La precisión que aporta Juan 12.1 reviste una importancia particular. El Mesías Jesús y sus discípulos terminan de instalarse en Betania el viernes, justo antes del comienzo del , que empieza a las 17:50. Este momento marca una pausa en los desplazamientos y las actividades, conforme a las prescripciones del .
Si contamos los seis días mencionados por Juan 12.1, llegamos al jueves hacia las 18:00, que corresponde al comienzo de la fiesta de la Pascua.
Betania se encuentra a unos tres kilómetros al este de Jerusalén, al otro lado del . Ante la afluencia de gente, era imposible que acogieran a todos en su casa.
Los viajeros instalaron, pues, su campamento cerca de la aldea de Betania. Es probable que el ya estuviera ocupado por numerosos peregrinos llegados para la fiesta.
La tranquilidad que reinaba en esta zona contrastaba claramente con la agitación y la efervescencia de Jerusalén.
Durante una semana, el Mesías Jesús, acompañado de sus discípulos y en particular de los apóstoles, fue y volvió cada día entre Betania y Jerusalén. Cada tarde regresaban a descansar a Betania, quizá en la casa de Marta, María y Lázaro resucitado.
Este versículo de Juan 12.1 marca una transición decisiva en el Evangelio, pues sitúa al Mesías Jesús seis días antes de la Pascua, subrayando que todo lo que va a seguir se inscribe en la cercanía de su hora, aquella en la que cumplirá plenamente su misión.
El regreso a Betania no es casual, pues es el lugar donde resucitó a Lázaro, y esta mención recuerda que la vida que él da se convierte en el punto de partida del conflicto que lo llevará a la muerte. La en la casa de sus amigos muestra también que, en el corazón de la tensión creciente, permanece en un espacio de fidelidad y de acogida, como si la luz buscara todavía un lugar donde posarse antes de enfrentarse a las tinieblas.
La comida preparada para él manifiesta el reconocimiento y la gratitud de quienes han visto su obra de vida, mientras que el ambiente del relato deja ya percibir que este momento sencillo y familiar está cargado de un significado más profundo.
Al situar así al Mesías Jesús en Betania, el evangelista prepara al lector para comprender que la Pasión no comienza en la violencia, sino en la intimidad, en un marco donde se mezclan el amor y la memoria, como si la vida dada a Lázaro anunciara la vida que Jesús está a punto de ofrecer al mundo entero.
Este versículo, breve pero denso, abre así una escena en la que se cruzan la ternura de la amistad, la gravedad de la hora que se acerca y la soberana libertad del Mesías Jesús, que avanza hacia la Pascua sabiendo lo que significa.