A pesar de la presencia de miles de personas (San Lucas 12.1), Jesús se dirige específicamente a sus discípulos en determinados momentos (San Lucas 12.1). Su discurso a la multitud se intercala con intervenciones particulares dirigidas a sus discípulos (San Lucas 12.22).
Esta forma de expresión presenta similitudes con el sermón del monte, tal como lo relata Mateo. Más concretamente, el tema abordado aquí corresponde al de San Mateo 6.25-34. Para destacar estas semejanzas, hemos reescrito este pasaje de Mateo (véase la perícopa PER100: El sermón del monte (16), las inquietudes y las preocupaciones).
Es pertinente examinar si Lucas decidió modificar el marco de este discurso o si el Mesías Jesús repitió efectivamente este mensaje en diversos lugares y ante distintos públicos.
Nuestro análisis muestra que Jesús transmitió su mensaje en diversas circunstancias. Los lugares, el tamaño de las multitudes y los períodos mencionados por Mateo y Lucas difieren, aunque se atribuyen a Jesús las mismas frases. Por tanto, resulta evidente que Mateo y Lucas hablan de acontecimientos distintos.
Identificamos tres elementos principales en la argumentación del Maestro que demuestran lo irracional de las preocupaciones relacionadas con las necesidades materiales, en particular la comida y el vestido.
El primer punto propuesto por San Lucas 12.22-24 destaca que es inútil preocuparse por la comida o la ropa, pues la vida tiene más importancia. Dios alimenta incluso a las aves, por lo que cuidará aún mejor de sus discípulos, que tienen mayor valor a sus ojos.
Observamos una diferencia entre ambos textos. Mateo menciona de manera general un "ave", mientras que Lucas se refiere específicamente a los cuervos. Esta ave figura entre los animales impuros según la ley de Moisés (Levítico 11.13-19, Deuteronomio 14.12-18). Esto refuerza la argumentación de Lucas.
El segundo punto destaca que es inútil preocuparse por las necesidades materiales, pues ello no cambia la situación, salvo por añadir estrés (San Mateo 12.25-28). El Mesías Jesús emplea una analogía con el lirio y la hierba del campo, que tienen poco valor en comparación con el ser humano. La conclusión es explícita: si Dios cuida de la hierba del campo, con mayor razón cuidará del ser humano, considerado la cumbre de su creación.
El tercer punto establece que, según el Mesías Jesús, son los paganos quienes dan mayor importancia a los bienes materiales, descuidando así los aspectos espirituales, considerados mucho menos esenciales. Afirma también que quien busque primero el reino de Dios, es decir, los valores espirituales, recibirá de Dios lo que realmente necesita.
Concluye su demostración destacando que la prioridad sigue siendo la búsqueda del Reino de Dios, o de los valores espirituales. Precisa que, en estas circunstancias, Dios proveerá lo necesario. Así ilustra de manera práctica los discursos anteriores sobre el compromiso con Dios, permitiendo de este modo a los discípulos beneficiarse de su protección.