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¿Realmente dijo Dios?

El artículo aborda la fiabilidad de los Evangelios, las críticas que suscitan, y defiende su inerrancia bajo la guía divina. Distingue entre críticas legítimas y ataques ideológicos. El autor reafirma la autoridad de las Escrituras, ilustrada por la pregunta divina en Génesis y la tentación de Jesús, subrayando el papel de la fe. El artículo invita a considerar la Biblia como inspirada por Dios, distinta de los escritos apócrifos.

9 min fiabilidad Evangelios crítica inerrancia apócrifos

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Introducción

Podría pensar que nos alejamos de nuestro objetivo al interesarnos por este tema. Sin embargo, existe una estrecha relación entre la inerrancia de los Evangelios, que defendemos, y los comentarios negativos de los que son objeto.

En diversos momentos hemos mencionado las críticas a los escritos bíblicos que ponen en duda su credibilidad. Algunos pasajes se consideran anacrónicos, incoherentes, legendarios o incluso añadidos más tarde por los traductores, mientras que otros se perciben como auténticos e históricos.

Estos opositores cuestionan la integridad de los traductores y los acusan de haber modificado el texto con el fin de confirmar su propia tesis. Esta postura genera un clima de sospecha hacia el conjunto de los escritos bíblicos, y si aceptáramos estas conclusiones, ¡resultaría difícil discernir lo verdadero de lo falso!

Tampoco podemos aceptarlo todo sin tratar de comprender y analizar, que es precisamente el objeto de este sitio de Internet. La constancia de estas críticas nos interpela. En nuestra opinión, no es únicamente la consecuencia de la gran influencia de la Biblia.

Algunas críticas carecen de todo fundamento histórico o de verdad, y sin embargo muchas personas las consideran verídicas. Observamos una labor metódica de zapa y tentativas organizadas de descrédito. La importancia de estos hechos nos ha llevado a redactar este anexo.

I. Las críticas

La crítica es un examen razonado y objetivo que se esfuerza por señalar las cualidades y los defectos y da lugar a un juicio de valor.
Esta forma nos parece natural e incluso indispensable.

No todas las epístolas de Pablo estaban aún escritas cuando algunas personas examinaban las enseñanzas que recibían. Es, pues, evidente que también evaluaban la credibilidad de los escritos de Pablo. Este examen razonado, tal como lo practicaban los cristianos de la ciudad de Berea, resulta tranquilizador, porque la fe no puede aceptarlo todo ciegamente. El rechazo de los es una perfecta ilustración de ello.

También nos enfrentamos a ataques más o menos virulentos contra el texto bíblico. Entramos aquí en otra dimensión, en la que la búsqueda de la verdad ya no es el objetivo, sino más bien una simple voluntad de desacreditar y destruir el mensaje de la Biblia.

La argumentación ya no se basa en hechos históricos, sino en la ideología. El libro, el Evangelio de Bernabé, ilustra bien este tipo de crítica. ¡El mismo uso de la palabra «evangelio» en su título es engañoso!

Deseamos analizar no la crítica, que aprobamos y fomentamos, sino estos ataques que se esconden tras ese término.

II. Nuestra tesis

Deseamos abordar una tesis que consideramos fundamental: los Evangelios son la «Palabra de Dios» en el sentido de que Dios mismo inspiró y guio a los autores bíblicos.

También dirigió a los primeros cristianos en la selección de los textos que formarían el canon bíblico, el que encontramos en nuestras Biblias actuales.

Subrayamos que los , presentes únicamente en el Antiguo Testamento, fueron percibidos desde el principio como distintos.

Jerónimo de Estridón, en su traducción de la Biblia, la Vulgata, no contemplaba anotar estos textos apócrifos.

La Biblia es, pues, objeto regular de ataques, más o menos directos, del principal adversario de nuestras almas y de Dios: Satanás. A modo de ilustración, examinaremos dos ejemplos mencionados en este Libro sagrado.

El principio es sencillo y se refleja en la pregunta: «¿Realmente dijo Dios?». Simplemente pretende sembrar la duda en las mentes para desacreditar la Palabra de Dios.

El segundo ejemplo, calcado directamente del primero, se encuentra en el Nuevo Testamento, más concretamente en la tentación de Jesús, el Mesías.

Observamos que el principio sigue siendo similar: infundir la duda en la mente del oyente. Este mismo esquema se encuentra en ciertos comentarios sobre los Evangelios u otros escritos bíblicos.

Ya no nos situamos en el ámbito de la crítica, sino más bien en el del cuestionamiento de la credibilidad de estos textos. Estas redacciones parecen contradecir la inerrancia de los relatos bíblicos.

Así, un autor anónimo, con el pretexto de una formación intelectual, puede proponer hipótesis que se oponen directamente a los escritos de Mateo, de Marcos, de Lucas o de Juan. Es esencial no olvidar nunca que sus relatos fueron validados por un gran número de testigos.

III. El equilibrio entre la crítica y la fe

El texto de la Biblia es ante todo un mensaje destinado a ser comprendido por todas las personas, a pesar de su diversidad cultural y de conocimientos.

La mirada técnica del individuo del siglo XXI no puede compararse en modo alguno con la de una persona que vivía en la Antigüedad, en la Edad Media o incluso en el Siglo de las Luces.

Esta finalidad explica también de manera natural la ausencia de ciertos detalles, lo que nos lleva a considerar diferentes hipótesis en determinadas situaciones. Así, la fe ha permitido, a lo largo de estos siglos, suplir esta falta de conocimientos.

El individuo moderno, fuerte en sus conocimientos, puede comprender con más facilidad este mensaje. Ahora es capaz de descubrir e interpretar revelaciones que permanecieron ocultas durante siglos. Los acontecimientos históricos, en particular los relacionados con la historia de los judíos, aportan una luz indispensable.

Hoy en día, la fe se orienta de otra manera; nos permite aceptar las promesas de Dios. Sin embargo, no debe en ningún caso obstaculizar el estudio de los hechos bíblicos. En efecto, la idea de que la fe es el único medio de interpretar los relatos bíblicos no es, a nuestro juicio, el camino hacia la verdad.

La Biblia es la Palabra de Dios y encarna la verdad. No tiene por qué temer la confrontación, ya sea con la historia profana o con la ciencia.

IV. Los ataques contra los Evangelios

Aprobamos el principio de la crítica de los Evangelios, pero no cuando se convierte en un ataque que solo pretende desacreditar estos textos. Al estudiar los datos proporcionados por Mateo y Lucas sobre el comienzo del ministerio de Juan el Bautista y el nacimiento de Jesús, el Mesías, nos encontramos ante una contradicción formal con la hipótesis de una muerte del rey Herodes en el año 4 a. C. Hemos establecido que una muerte en el año 1 a. C. constituye otra hipótesis posible y que, en este caso concreto, la historia profana confirma el conjunto de los datos de Lucas (ANN011 : La muerte del rey Herodes).

Sin embargo, un punto nos interpela: la hipótesis de una muerte en el año 4 a. C. se ha convertido, con el tiempo, en un hecho histórico defendido por numerosos historiadores. Salimos entonces del ámbito de la crítica constructiva para entrar en un intento de desacreditar el texto bíblico. En efecto, esta información de una muerte en el año 4 a. C. sigue siendo una hipótesis y no un hecho histórico, al igual que una muerte en el año 1 a. C.

Podríamos multiplicar los ejemplos, pero nuestro propósito aquí es simplemente señalar que muchos investigadores intentan imponer la idea de dos historias incompatibles: la del mundo, muy real, y la de la Biblia, más o menos fantasiosa. Esto llevaría al lector a elegir entre el mundo real, concreto, el de la historia laica, y el mundo imaginario, legendario, el de la historia bíblica.

Encontramos la mejor respuesta en las palabras de Jesús, el Mesías: ‘Escrito está también’.

Por tanto, es posible, contra toda expectativa, demostrar que el conjunto de los escritos bíblicos es compatible con la historia profana. He aquí, pues, uno de los objetivos de la redacción de este libro: demostrar que la gran mayoría de las contradicciones mencionadas puede explicarse sencillamente mediante un estudio minucioso de los textos bíblicos.

‘Dadme un punto de apoyo y una palanca, y moveré el mundo’, había teorizado Arquímedes unos tres siglos antes de Cristo. Desde el momento en que aceptamos un pequeño error en este texto, ya no estamos seguros de nada.

Nadie es neutral en este asunto, y nosotros no escapamos a esta regla. La independencia intelectual absoluta es, a nuestros ojos, una utopía. A pesar de todo, podemos intentar analizar sencillamente los textos bíblicos y considerar que sus autores fueron honestos en sus redacciones.

Conclusión

La Biblia, reconocida como la ‘Palabra de Dios’, se encuentra legítimamente en el centro de un conflicto que sobrepasa nuestro entendimiento. El adversario de la humanidad, a menudo designado como Satanás, despliega todos sus esfuerzos para desacreditar esta obra sagrada. ¡Considera crucial impedir que los hombres descubran el maravilloso plan elaborado por Dios!

En su época, el rey Salomón afirmaba:

Podemos constatar la veracidad de esta afirmación a través de los ataques recurrentes contra la ‘Palabra de Dios’.

Es, pues, imperativo que los individuos contemporáneos se esfuercen por analizar estos textos a fin de desvelar la extraordinaria realidad revelada en la Biblia, que podemos sintetizar así: ¡Dios controla la historia del mundo!