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El arrepentimiento

Este WordPress se centra en «ANN103 - El arrepentimiento» y examina la palabra «arrepentimiento» a partir de sus orígenes latino y griego. Destaca la importancia del arrepentimiento, tal como lo predicó Juan el Bautista, y su papel fundamental en la vida cristiana. El proceso de arrepentimiento implica un profundo cambio de pensamiento y actitud, y es vital para la salvación.

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Introducción

Abordamos este tema al hablar de los desafíos que afrontó Juan el Bautista. Muchas personas acudían a bautizarse en las aguas del Jordán, pero varias de ellas no consideraban el arrepentimiento un requisito previo al bautismo. Juan el Bautista les recordó con firmeza que pertenecer al pueblo judío no era condición suficiente para poder recibir el bautismo.

¿Sigue siendo pertinente este arrepentimiento en nuestros días?

El pastor Daniel Guillet ha autorizado amablemente la publicación de su estudio, que analiza en profundidad la verdadera naturaleza del arrepentimiento. Hemos organizado su texto en varios párrafos y añadido títulos para facilitar su lectura y publicación.

I. ¿Cómo definir este término: arrepentimiento?

¡He aquí una palabra sobre la que se ha escrito mucho y para la que se proponen múltiples traducciones!

¿De qué se trata exactamente? Para muchos, esta palabra está anticuada o incluso resulta arcaica. Sin embargo, al considerar su etimología, vemos que es sumamente sugerente. La palabra francesa «repentance» procede, en efecto, del verbo latino «paenitere», que significa «estar descontento», «sentir pesar». Para precisar esta etimología, conviene acudir a la forma impersonal de este verbo: «me paenitet», que significa «no tengo suficiente de…, no estoy contento con…». En latín clásico, «me paenitet» pasa a significar «siento pesar… me arrepiento».

También resulta muy interesante examinar las palabras de la misma familia: el sustantivo «penuria», que dio lugar a «pénurie» en francés (palabra que evoca una escasez extrema), y el adverbio «paene», que significa «casi». Bien sabemos que la insatisfacción procede precisamente de ser «casi» felices, de estar «casi» en paz; podríamos añadir incluso: «casi» salvados. Mientras se siente la carencia, no se vive con plenitud. Pero esta insatisfacción es, en definitiva, el motor del arrepentimiento, paso obligado para experimentar la salvación.

II. ¿Qué secretos encierra el griego del Nuevo Testamento?

Pasemos ahora a la palabra griega del Nuevo Testamento. Es una palabra muy completa que destaca tanto el origen del arrepentimiento como el arrepentimiento en sí. El verbo «metanoô» significa literalmente «pensar después», de donde procede «cambiar de opinión, lamentar».

La noción de cambio se encuentra en el prefijo y adverbio «meta». En francés, el uso de este adverbio se observa en palabras compuestas como «metamorfosis», «metabolismo», «», etc.

El texto griego del Nuevo Testamento contiene verbos como «metameloumai»: sentir remordimiento, de donde arrepentirse (San Mateo 27.3, 2 Corintios 7.8); «metaballo»: cambiar de opinión (Hechos 28.6); «metamorphoô»: ser transformado (Romanos 12.2); «metastrephô»: transformarse (Hechos 2.20, Santiago 4.9); o también «metatithèmi»: ser trasladado, ser cambiado (Hebreos 7.12 y Judas 1.4). En todos estos verbos, la idea de cambio se afirma directa o indirectamente.

III. Sin embargo, también surge una noción más sutil

Sin embargo, el verbo «metanoô» (arrepentirse) y el sustantivo «metanoia» (arrepentimiento) tienen en su origen una etimología más sutil: esta destaca la actitud que consiste en pensar o reflexionar después. «Después»: ese es el sentido general del adverbio «meta». El filósofo Demócrito (460-370 a. C.) fue uno de los primeros en utilizar el verbo «metanoô» con ese sentido.

Se le atribuye esta frase: «Pensar después (metanoô) no es propio de un hombre sabio. Sería preferible que reflexionara antes (pronoô)». En efecto, es una buena manera de ver las cosas.

Pero en lo relativo al arrepentimiento, el enfoque es diferente, pues la reflexión llega después de un malestar, una insatisfacción, una toma de conciencia del pecado. Es el rechazo de uno mismo lo que nos impulsa a acudir al Señor y lamentar un pasado de pecado y miseria que no ha hecho más que alimentar esa insatisfacción.

IV. Los tesoros de la lengua griega

El verbo «metanoô» y el sustantivo «metanoia» son, evidentemente, más ricos de lo que parecen.

En las versiones recientes de la Biblia, «metanoia» se traduce como «cambio de mentalidad», «cambio de actitud», «cambio radical». No es falso, desde luego, pero al traducir así se deja de lado todo lo que pudo suceder antes.

Ahora bien, no debemos fijarnos únicamente en la consecuencia del arrepentimiento. También conviene tener en cuenta lo que lo suscita. No podemos ignorar la noción de pesar en el arrepentimiento, como tampoco podemos ignorar el acto concreto de la conversión que lo genera.

Conclusión

En resumen, las palabras griegas «metanoô» y «metanoia» contienen varios llamamientos:

-Un llamamiento a tomar conciencia del pecado, con toda la insatisfacción y el pesar que de ello se derivan: se refiere a todo lo que ocurrió antes.

-Un llamamiento a reparar el daño (petición de perdón, obras dignas del arrepentimiento, ejercicio de la fe en Jesucristo y en su obra de redención en la cruz): se refiere a todo lo que sucede durante el proceso.

-Un llamamiento al cambio: se refiere a todo lo que sucederá después.

Bien considerado, nuestra palabra «arrepentimiento» abarca estas distintas dimensiones y tiene la enorme ventaja de ser sugerente y completa.

Entre sus otras cualidades hay una que nunca se le podrá discutir: posee un valor histórico indiscutible, ya que desde hace siglos, en todos los ámbitos cristianos, la palabra «arrepentimiento» forma parte del vocabulario de la conversión. ¡No nos avergoncemos, pues, de esta palabra!

Este estudio fue realizado por el pastor Daniel GUILLET. Le agradecemos su amable participación.