Martín Lutero murió el 18 de febrero de 1546 en Eisleben, su ciudad natal, mientras se encontraba en una misión para resolver una disputa entre dos hermanos. Estos son algunos detalles sobre sus últimas horas:
Últimas horas: Lutero pasó sus últimas horas con lucidez y plena consciencia. Confesó sus pecados y reafirmó su fe en Cristo, tal como lo había enseñado a lo largo de su vida.
Presentimiento: En las semanas previas a su muerte, Lutero parecía haber tenido un presentimiento de su propio fallecimiento. Hablaba a menudo de la muerte como de una niveladora, subrayando que la muerte no hace distinción entre ricos y pobres.
Muerte natural: Contrariamente a los rumores de su época, Lutero no murió repentinamente ni con miedo. Su fallecimiento fue documentado con detalle por su confesor, Justus Jonas, para contrarrestar las calumnias de sus opositores católicos.
Impacto póstumo: La muerte de Lutero marcó el fin de una época, pero su legado perduró a través de la y de sus escritos, que siguen influyendo en la teología y la cultura cristianas.