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Conclusión general de los anexos DAN002

La primera precisión se refiere al contexto de Daniel 1. La victoria babilónica en Carquemis en 605 a. C. modifica profundamente el equilibrio político del Próximo Oriente. Después…

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1. Un marco histórico que debe distinguirse de los acontecimientos de 597 y 586 a. C.

La primera precisión se refiere al contexto de Daniel 1.

La victoria babilónica en Carquemis en 605 a. C. modifica profundamente el equilibrio político del Próximo Oriente.

Tras la derrota del ejército egipcio, Babilonia extiende su control hacia Siria-Palestina y Judá pasa progresivamente de la dependencia egipcia a la dominación babilónica.

Daniel 1 sitúa en este contexto la intervención de Nabucodonosor contra Jerusalén, el traslado de una parte de los objetos del Templo y la llegada de jóvenes judeos a Babilonia (Daniel 1.1-6).

Esta primera fase debe distinguirse de la toma de Jerusalén y de la gran deportación de 597 a. C., y luego de la destrucción de Jerusalén y del Templo en 586 a. C. (2 Reyes 24.10-16; 2 Reyes 25.1-12).

2. Carquemis y Jerusalén no constituyen un solo acontecimiento

La cronología exige también distinguir la batalla de Carquemis de la intervención contra Jerusalén.

Carquemis se halla a orillas del Éufrates y es el escenario del gran enfrentamiento entre las fuerzas babilónicas y egipcias (Jeremías 46.2).

La victoria de Nabucodonosor abre luego el camino a la expansión babilónica hacia el sur.

La formulación más precisa consiste, pues, en entender la secuencia de la manera siguiente:

Carquemis en el 605 a. C. → retroceso de Egipto → avance babilónico hacia el sur → paso de Judá bajo dominio babilónico → intervención contra Jerusalén relatada en Daniel 1.

Esta distinción evita convertir varias etapas históricas en un único acontecimiento militar.

3. El tercer año de Joacim no es necesariamente incompatible con Jeremías

Daniel sitúa el acontecimiento en el tercer año de Joacim (Daniel 1.1), mientras que Jeremías asocia Carquemis con su cuarto año (Jeremías 46.2).

Esta diferencia puede entenderse a partir de los distintos métodos antiguos de cómputo de los años de reinado, en particular la distinción entre sistemas con o sin año de ascenso al trono.

No es, pues, necesario concluir de inmediato que haya una contradicción.

No obstante, la correspondencia exacta de los sistemas de cómputo sigue siendo una reconstrucción cronológica y debe presentarse como tal.

4. La edad de Daniel sigue siendo desconocida

Ningún pasaje bíblico da la edad de Daniel a su llegada a Babilonia.

La hipótesis de una edad de unos catorce años sigue siendo plausible para un joven seleccionado para recibir formación en la corte, pero no constituye un dato del texto.

Si se acepta esta hipótesis, Daniel habría nacido hacia el 619 a. C.

Tendría entonces unos dieciséis o diecisiete años al término de su formación, unos ochenta años en la caída de Babilonia en 539 a. C., de 81 a 82 años aproximadamente en el primer año de Ciro y de 83 a 84 años aproximadamente en su tercer año.

Estas edades permiten visualizar la duración excepcional de su carrera, pero deben identificarse siempre como estimaciones.

5. El cambio de nombre forma parte del proceso de integración

Daniel, Ananías, Misael y Azarías reciben nuevos nombres en Babilonia (Daniel 1.6-7).

Sus nombres hebreos tienen significados relativamente bien establecidos e incluyen referencias al Dios de Israel.

Daniel significa aproximadamente «Dios es mi juez».

Ananías expresa la gracia de .

Misael puede entenderse como «¿Quién es como Dios?».

Azarías significa « ha ayudado».

Los nombres babilónicos deben tratarse con más prudencia.

6. Las etimologías babilónicas no tienen todas el mismo grado de certeza

Beltsasar es asociado explícitamente por Nabucodonosor con el nombre de su dios (Daniel 4.8), pero su reconstrucción etimológica precisa sigue siendo discutida.

Sadrac y Mesac han recibido diversas explicaciones, en particular acercamientos a la divinidad mesopotámica Aku, sin que ninguna solución pueda considerarse cierta.

Abed-nego está probablemente relacionado con Nabu y puede entenderse como una forma correspondiente a «siervo de Nabu».

Un estudio académico debe, pues, evitar presentar los cuatro nombres babilónicos con traducciones igualmente ciertas.

7. El cambio de nombre no significa necesariamente el borrado de la identidad

El texto no refiere ninguna protesta de Daniel contra su nuevo nombre.

Tampoco rechaza el aprendizaje de la cultura babilónica.

Pero el narrador sigue llamándolo Daniel y vuelve a introducir los cuatro nombres hebreos en el momento de su presentación ante el rey (Daniel 1.19).

Esta distinción es importante.

La administración imperial puede atribuir una nueva identidad administrativa a los jóvenes judeos.

Pero eso no determina su fidelidad interior.

8. La comida constituye el primer límite explícitamente puesto

Daniel acepta varios elementos de su nuevo entorno antes de que el relato refiera una negativa.

El límite aparece en Daniel 1.8:

«Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía.»

Sin embargo, no se explica la razón exacta de esta contaminación.

Es uno de los puntos en los que la exégesis debe conservar una verdadera prudencia.

9. Siguen siendo posibles varias explicaciones de la contaminación

Las prescripciones alimentarias de la constituyen una explicación natural, en particular para las carnes (Levítico 11.1-47; Deuteronomio 14.3-21).

Las condiciones de preparación y la posible presencia de sangre también pueden tomarse en consideración (Levítico 17.10-14).

También se ha propuesto una asociación de los manjares con los cultos babilónicos.

Por último, la mesa real podía implicar una dimensión de integración y de dependencia respecto del soberano.

Ninguna de estas explicaciones es dada explícitamente por Daniel 1.

Es posible que se hayan combinado varios factores.

10. El régimen de Daniel no constituye una prescripción universal

Daniel pide legumbres y agua durante la prueba de los diez días (Daniel 1.12-16).

Sin embargo, el pasaje no pretende establecer la superioridad científica de un régimen alimentario.

Tampoco ordena un vegetarianismo permanente.

Daniel 10.3, donde Daniel precisa que se abstuvo temporalmente de carne y de vino, muestra que no es necesario entender Daniel 1 como la adopción definitiva de un régimen que excluya esos alimentos.

El centro del relato es la fidelidad, no la nutrición.

11. La formación babilónica no es rechazada

Daniel y sus compañeros aprenden «las letras y la lengua de los caldeos» (Daniel 1.4).

El texto nunca presenta esta formación como una falta.

Daniel puede aprender la cultura de Babilonia sin adoptar sus dioses.

Esta distinción permite comprender la posición que ocupará durante toda su carrera.

No vive fuera del sistema imperial.

Ejerce, por el contrario, responsabilidades en su seno conservando una fidelidad religiosa distinta.

12. Hay que evitar reconstruir un currículo que el texto no describe

La cultura mesopotámica comprendía importantes tradiciones escribales, administrativas, literarias, científicas, religiosas y adivinatorias.

Este contexto ilumina la expresión «letras y lengua de los caldeos».

Sin embargo, Daniel 1 no da ninguna lista de las disciplinas efectivamente estudiadas por Daniel.

Sería, pues, excesivo afirmar que siguió personalmente cada una de las enseñanzas conocidas en las escuelas de sabios mesopotámicas.

El contexto histórico ilumina el texto; no debe sustituir las informaciones que este no proporciona.

13. Formación humana y don divino no se oponen

Daniel 1.17 declara:

«Dios dio a estos cuatro jóvenes conocimiento e inteligencia en todas las letras, y sabiduría.»

El relato asocia, pues, dos realidades.

Los jóvenes reciben una formación real.

Dios les concede conocimiento e inteligencia.

Además, Daniel posee una aptitud particular en cuanto a las visiones y los sueños.

Esta distinción prepara Daniel 2, donde la formación explica la presencia de Daniel entre los sabios mientras que la revelación del misterio viene de Dios (Daniel 2.19-23; Daniel 2.27-30).

14. Los tres años de formación son compatibles con el segundo año de Nabucodonosor

Daniel 1.5 prevé tres años de formación.

Daniel 2.1 sitúa luego el sueño de Nabucodonosor en el segundo año de su reinado.

La dificultad puede aclararse por el sistema babilónico del año de ascenso al trono.

Una formación iniciada durante el año de ascenso de Nabucodonosor puede continuar durante su primer año oficial y terminar durante el segundo.

Los tres años no representan, pues, necesariamente treinta y seis meses completos.

Esta reconstrucción permite respetar la progresión natural del relato sin pretender determinar los acontecimientos con precisión de mes.

15. Daniel 1.21 no da la fecha de la muerte de Daniel

La declaración:

«Así estuvo Daniel hasta el primer año del rey Ciro» (Daniel 1.21)

no significa que Daniel muera en esa fecha.

Daniel 10.1 lo presenta aún vivo en el tercer año de Ciro.

El primer año de Ciro constituye, pues, un hito literario e histórico.

Conduce al lector hasta la época en que la dominación babilónica ha desaparecido y en que el regreso de los desterrados se hace posible.

16. El libro no refiere el regreso de Daniel a Jerusalén

El primer año de Ciro se asocia al decreto que permite el regreso de los judeos y la reconstrucción del Templo (2 Crónicas 36.22-23; Esdras 1.1-4).

Daniel llega a esa época.

Pero ningún pasaje cuenta que participe él mismo en el regreso.

Sería, pues, excesivo afirmar que volvió a Jerusalén.

También sería excesivo afirmar categóricamente que nunca volvió.

El dato cierto es más limitado: en el libro no se refiere ningún regreso de Daniel a Jerusalén.

17. Los objetos del Templo forman un notable hilo conductor

Los objetos del Templo aparecen desde Daniel 1.2.

Nabucodonosor los lleva a Babilonia y los coloca en el tesoro de su dios.

Reaparecen en Daniel 5 cuando Belsasar los hace traer durante su banquete (Daniel 5.2-4).

Daniel interpreta entonces su utilización como una manifestación del orgullo del rey contra el Señor del cielo (Daniel 5.22-23).

Los objetos unen así el comienzo de la dominación babilónica con la noche de su caída.

18. Su historia se prolonga bajo Ciro

Esdras refiere que Ciro restituye los objetos de la casa del que Nabucodonosor había llevado de Jerusalén (Esdras 1.7-11).

El movimiento general puede resumirse, pues, así:

Jerusalén → Babilonia → juicio de Babilonia → regreso a Jerusalén.

Esta trayectoria da un alcance particular a Daniel 1.2 y a Daniel 1.21.

El capítulo comienza con bienes sagrados que salen de Jerusalén bajo Nabucodonosor.

Conduce al lector hasta Ciro, bajo cuyo reinado su regreso se hace posible.

19. El primer capítulo contiene ya los principales temas del libro

Los anexos confirman así la función programática de Daniel 1.

La soberanía de Dios aparece desde Daniel 1.2.

La cuestión de la integración en una cultura extranjera aparece en la formación y en el .

La fidelidad se manifiesta en la decisión relativa a la comida.

La sabiduría y la revelación se introducen en Daniel 1.17.

La sucesión de los imperios queda anticipada por la transición de Nabucodonosor a Ciro.

Los objetos del Templo unen, por último, la dominación babilónica con su juicio.

Los desarrollos posteriores del libro están, pues, ya presentes de forma embrionaria en su primer capítulo.

20. La distinción entre certeza e hipótesis sigue siendo indispensable

Varios elementos de Daniel 1 pueden establecerse directamente.

Daniel y sus compañeros son llevados a Babilonia.

Reciben una formación.

Sus nombres son cambiados.

Daniel rechaza la comida real porque la considera fuente de contaminación.

Los cuatro jóvenes son reconocidos como particularmente competentes.

Daniel permanece presente hasta la época de Ciro.

Otros elementos siguen siendo reconstrucciones:

su edad exacta;

la fecha precisa de su llegada;

el contenido detallado de su formación;

la etimología de algunos nombres babilónicos;

la razón precisa de la contaminación alimentaria;

la duración exacta en meses de su formación;

y su eventual regreso a Jerusalén.

El mantenimiento de esta distinción es esencial para una lectura históricamente rigurosa.

Referencias bíblicas citadas

Levítico 11.1-47 ; Levítico 17.10-14 ; Deuteronomio 14.3-21 ; 2 Reyes 24.10-16 ; 2 Reyes 25.1-12 ; 2 Crónicas 36.22-23 ; Esdras 1.1-4 ; Esdras 1.7-11 ; Jeremías 46.2 ; Daniel 1.1 ; Daniel 1.1-6 ; Daniel 1.2 ; Daniel 1.4 ; Daniel 1.5 ; Daniel 1.6-7 ; Daniel 1.8 ; Daniel 1.12-16 ; Daniel 1.17 ; Daniel 1.19 ; Daniel 1.21 ; Daniel 2.1 ; Daniel 2.19-23 ; Daniel 2.27-30 ; Daniel 4.8 ; Daniel 5.2-4 ; Daniel 5.22-23 ; Daniel 10.1 ; Daniel 10.3.

Conclusión

El conjunto de los anexos confirma que Daniel 1 debe leerse simultáneamente como un relato de exilio, un relato de integración y un relato de fidelidad.

El contexto histórico explica cómo unos jóvenes judeos se encuentran en el corazón de la corte babilónica.

La cronología muestra que Daniel pertenece a la primera fase de la dominación babilónica y que atraviesa luego varias décadas hasta la época persa.

El estudio de los nombres revela la presión de la integración cultural sin permitir concluir que la identidad judea desapareciera.

El análisis de la comida muestra que Daniel establece un límite religioso, aunque la razón precisa de ese límite no se explicite.

La formación en las letras y la lengua de los caldeos muestra, por último, que la fidelidad a Dios y la adquisición de una cultura extranjera no se presentan como incompatibles.

Daniel puede aprender en Babilonia.

Puede servir a Babilonia.

Puede llevar un nombre babilónico.

Pero no deja que Babilonia se convierta en la autoridad última de su existencia.

La trayectoria de los objetos del Templo y la mención final de Ciro amplían todavía más esta perspectiva. El imperio que parecía victorioso al principio acaba por desaparecer. Los objetos sagrados pueden volver a Jerusalén. El propio Daniel permanece cuando Babilonia ya no existe.

Así, las cuestiones históricas y filológicas estudiadas en los anexos convergen en la misma conclusión que el comentario principal: Daniel 1 no cuenta cómo un joven judeo escapa de Babilonia, sino cómo aprende a vivir en ella sin dejar que el imperio defina por completo lo que él es.