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La estructura lingüística: hebreo, arameo, hebreo

El libro de Daniel presenta una particularidad notable: está redactado principalmente en dos lenguas, el hebreo y el arameo. El paso de una a otra no corresponde exactamente a la separación entre los relatos históricos y las visiones proféticas. Esta distribución contribuye a poner de relieve la gran unidad de Daniel 2 a 7, y al mismo tiempo plantea la cuestión de la función literaria de cada una de las dos lenguas.

13 min 8 versículos 1 libro

1. Dos lenguas principales

El libro de Daniel utiliza principalmente el hebreo y el arameo.

Su distribución lingüística general es la siguiente:

Daniel 1.1-2.4a: hebreo

Daniel 2.4b-7.28: arameo

Daniel 8.1-12.13: hebreo

El cambio de lengua se produce a mitad de Daniel 2.4.

El relato comienza en hebreo y luego precisa:

«Entonces los caldeos hablaron al rey en arameo» (Daniel 2.4).

A partir de esta respuesta, el texto continúa en arameo hasta el final del capítulo 7.

Daniel 8 vuelve después al hebreo, lengua que se conserva hasta el final del libro.

2. Una estructura que no corresponde a la división relatos/visiones

Si el cambio de lengua correspondiera simplemente al cambio de género literario, cabría esperar:

Daniel 1-6: una lengua;

Daniel 7-12: otra lengua.

No es esto lo que presenta el texto.

Daniel 7 es una visión profética, pero permanece en arameo.

Daniel 8 es también una visión profética, pero vuelve al hebreo.

La frontera lingüística se encuentra, pues, entre Daniel 7 y Daniel 8, y no entre Daniel 6 y Daniel 7.

Esta observación es importante.

Muestra que Daniel 7 pertenece simultáneamente a dos conjuntos:

por su género, abre la gran serie de visiones recibidas directamente por Daniel;

por su lengua y su estructura, cierra la unidad aramea iniciada en Daniel 2.

3. Daniel 1: una apertura en hebreo

Daniel 1 presenta la entrada de Daniel y sus compañeros en el mundo babilónico.

El capítulo establece el contexto histórico y teológico de todo el libro: dominación de Jerusalén, traslado a Babilonia, formación de los jóvenes judíos y primera prueba de fidelidad.

Esta apertura está redactada en hebreo.

El comienzo de Daniel 2 permanece también en hebreo hasta el momento en que los caldeos toman la palabra ante Nabucodonosor.

El paso al arameo no coincide, pues, con un cambio de capítulo.

Se produce en el interior mismo del relato.

4. El arameo de Daniel 2.4b a Daniel 7.28

El arameo ocupa el centro del libro.

Esta sección contiene:

Daniel 2 - el sueño de la estatua;

Daniel 3 - la estatua de oro y el horno;

Daniel 4 - la humillación de Nabucodonosor;

Daniel 5 - el juicio de Belsasar;

Daniel 6 - Daniel en el foso de los leones;

Daniel 7 - la visión de las cuatro bestias.

Este conjunto reúne, pues, tanto relatos como visiones.

No puede definirse simplemente como una sección histórica o una sección profética.

5. Una unidad lingüística reforzada por una unidad literaria

La importancia de la sección aramea aparece con mayor claridad cuando se relaciona su lengua con su estructura.

Los seis capítulos pueden organizarse así:

A - Daniel 2: sucesión de los reinos y Reino de Dios

B - Daniel 3: fieles amenazados y luego librados

C - Daniel 4: soberano orgulloso humillado y luego restaurado

C' - Daniel 5: soberano orgulloso juzgado y derribado

B' - Daniel 6: fiel amenazado y luego librado

A' - Daniel 7: sucesión de los reinos y dominio eterno

La correspondencia entre la unidad lingüística y los paralelos temáticos da una importancia particular a Daniel 2-7 en la arquitectura general del libro.

El arameo no es, pues, solamente una curiosidad lingüística.

Contribuye a delimitar una verdadera unidad literaria.

6. Daniel 2 y Daniel 7: los dos extremos del conjunto

Los dos extremos de la sección aramea tratan el mismo gran tema.

Daniel 2 presenta varios reinos bajo la forma de una estatua.

Daniel 7 presenta varios reinos bajo la forma de cuatro bestias.

Daniel 2 termina con el establecimiento de un reino que nunca será destruido:

«El Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido» (Daniel 2.44).

Daniel 7 conduce también a un dominio eterno:

«Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido» (Daniel 7.14).

La sección aramea queda, pues, enmarcada por dos revelaciones acerca de la sucesión y el fin de los reinos humanos.

7. ¿Por qué el arameo?

La cuestión de la razón del cambio de lengua sigue siendo debatida.

El arameo se utilizaba ampliamente en el Cercano Oriente antiguo y llegó a ser una importante lengua de comunicación internacional y administrativa.

Resulta, pues, tentador considerar que la sección aramea tiene un alcance particularmente orientado hacia las naciones y los reinos.

Esta explicación presenta cierta coherencia: Daniel 2-7 concede, en efecto, un lugar considerable a los soberanos extranjeros, a los imperios y a la soberanía de Dios sobre las naciones.

Conviene, sin embargo, mantener la prudencia.

El libro mismo no ofrece ninguna declaración que explique por qué una parte está redactada en hebreo y otra en arameo.

La función exacta del bilingüismo debe, pues, distinguirse de su existencia, que sí es directamente observable.

8. Lo que se puede afirmar con certeza

Varios elementos pueden establecerse directamente.

Primero, el libro utiliza principalmente dos lenguas.

Segundo, la sección aramea se extiende de Daniel 2.4b a Daniel 7.28.

Tercero, esta sección contiene tanto relatos como profecías.

Cuarto, Daniel 2 y Daniel 7 presentan fuertes correspondencias temáticas.

Quinto, Daniel 8 marca simultáneamente el regreso al hebreo y la apertura de una nueva fase de las visiones.

Estos datos pertenecen a la observación del texto.

9. Lo que pertenece a la interpretación

La razón precisa por la que estas lenguas se repartieron de este modo es más difícil de establecer.

Pueden proponerse varias explicaciones:

el arameo podría corresponder a una sección cuyo alcance concierne particularmente a las naciones;

el bilingüismo podría reflejar contextos literarios o de transmisión diferentes;

la elección de las lenguas podría también formar parte de una organización literaria más compleja del conjunto.

Estas posibilidades no poseen todas el mismo grado de certeza.

Una presentación académica debe, pues, evitar convertir una hipótesis sobre la función de las lenguas en una afirmación explícita del texto.

10. El regreso al hebreo en Daniel 8

Daniel 8 marca una transición clara.

La lengua cambia, pero la continuidad profética permanece.

Daniel 7 había presentado cuatro reinos en forma simbólica.

Daniel 8 retoma la cuestión de los poderes políticos aportando identificaciones mucho más precisas:

«El carnero que viste, que tenía dos cuernos, son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia» (Daniel 8.20-21).

El regreso al hebreo no constituye, pues, una ruptura con los temas anteriores.

Acompaña más bien una nueva etapa en su desarrollo.

11. Daniel 8 a 12: Jerusalén, el pueblo y el cumplimiento

La última sección hebrea desarrolla temas que conciernen particularmente a Daniel, a su pueblo, a Jerusalén, al santuario y al cumplimiento de las profecías.

Daniel 8 concede un lugar importante al santuario.

Daniel 9 sitúa a Jerusalén y al pueblo de Daniel en el centro de la oración y de la revelación de las setenta semanas.

Daniel 10-12 desarrolla la última gran revelación y conduce hasta la liberación y la resurrección.

Existe, pues, una diferencia de acento entre la sección aramea y esta última sección hebrea.

La primera concede un lugar particularmente visible a los reinos y a los soberanos.

La segunda se concentra más en los acontecimientos que conciernen al pueblo de Daniel y en su inserción en el desarrollo profético.

Esta observación es pertinente, pero no debe convertirse en una separación absoluta: las naciones están también presentes en Daniel 8-12, mientras que el pueblo de Dios interviene ya en la sección aramea.

12. El bilingüismo y la unidad del libro

La presencia de dos lenguas podría dar, a primera vista, la impresión de una obra fragmentada.

El estudio de la estructura conduce, sin embargo, a una observación diferente.

Los temas atraviesan las fronteras lingüísticas.

La sucesión de los reinos aparece en Daniel 2, Daniel 7 y Daniel 8.

La soberanía divina recorre el conjunto.

La persecución de los fieles aparece tanto en los relatos como en las visiones.

La perspectiva del reinado definitivo se desarrolla progresivamente hasta los últimos capítulos.

El cambio de lengua no destruye, pues, la unidad temática del libro.

Participa en una composición en la que varios conjuntos permanecen profundamente vinculados.

13. Una estructura en tres grandes zonas

Desde el punto de vista lingüístico, el libro puede representarse finalmente así:

SecciónLenguaFunción general
Daniel 1.1-2.4aHebreoIntroducción y comienzo del relato
Daniel 2.4b-7.28ArameoReinos, soberanos, fidelidad y soberanía divina
Daniel 8.1-12.13HebreoVisiones sobre los poderes, Jerusalén, el pueblo y el cumplimiento

Esta representación no sustituye a las otras divisiones del libro.

Las completa.

Daniel posee, pues, varias estructuras superpuestas:

relatos / visiones;

hebreo / arameo / hebreo;

Daniel 2-7 en estructura concéntrica;

Daniel 10-12 como revelación continua.

La riqueza de la composición proviene precisamente de la combinación de estos diferentes niveles.

Conclusión del anexo

El bilingüismo constituye uno de los elementos más importantes de la estructura de Daniel.

La distribución:

hebreo → arameo → hebreo

muestra que el libro no puede dividirse únicamente entre una primera mitad histórica y una segunda mitad profética.

Daniel 7 lo demuestra particularmente bien: pertenece a las visiones proféticas, pero permanece en la sección aramea y cierra el conjunto iniciado en Daniel 2.

El dato más sólido no es, pues, una hipótesis sobre la razón exacta de la elección de las lenguas, sino la observación de su función en la composición actual del libro.

El cambio de lengua contribuye a delimitar conjuntos.

Las correspondencias literarias unen esos conjuntos.

Los temas comunes les dan su unidad.

Así, la diversidad lingüística de Daniel no impide su unidad; constituye, por el contrario, uno de los elementos que permiten comprender su arquitectura.