El debate sobre la fecha de redacción del libro de Daniel no existía en tiempos de Jesús, el Mesías. Apareció mucho más tarde, con el auge de la crítica histórica y literaria de la Biblia, sobre todo a partir del siglo XVIII (época de la Ilustración), y se desarrolló en el siglo XIX con la exégesis moderna.
Origen del debate
Tradición antigua (antes delᵉ siglo XVIII)
En el judaísmo y en el cristianismo, Daniel era considerado unánimemente un profeta del exilio babilónico (siglo VI a. C.).
Las profecías eran recibidas como auténticas e inspiradas.
No existía ningún debate sobre la datación: la lectura era confesional y tradicional.
Surgimiento de la crítica moderna (siglo XVIII)
Con la Ilustración, algunos pensadores comienzan a aplicar un enfoque racional e histórico a los textos bíblicos.
Se cuestiona la idea de que las profecías puedan anunciar el futuro con precisión.
Los investigadores proponen que Daniel fue escrito después de los acontecimientos que describe, es decir, en el siglo II a. C., bajo Antíoco IV Epífanes.
Desarrollo en elᵉ siglo XIX
La exégesis histórico-crítica se estructura en las universidades alemanas y francesas.
Los argumentos lingüísticos (arameo tardío, griego), literarios (estilo apocalíptico) e históricos (precisión hasta Antíoco IV pero no más allá) se sistematizan.
A partir de ahí, la datación en el siglo II se convierte en la posición dominante en la investigación académica.
Reacciones confesionales
Las Iglesias y algunos exegetas tradicionales siguieron defendiendo una redacción en el siglo VI, insistiendo en el valor profético del texto.
El debate ha seguido siendo, pues, vivo entre la lectura confesional y la lectura crítica, sobre todo en el siglo XX.
Síntesis
Antes del siglo XVIII: no hay debate, Daniel es un profeta del exilio.
Siglo XVIII: nacimiento del debate con la crítica racionalista.
Siglo XIX: afirmación de la datación en el siglo II en la investigación académica.
Del siglo XX a hoy: tensión persistente entre la lectura confesional (siglo VI) y la lectura crítica (siglo II).
El origen de este debate reside principalmente en una divergencia de perspectivas sobre la naturaleza y la interpretación de las palabras proféticas. Para algunos, este debate se explica por un cuestionamiento o una falta de confianza hacia las palabras proféticas tal como se transmiten en la Biblia. Mientras que la lectura confesional considera estas palabras auténticamente inspiradas y proféticas. Aquí se trata, pues, principalmente de la inerrancia de la Biblia.