erigir una estatua monumental en la llanura de Dura, situada en la provincia de Babilonia.

Convoca a numerosos responsables administrativos para su inauguración.

Una señal musical acompaña la ceremonia.

Los participantes deben postrarse ante la estatua.

Tres administradores judíos se niegan.

Son condenados a ser arrojados a un horno.

Sobreviven milagrosamente y Nabucodonosor reconoce públicamente la intervención de su Dios.

Estos elementos constituyen el marco histórico que reivindica el relato.

2. La ausencia de una inscripción que relate el acontecimiento

Ninguna inscripción neobabilónica conocida actualmente relata el episodio de Daniel 3 en su conjunto.

No poseemos, por ejemplo, una inscripción de Nabucodonosor que anuncie que hizo construir la estatua de Dura y que tres judíos sobrevivieron a un horno.

Esta ausencia debe reconocerse.

Significa que el acontecimiento no dispone actualmente de una confirmación extrabíblica directa comparable a la que pueden recibir ciertos reyes, ciertas campañas militares o ciertas construcciones.

Sin embargo, no permite, por sí sola, concluir que el acontecimiento no haya tenido lugar.

3. Las inscripciones reales no son crónicas exhaustivas

Las inscripciones reales del Cercano Oriente antiguo responden generalmente a objetivos precisos.

Conmemoran especialmente:

las victorias del soberano;

sus construcciones;

sus restauraciones de templos;

su piedad hacia los dioses;

su poder;

la estabilidad de su reinado.

No pretenden proporcionar una historia exhaustiva y crítica de todos los acontecimientos ocurridos durante un reinado.

Sería particularmente sorprendente que un soberano hiciera grabar para la posteridad un episodio en el que su condena fracasa y en el que el Dios de cautivos extranjeros demuestra públicamente un poder superior a su decreto.

La ausencia de una inscripción así no tiene, pues, nada de inesperado.

4. Nabucodonosor II como personaje histórico

La existencia de Nabucodonosor II está abundantemente atestiguada.

Reina sobre el Imperio neobabilónico del 605 al 562 a. C. y sucede a Nabopolasar.

Su reinado corresponde al apogeo del poder neobabilónico.

Las fuentes babilónicas, los descubrimientos arqueológicos y varios textos bíblicos permiten situarlo en un contexto histórico bien establecido.

Se le asocia especialmente con las campañas contra el reino de Judá y con la toma de Jerusalén.

Daniel no sitúa, pues, su relato bajo un soberano desconocido o imposible de identificar, sino bajo uno de los reyes mejor atestiguados del período neobabilónico.

5. Nabucodonosor como gran constructor

El Nabucodonosor conocido por las inscripciones reales concede una importancia considerable a la construcción monumental.

Babilonia conoce bajo su reinado importantes obras en sus murallas, sus palacios, sus templos y sus vías monumentales.

Esta actividad arquitectónica corresponde al retrato general de un soberano capaz de emprender proyectos de gran envergadura.

Daniel 3.1, que atribuye a Nabucodonosor la erección de un monumento gigantesco, se inscribe, pues, en un contexto en el que la arquitectura monumental desempeña efectivamente un papel esencial en la representación del poder real.

Esto no prueba la existencia de la estatua particular de Dura, pero hace que el proyecto sea coherente con la actividad conocida del soberano.

6. El oro y la representación del poder

Daniel describe una estatua «de oro».

El oro tiene naturalmente un valor económico, pero también un fuerte valor simbólico.

Daniel 2 había asociado ya el oro con Nabucodonosor cuando Daniel le declaraba:

«Tú eres aquella cabeza de oro» (Daniel 2.38).

En el mundo real antiguo, los metales preciosos participaban en la representación de la riqueza, del prestigio y del carácter sagrado de los templos o de los objetos cultuales.

Como ha mostrado el estudio material de la estatua, la expresión «estatua de oro» no exige que el monumento haya sido de oro macizo. Una estructura recubierta de oro o de material dorado basta para hacer materialmente posible la descripción.

7. Una administración imperial compleja

Daniel 3.2-3 da una larga lista de responsables convocados para la inauguración.

El texto busca manifiestamente mostrar que están representadas todas las principales categorías de la administración.

Un imperio como el de Babilonia necesitaba efectivamente una organización administrativa que permitiera gobernar territorios y poblaciones muy diversos.

Sin embargo, hay que ser prudente cuando se pretende hacer corresponder cada uno de los títulos arameos con una función neobabilónica perfectamente identificada.

Ciertos términos pudieron evolucionar o transmitirse en formas influidas por administraciones posteriores.

El valor histórico principal de la lista reside, pues, en el cuadro general de una ceremonia que reúne a los representantes del poder imperial.

8. Un imperio compuesto de pueblos diferentes

Daniel 3.4 dirige la orden real a los «pueblos, naciones y lenguas».

Esta fórmula corresponde a la realidad general de los grandes imperios mesopotámicos.

Las conquistas, los desplazamientos de poblaciones y las deportaciones habían puesto bajo la autoridad babilónica a grupos con lenguas, culturas y tradiciones religiosas diferentes.

Los propios judíos pertenecen a esta realidad.

La presencia de Sadrac, Mesac y Abed-nego en la administración babilónica ilustra precisamente la integración de exiliados o de descendientes de poblaciones desplazadas en las estructuras imperiales.

9. ¿Podían los deportados acceder a responsabilidades?

Daniel 1-3 presenta a judíos deportados capaces de integrarse en la administración real.

Tal fenómeno no debe considerarse intrínsecamente inverosímil.

Los grandes imperios antiguos no se contentaban con desplazar poblaciones. También podían utilizar las competencias de individuos procedentes de los pueblos sometidos.

Daniel 1 explica precisamente que ciertos jóvenes fueron seleccionados en función de sus capacidades para ser formados al servicio real (Daniel 1.3-5).

El relato no presenta, pues, una promoción inmediata e inexplicada de prisioneros ordinarios. Describe una selección, una formación y luego una integración en la administración.

10. Los nombres babilónicos de los tres judíos

Ananías, Misael y Azarías reciben los nombres de Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 1.6-7).

Este cambio de nombres corresponde al proceso de integración en el entorno babilónico descrito por el libro.

Daniel 3 utiliza casi exclusivamente sus nombres administrativos babilónicos.

El contraste es teológicamente notable: exteriormente, llevan los nombres que les asignó el Imperio y sirven a su administración; interiormente, su fidelidad al Dios de Israel permanece intacta.

El no produjo, pues, un cambio de adoración.

11. La ejecución por el fuego: el paralelo de Jeremías

Uno de los acercamientos históricos más importantes se refiere a la pena impuesta a los tres hombres.

Daniel 3 afirma que los opositores deben ser arrojados a un horno.

Jeremías 29.21-22 relata independientemente que Nabucodonosor hizo ejecutar por el fuego a dos hombres, Acab hijo de Colaías y Sedequías hijo de Maasías.

El acercamiento no prueba el episodio de Daniel 3 y no permite afirmar que se utilizaran las mismas instalaciones.

Demuestra, sin embargo, que la ejecución por el fuego está atestiguada en otra tradición bíblica directamente asociada con el mismo rey.

Esta correspondencia contextual es particularmente significativa.

12. La llanura de Dura

La localización constituye otro elemento que debe tratarse con prudencia.

El nombre Dura es compatible con la toponimia semítica y mesopotámica, pero varios lugares podían llevar un nombre emparentado.

Ninguna localización moderna puede identificarse actualmente con certeza con la llanura de Daniel 3.

Esta falta de identificación no es excepcional para un topónimo antiguo secundario.

Hay que evitar, pues, dos afirmaciones opuestas igualmente excesivas: pretender que la arqueología habría encontrado con certeza el emplazamiento de la estatua, o considerar que la imposibilidad actual de localizar Dura demuestra que el lugar nunca existió.

13. ¿Constituyen los instrumentos griegos un anacronismo decisivo?

Los nombres griegos de ciertos instrumentos se han utilizado a menudo para defender una composición tardía de Daniel.

El problema es real y merece integrarse en el estudio lingüístico.

Sin embargo, el número de términos afectados es limitado y pertenecen precisamente al vocabulario musical, una categoría especialmente propensa a circular junto con los instrumentos mismos.

Los contactos entre griegos y pueblos del Próximo Oriente existían antes de Alejandro Magno.

La presencia de algunos préstamos griegos es, por tanto, compatible con una historia de contactos antiguos, aunque también resulta perfectamente natural en una transmisión posterior del texto.

No constituye, por sí sola, una prueba suficiente para fechar todo el relato en el siglo II a. C.

14. Historicidad y fecha de redacción son dos cuestiones distintas

Esta distinción es fundamental.

Se puede preguntar:

«¿Cuándo se supone que tuvo lugar el acontecimiento narrado?»

y:

«¿Cuándo fue compuesta o fijada la forma del texto que poseemos?»

Estas preguntas no son idénticas.

Un texto puede narrar un acontecimiento anterior a su redacción definitiva.

Inversamente, la presencia de un elemento lingüístico susceptible de haber sido actualizado durante la transmisión no demuestra automáticamente que el acontecimiento narrado sea ficticio.

Por tanto, el estudio de Daniel debe distinguir la historia de los acontecimientos, la historia de la composición y la historia de la transmisión textual.

15. La hipótesis de un relato compuesto en el siglo II a. C.

Una parte importante de la investigación moderna considera que Daniel recibió su forma final durante la crisis de Antíoco IV Epífanes, en el siglo II a. C.

Desde esta perspectiva, Daniel 3 habría tenido una fuerza particular para los judíos confrontados con la presión religiosa helenística: tres fieles se niegan a una adoración impuesta por el poder y prefieren la muerte a la idolatría.

La correspondencia temática es incuestionable.

La cuestión es si esta pertinencia en el siglo II obliga a que el relato haya sido creado en esa época.

Este razonamiento no es necesario.

Un relato más antiguo podía volverse extremadamente pertinente precisamente cuando una situación posterior reproducía un conflicto comparable.

16. La crisis de Antíoco ilumina la recepción sin determinar necesariamente el origen

Los acontecimientos referidos en 1 Macabeos muestran que los judíos del siglo II a. C. se vieron confrontados con exigencias religiosas gravísimas.

En un contexto así, Daniel 3 podía convertirse naturalmente en un modelo de fidelidad.

La lógica es comparable a la de numerosos textos bíblicos: una historia antigua adquiere una nueva actualidad cuando los creyentes se encuentran en una situación análoga.

Hay, pues, que distinguir:

la fecha en que un relato se vuelve particularmente pertinente;

y la fecha en que se supone que ocurrió el acontecimiento que refiere.

Ambas pueden coincidir, pero esa coincidencia debe demostrarse y no suponerse.

17. La calidad literaria no excluye la historicidad

Daniel 3 es un relato cuidadosamente construido.

Las repeticiones, las listas, los contrastes y los giros dan testimonio de un auténtico trabajo literario.

La ceremonia es repetitiva.

El decreto parece absoluto.

Los tres hombres están aislados.

El horno se intensifica.

Los condenados son atados.

Luego todo se invierte:

los ejecutores mueren;

los condenados viven;

los hombres atados caminan libremente;

el rey que desafiaba a su Dios bendice a ese mismo Dios;

el decreto que imponía la estatua es reemplazado por un decreto que protege el honor del Dios de los judíos.

Esta arquitectura literaria no permite, por sí sola, clasificar el relato como ficción.

Los relatos históricos de la antigüedad pueden estar organizados teológica y literariamente sin dejar de pretender referir acontecimientos reales.

18. El milagro y el método histórico

La liberación del horno plantea necesariamente una cuestión metodológica.

Un enfoque que excluye por principio toda intervención sobrenatural concluirá naturalmente que el milagro no puede ser histórico.

Pero esa conclusión se deriva entonces en parte del presupuesto metodológico adoptado.

El estudio del texto puede establecer lo que Daniel afirma: un horno realmente mortal, una intervención celestial y una protección completa de los tres hombres.

El historiador puede examinar después la coherencia del contexto, la transmisión del relato y los datos disponibles.

Sin embargo, el carácter milagroso del acontecimiento no puede reproducirse experimentalmente ni demostrarse mediante un cálculo térmico.

19. Lo que está corroborado históricamente y lo que no

Es útil distinguir claramente los niveles de prueba.

Varios elementos generales del marco están bien establecidos históricamente:

Nabucodonosor II reinó realmente en Babilonia;

su reinado estuvo marcado por una importante actividad arquitectónica;

el Imperio babilónico gobernaba poblaciones diversas;

judíos fueron deportados a Babilonia;

la administración imperial empleaba a numerosos funcionarios;

la ejecución por el fuego bajo Nabucodonosor tiene un paralelo en Jeremías 29.21-22.

Otros elementos no cuentan actualmente con una confirmación independiente directa:

la estatua concreta de Daniel 3;

su emplazamiento exacto en Dura;

la ceremonia descrita;

la acusación de los tres judíos;

su presencia en el horno;

su liberación milagrosa.

Un estudio académico favorable a la historicidad del relato hace bien en mantener claramente esta distinción.

20. La ausencia de prueba independiente no es prueba de ausencia

Gran parte de la historia antigua solo se conoce por una fuente o por una documentación fragmentaria.

Los archivos conservados del Imperio neobabilónico son considerables, pero no representan todo lo que se escribió, y mucho menos todo lo que ocurrió.

Sería, pues, metodológicamente incorrecto establecer el siguiente principio: todo acontecimiento no atestiguado de manera independiente debe considerarse ficticio.

Inversamente, la verosimilitud del contexto no basta para constituir una prueba independiente de cada acontecimiento narrado.

La posición rigurosa se sitúa entre estos dos excesos.

21. Una formulación históricamente equilibrada

Daniel 3 posee varias características compatibles con el contexto neobabilónico en el que se sitúa el relato.

Ningún dato conocido actualmente permite demostrar que Nabucodonosor no hubiera podido organizar una ceremonia de este tipo.

La monumentalidad corresponde a su reinado.

El carácter multinacional de la asamblea corresponde a un imperio.

La presencia de judíos en Babilonia corresponde a las deportaciones históricamente atestiguadas.

La condena por el fuego tiene un paralelo particularmente significativo en Jeremías.

Pero ningún descubrimiento arqueológico permite declarar hoy que la estatua de Daniel 3 o su horno hayan sido hallados.

La defensa de la historicidad no necesita convertir aproximaciones en pruebas que no son.

22. Conclusión

Daniel 3 se presenta como el relato de un acontecimiento real ocurrido bajo Nabucodonosor II. Su marco general concuerda con varios datos conocidos del mundo neobabilónico: el poder del soberano, su actividad monumental, el carácter multinacional de su imperio, la presencia de exiliados judíos en Babilonia y la existencia de ejecuciones por el fuego durante su reinado.

Sin embargo, el episodio concreto de la estatua y del horno no cuenta actualmente con una confirmación extrabíblica directa.

Esta situación exige una formulación matizada.

Sería excesivo afirmar que la arqueología ha «probado Daniel 3». Sería igualmente excesivo presentar la ausencia de una inscripción que cuente el acontecimiento como una demostración de su carácter ficticio.

La conclusión más rigurosa consiste en distinguir entre corroboración contextual y atestación directa: Daniel 3 se inscribe de manera coherente en varias realidades conocidas del mundo neobabilónico, mientras que el acontecimiento particular que refiere sigue estando históricamente atestiguado por el propio relato bíblico. Su reconocimiento como intervención milagrosa de Dios depende después de la valoración que el lector haga de la naturaleza y del valor histórico del testimonio bíblico.